No hacerse entender en una conversación suele ser causa de frustración, pero si la falta de entendimiento conduce a que alguno de los interlocutores se sienta agredido, lo fuera o no, el resultado es un fracaso por partida doble. El otro día fui partícipe de esta desagradable experiencia a propósito de una discrepancia entorno al polémico manifiesto por la lengua común. Encuentro el texto criticable (más abajo esbozaré mi propia propuesta, que ya anticipara en otra ocasión), pero entonces creí honrado abordar la cuestión libre de prejuicios, en la medida de lo posible, resaltando sus aspectos más razonables en una lectura no especialmente detenida. Y es que encuentro básico que exista una lengua común que integre las diversas realidades culturales dentro de un mismo estado. Insisto, que funcione como un instrumento integrador, no homogenizador, en la consolidación de un estado fuerte de ciudadanos iguales en derechos y obligaciones. En cierto momento de la conversación, se presentó el ejemplo de Suiza como una nación en la que no todos sus ciudadanos hablan el mismo idioma, y así carecen de una lengua común. Bien, esto es cierto a medias. Sin duda, Suiza plantea un ejemplo muy interesante de convivencia cultural, particularmente lingüística. Es verdad que no todos sus habitantes, dejando al margen a los inmigrantes, conocen la misma lengua, aunque el 80% de ellos saben alemán. Sin embargo, esto no significa que carezcan de una lengua común, pues tienen tres lenguas oficiales a nivel federal. Es decir “la lengua común” fundamental para el estado son tres. Así por ejemplo, en cada cantón se enseña obligatoriamente en la lengua del cantón correspondiente y en al menos otra de las lenguas oficiales, garantizando el derecho de los ciudadanos a poder dirigirse a las instituciones en cualquiera de las tres lenguas: alemán, francés e italiano. Personalmente, pienso que todos los niños españoles deberían aprender gallego, vasco, catalán y castellano, así como familiarizarse con muchas de las manifestaciones culturales que son peculiares a “los territorios periféricos”. Realmente pienso que tal diversidad es una riqueza de todos. Pero la cuestión de si, tomando medidas de esa índole, un día será factible que las cuatro lenguas constituyan “una lengua común” es muy diferente al uso político de la lengua para causar un enfrentamiento interesado por la búsqueda de mayores cotas de poder asignado a unos determinados territorios. Esta apropiación de la cultura por parte de la política es profundamente mezquina e insolidaria. De nuevo, la lengua debe servir para unir y no para separar. Mi receta para acabar con el centralismo no es exaltando a la periferia, sino atomizarlo de manera democrática, descomponerlo hasta que quede reducido al ciudadano. El centro ha de situarse en la persona, venga de donde venga.
Cuatro paradojas
Junio 8, 2009 a 12:15 pm (06. Seísmos)
Lo han vuelto a hacer, aunque esta vez era previsible. Casi toda Europa ha girado a la derecha como corresponde a los tiempos de crisis, tiempos en los que conviene no moverse demasiado, y si se hace que sea para liberar lastres, aprovechemos la coyuntura, abaratemos el despido, recortemos derechos, sálvese el que pueda, o, mejor dicho, sálvense los más pudientes. Primera paradoja: hoy se confía en la misma derechona de ideales ultraliberales para superar una crisis que ha sido consecuencia de la codicia sin límites permitida por el ultraliberalismo. Y es que la mayoría de los 600.000 votos que el Partido Popular ha sacado de ventaja al PSOE provienen de Madrid, cuyo gobierno nunca ha ocultado su inclinación ultraliberal, y de Valencia, ¡Dios mío! Valencia. Segunda paradoja: Rajoy se jugaba mucho, buena parte de sus posibilidades para ser presentado como candidato en las próximas elecciones generales estaban sobre el tapete. Y le salió bien, en gran medida gracias a Madrid, hogar de sus principales rivales. Pero no olvidemos Valencia ¡Dios mío! Valencia. Tercera paradoja: el Partido Popular gana las elecciones europeas gracias al voto en dos comunidades que apestan a corrupción, lugares donde el azul está sin duda contaminado, liberando el pestilente hedor del caciquismo. Los trajes valencianos se compraban con chulería madrileña y a Rajoy le sientan tan bien… Si de la corrupción no nos podemos desprender, ¡llevémosla con estilo! Cuarta paradoja: el votante de derechas defensor de las normas, ferviente feligrés protector de la tradición, orgulloso cultivador de una imagen pública respetable, parece mostrar una especial tolerancia a los escándalos de corrupción de su partido, a las aguas sucias, infectas, causantes de esta cólera.
“Ángeles y Demonios”
Junio 1, 2009 a 3:35 pm (07. El séptimo arte)
Es más oscura que “El código Da Vinci”, está mejor rodada e imprime un ritmo endiablado que la hace entretenida. Desde niño he encontrado fascinantes las tradiciones de la Iglesia Católica y algunas de ellas están muy presentes en esta cinta en la que por momentos parece que asistieses a una clase de Historia, en lugar de estar viviendo una cuenta atrás hacia un Vaticano poblado de ángeles. Otra historia es la materia científica que contiene, que es más bien pobre antimateria, pues nada fiable aprenderemos de la partícula divina. El átomo de credibilidad que le quedaba al código se desintegra en esta nueva entrega de las aventuras del profesor Langdon, cuya trama es todavía más mediocre. De hecho, todo su andamiaje se hace descansar sobre un punto de apoyo tan inestable como la espuma cuántica, la supuesta amenaza que supondría la detección del bosón de Higgs para la Iglesia Católica, con la que, dicho sea de paso, el autor ha sido más indulgente. Dicen que la realidad siempre supera a la ficción, pero esto es cierto siempre que la ficción tenga alguna pretensión de decir algo sobre la realidad. Por otro lado, es evidente que toda ficción está en último término basada en la misma. Sin embargo, estamos aquí ante una ficción de pretenciosa racionalidad que supone una asnada insuperable, un rebuzno entretenido cuyo disfrute no constituye pecado. (**)
Réquiem por un sueño
Abril 13, 2009 a 9:42 am (13. Lo último)
Por un instante imaginé una sociedad que no prime la satisfacción del deseo mediante el consumismo, inevitablemente fuente de frustración. Que valore a las personas por encima de las cosas, que no abandone la comunicación a través del diálogo personal y honesto en favor de frías máquinas de realidad virtual donde la mentira campa a sus anchas. Que valore el esfuerzo y no se pliegue al mero placer, que busque el placer en un saber que sirva a una mejor comprensión de lo que somos y de dónde venimos, y así ilumine nuestro futuro. Que forme en valores, donde cada individuo considere la realización de un proyecto personal construido sobre la base de valores humanistas como una finalidad fundamental en la vida. Una sociedad centrada en la educación que estimule el pensamiento crítico, que presente la verdad como una cuestión de honor y el honor como un principio irrenunciable de la persona. Que cada cual se honre a sí mismo siendo leal a la verdad y halle en semejante sentido del honor su sentido. Que cada cual permanezca fiel a un principio de solidaridad básico en una sociedad de iguales distintos, porque toda persona representa un nuevo mundo por ver la luz del mundo. Una sociedad ilustrada, que valore el conocimiento, la cultura, como un medio para hallar la libertad, pues en nuestra resistencia son mayores las lesiones que nos causamos por no ver las ataduras. Una sociedad que no se sienta seducida por la mediocridad, que no se disuelva en la masa manipulable y que entienda la diversidad como su mayor riqueza. Una sociedad que respete su entorno natural como parte de cada uno y lo perciba, tal y como dice un conocido dicho, no como una herencia de las generaciones pasadas, sino como un préstamo que nos hacen nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. La naturaleza constituye así un vínculo con los desaparecidos y con los que habrán de venir. Una sociedad de individuos nobles y humildes, pero orgullos de llamarse por su nombre verdadero, que se miran a la cara y no se esconden por las esquinas como los desgraciados que hace tiempo renunciaron a descubrir quienes son y sólo han aprendido a estimar la imitación y sus máscaras. Por un instante imaginé una sociedad distinta.
El jardinero fiel
Abril 7, 2009 a 10:35 am (02. Doshechos humanos)
Pfizer negocia con Nigeria un acuerdo extrajudicial por la muerte de 11 niños en ensayos clínicos. La vida humana no tiene precio. Mucho más que dinero debemos exigir a esos miserables que en la mirada de un niño no alcanzan a ver otra cosa que un mercado. Cobardes asesinos detrás de sus grandes mesas de madera africana, a veces pienso que deberían permanecer colgados por sus corbatas en lo alto de los rascacielos para que todos viésemos sus rostros consumidos por la avaricia antes de entrar en el Hades. Sebosos cuerpos en sedosos tejidos, dejan caer sus Mont Blanc turgentes de sangre cuando son mecidos por el viento esparciendo por la ciudad el olor a muerte barata y caro perfume. Esta es la bandera de un capitalismo exacerbado que no respeta otra cosa que el dinero. Permitidme este desahogo tan visceral como paradójico, pues se hace en favor de la vida, antes de apresurarme a pedir con ingenua vehemencia la prisión sin concesiones para las ratas trajeadas y la garantía de que semejantes atrocidades no vuelvan a ocurrir. Si aceptamos su dinero por mirar hacia otro lado, ¿qué les impide volver a cometer sus crímenes? El dinero es importante, no es lo más importante, desde luego, pero tiene su importancia en la realización de una vida razonablemente feliz en sociedad, pero el dinero llega a corromper el alma humana hasta extirpar la misma humanidad. Esas almas cenicientas anidan en seres sin conciencia que ojalá fuesen tan reales como los villanos imaginados en las películas.
Sobre el altruismo biológico
Marzo 30, 2009 a 1:06 pm (09. Nuevevolución)
Hubo un tiempo en el que no estaba de moda entre los biólogos referirse al altruismo biológico como un carácter que pudiera haber evolucionado mediante la selección de grupo. Fue una época, la de finales de los años 70 y principios de los 80, en la que se abría camino poderosamente la idea del gen egoísta gracias a la belicosa pluma de Richard Dawkins. Una idea brillantemente desarrollada por este autor, y más que sobradamente reconocida, heredada, sin embargo, de trabajos previos realizados principalmente por William D. Hamilton y George C. Williams. Este último, más que nadie, pretendió darle la puntilla definitiva a la selección de grupo que planteaba Vero C. Wynne-Edwards, entre otros, en virtud de una supuesta superioridad de la selección a favor del individuo dentro de grupos. Entonces se explicaba el altruismo, observado en tantas especies de invertebrados y vertebrados, dentro del contexto de la selección individual, de carácter necesariamente egoísta, apelando a la aptitud inclusiva o a la búsqueda de reciprocidad. Tuvieron que pasar décadas para reconocer que nuestra comprensión del proceso evolutivo se encuentra excesivamente centrada en el gen y que la selección de grupo puede dar lugar a un altruismo genuino. No obstante, la idea de la selección de grupo descansa sobre dos premisas fundamentales bien conocidas desde principios del siglo XX. De hecho, pienso que ya eran conocidas por el mismo Darwin. Por un lado, la naturaleza abstracta del principio de selección natural, de manera que esta puede actuar no sólo sobre los individuos sino sobre cualquier entidad que se copie con alta fidelidad, varíe y se reproduzca de manera diferencial de acuerdo con dicha variación. Por otro, la evidencia de la organización jerárquica de la biosfera. Así, por debajo del individuo la selección puede actuar sobre los genes y las células, y por encima sobre grupos, especies e incluso ecosistemas, en la medida en que tales entidades satisfagan las condiciones mencionadas. Ciertamente, lo que es ventajoso a un nivel jerárquico suele ser desventajoso a otro nivel causando un conflicto que se dirimirá dependiendo de la fuerza relativa de cada proceso selectivo. Luego el altruismo podrá evolucionar por selección de grupo allí donde se imponga a la selección a nivel individual, y cuando la presencia de individuos altruistas dentro de las poblaciones confiera a estas una mayor probabilidad de sobrevivir en un ambiente determinado, frente a otras poblaciones del entorno en la que sus integrantes se comportan de manera egoísta. En otras palabras, el altruismo biológico no es la mera consecuencia de una suerte de laissez faire evolutivo donde cada individuo busca su propio interés.
Selección natural no es reproducción diferencial
Marzo 27, 2009 a 2:09 pm (09. Nuevevolución)
El insigne biólogo Ernst Mayr definió la selección natural como “la supervivencia no aleatoria y el éxito reproductivo de una pequeña fracción de los individuos de una población, debido a la posesión en un momento dado de caracteres que potencian su capacidad para sobrevivir y reproducirse”. Esta definición pretende desgranar las claves que conducen al principio de selección natural de manera precisa. Así, la apelación a un proceso no aleatorio significa la existencia de variación heredable en la capacidad reproductiva y de supervivencia de los individuos. De manera implícita, señala además las implicaciones derivadas de un incremento geométrico en el número de individuos de una población en contraste con una fuente de recursos limitada. En particular, este contraste conduce a una lucha por la existencia. Dado que el tamaño de población permanece más o menos constante a lo largo de sucesivas generaciones, sólo un porcentaje minoritario de la población habrá sobrevivido y dispondrá de la oportunidad de contribuir con sus genes a la génesis de la generación siguiente. Finalmente, se afirma que tal reproducción diferencial se debe en último término a propiedades intrínsecas de los individuos. Es decir, depende de su constitución genética y, más concretamente, de en qué medida dicha constitución le permite interaccionar eficazmente con un ambiente determinado. Recapitulando, digamos que una enorme capacidad de crecimiento poblacional en combinación con la limitación ambiental conduce a una lucha por la supervivencia en la que ciertos individuos están mejor dotados que otros, por lo que tendrán una mayor probabilidad de reproducirse. En la medida en que los genes sean los responsables de los rasgos que les otorgan dicha ventaja reproductiva, que tal variación genética sea heredable, y que el ambiente se mantenga relativamente constante, el acervo génico de la población cambiará con el tiempo de forma direccional, por lo que esta estará progresivamente mejor adaptada. Sin embargo, tal y como Brandon ha destacado, la reproducción diferencial y la selección natural son cosas distintas. Aunque la selección natural es con frecuencia definida como un mecanismo evolutivo, es útil establecer la distinción entre la reproducción diferencial como mecanismo y la selección natural como su explicación darwiniana. De hecho, es del todo posible que tenga lugar la reproducción diferencial de variación heredable sin que se produzca selección natural. Por ejemplo, mediante un proceso conocido como deriva genética, del cual trataremos más adelante.
Reduccionismo y análisis
Marzo 25, 2009 a 11:09 am (13. Lo último)
En un texto anterior me refería a la desintegración de lo real a través de la razón o al aparente absurdo al que conduce el análisis llevado al extremo. Aun incorporando una crítica más o menos tácita del reduccionismo científico, aquel texto tenía un carácter metafísico que no adoptaré en esta ocasión. El análisis es un procedimiento utilísimo en el conocimiento de lo real y básico para la ciencia, que no debiera ser confundido con el reduccionismo. El análisis consiste en descomponer un sistema integrado y estudiar cada una de sus partes por separado para la obtención de una explicación del sistema en su totalidad. El análisis no presupone un reduccionismo duro porque su utilidad radica precisamente en saber dónde detenerse en el proceso de descomposición, en detectar aquel nivel jerárquico cuyo estudio particular permite recabar la información de relevancia a la hora de explicar el sistema. Esto es importante porque el todo siempre es más que la suma de sus partes. Es decir, el reduccionismo es falso. No es verdad que a medida que avancemos en la fragmentación de partes integrantes se incremente nuestra capacidad explicativa de la globalidad integrada, o al menos, esto casi nunca es así. En general, un proceder reduccionista conlleva ineluctablemente la pérdida de información, muchas veces esencial. Así por ejemplo, las partículas subatómicas de que está compuesto un gato no nos dicen nada del gato en cuestión, aunque este haya pertenecido a Schröedinger. Pero el analizar la anatomía de un gato, estudiando sus huesos y músculos, vísceras, etc., sin duda proporciona una información útil, aunque parcial, para la explicación de lo que es un gato. Pienso que tanto la debilidad del reduccionismo como la fortaleza del análisis residen en tres propiedades fundamentales: la naturaleza jerarquizada de lo real, su conectividad, y la emergencia. Lo real puede ser particularizado, pero al hacerlo se des-integra, y con ello se pierden las propiedades derivadas de la interrelación entre las partes. Estas propiedades emergentes, que no se explican con el estudio individualizado de aquellas, son con frecuencia del mayor interés. Y es que, en palabras de Ricard Solé, todo son redes. Pero una perspectiva holística del sistema a menudo tiene un poder explicativo muy limitado, de ahí que un análisis consciente de la debilidad del reduccionismo que en parte asume sea tan eficaz.
Razas humanas
Marzo 24, 2009 a 2:31 pm (06. Seísmos)
El otro día, el 21 de marzo, fue el día internacional contra el racismo y contra la xenofobia. Al final de uno de los telediarios que se hacían eco de la noticia se emitió un breve reportaje donde se destacaban algunas iniciativas populares a propósito de la celebración. En una plaza de una ciudad que no recuerdo dispusieron un panel en blanco sobre el que la gente dejaba escrita una frase a modo de contribución a la causa. Sólo pude leer lo escrito por una persona: “una sola raza, la raza humana”. Esta frase se puede interpretar al menos de dos formas distintas. Puede expresar un pensamiento desiderativo, es decir, no importa si existen o no las razas, lo importante es que todos somos seres humanos; o bien puede significar que realmente no existen las razas dentro de la especie humana. Desde una perspectiva biológica existen dos formas de abordar la cuestión. Por un lado, uno puede considerar la idea de raza que tiene el hombre común y estudiar si tal concepto tiene un fundamento biológico. Por otro, uno puede considerar el concepto de raza en Biología y estudiar si puede aplicarse al caso de la especie humana. En mi opinión, la raza, tal y como se suele entender, digamos un concepto social de raza, no tiene ninguna base científica. Sabemos que la variación genética que existe entre grupos raciales es mucho menor que la que existe entre individuos de una misma raza. Es decir, la mayor diversidad genética se da dentro de grupos y no entre ellos. También sabemos que la mayoría de los rasgos que sirven para definir las razas, tales como la pigmentación de la piel, son meras adaptaciones climáticas. Sin embargo, se ha postulado razonablemente la existencia de distintos ecotipos dentro de la especie humana. Es decir, poblaciones más o menos aisladas que se adaptaron a diferentes condiciones ecológicas. La existencia de tales ecotipos ha sido principalmente defendida por Pigliucci y Kaplan, los cuales sugieren, por ejemplo, que cuando la gente reconoce “que los negros son más atléticos que los blancos” no se da cuenta de que la verdad está siendo eclipsada por una clasificación deficiente. En otras palabras, el concepto social y el concepto biológico de raza no tienen nada que ver. Una persona “negra” y otra “blanca” pueden pertenecer al mismo ecotipo, y los “negros”, “blancos”, “amarillos”…, podrían a su vez incluir distintos ecotipos. Por ejemplo, podría existir un ecotipo en el este de Africa especialmente adaptado a la resistencia atlética cuyos integrantes pueden ser “negros” kenianos, “no tan negros” etíopes, “blancos” bereberes… Pero lo importante es que si existiesen algo así como razas biológicas o ecotipos dentro de la especie humana, algo todavía controvertido, nada tienen que ver con nuestra clasificación racial, la cual está vacía de contenido científico.
Sexo y género
Marzo 18, 2009 a 3:09 pm (06. Seísmos)
Hoy en día las posibilidades de comunicación de ideas son extraordinarias. Hay disponibles jugosas patrañas, paparruchas, chorradas, y toda suerte de comida basura para el cerebro bien formado y así mal informado. Recientemente, tuve noticia de un estudio “científico” que concluye que los hijos de hombres mayores tienen por término medio un coeficiente intelectual más bajo, no así en el caso de mujeres mayores, donde la tendencia es incluso la opuesta. No intentaré poner de manifiesto las debilidades de este tipo de estudios, lo cual se me antoja una tarea demasiado fácil. La noticia me llegó de la mano de una compañera de trabajo que aparentemente pretendía justificar la conveniencia de subvertir el tópico de hombre mayor emparejado con mujer joven. Parecía una actitud adoptada desde el feminismo contemporáneo en cuanto presuponía que el género, entendido como un patrón de conducta, es una imposición de tipo social, un asunto puramente cultural y por tanto flexible e independiente de la biología, de la condición sexual del individuo. Esta presunción se debía a que el emparejamiento hombre mayor-mujer joven constituye una de las tesis más conocidas de esa psicología evolutiva popular, hoy tan en boga, la cual asume la existencia de un estrecho vínculo entre sexo y género. Así, sobre la base de una inversión de recursos biológicos en la prole profundamente asimétrica entre el hombre y la mujer, y por tanto un menor compromiso del primero, se dice que el hombre es promiscuo por naturaleza, mientras que la mujer es esencialmente fiel. Que el hombre busca vírgenes con silueta de ánfora, mientras que la mujer beberá los vientos por un varón poderoso que garantice el cuidado de su progenie. La mujer óptima desde el punto de vista biológico sería aquella que está emparejada con uno de estos hombres, generalmente mayores, pero que tiene sus hijos con un joven genéticamente superior (sobre esta base se ha estimado que un 15% de los niños no tienen el padre biológico que creen tener). Debería estar claro que la evidencia empírica que sustenta este tipo de afirmaciones es muy endeble y que detrás de ellas podría haber la intención de justificar objetivamente el estado actual de las cosas, tan conveniente al sexo masculino. Por supuesto, uno puede albergar el prejuicio opuesto de que el género no está biológicamente determinado, como parecía ocurrir con mi colega, pero al defenderlo con estudios como aquel se incurre, en mi opinión, en una flagrante contradicción puesto que tales estudios asumen un papel preponderante de los genes a la hora de explicar rasgos tan complejos como la inteligencia o el comportamiento social. Pienso que la verdad al respecto constituye, una vez más, una cuestión de grado. Aunque opino que el margen de maniobra que proporciona la cultura es muy amplio, es evidente que el género se encuentra influenciado por el sexo. En mi opinión, el feminismo se equivoca al identificar la emancipación de la mujer con la asunción del género masculino, es decir, la imitación de patrones de conducta supuestamente masculinos. Verbigracia, calificar de valientes liberadas en sociedad a las féminas provisionalmente ligadas a jovenzuelos mientras llevan sus negocios con lucida agresividad. El verdadero desafío para el feminismo consiste, pienso yo, en definir y afirmar sin prejuicios la propia feminidad, en la que sin duda juega un papel básico la maternidad, y entonces redefinir el género a partir de ese viaje interior.
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