Luciérnagas vacilantes en cunetas olvidadas acudieron a la mirada perpleja tras el cristal en la máquina. Con revoloteo apenas audible parecían decir su nombre y las invitó a pasar. No importaba que con ellas entrara la noche, porque un poco del misterio se desveló como una infinidad de llamas titilantes alrededor. Aquello despertó la sonrisa admirada del niño e iluminó su corazón. Pero el cielo en un techo tiró de la voz del adulto estorbado en su tarea. ¡Aleja de mí esos bichos y cierra la ventanilla! El que lleva, pero es llevado, había dejado escurrir la vida. Pasó sin querer, como el tiempo. El último rocío se secó sobre el hueso en aquel mismo instante, cuando la eficacia lo invadió todo definitivamente. La enfermedad se extendió tan rápido que lo que funcionaba tuvo la osadía de mostrar sus colmillos en aquel escenario iluminado. He pedido que regresen las luciérnagas y que traigan consigo nuestra capacidad de asombro.


Lughnasad dijo:
Marzo 20, 2007 a 3:12 pm
Querido autor permíteme la entrada a tu humilde morada, me dejaré llevar en tu caminar, arrástrame hasta insondables y oscuros pozos en los que espero poder encontrar alguna pequeña luciérnaga que me ilumine tanto la mente como le corazón
luciernagas dijo:
Marzo 20, 2007 a 3:19 pm
Gracias, amigo
Josemi dijo:
Marzo 26, 2007 a 7:51 pm
Agradablemente sorprendido y egoístamente satisfecho. Un recipiente adecuado a los productos que tan notablemente destilas es algo con lo que debemos congratularnos. En atenta espera permanezco…
luciernagas dijo:
Marzo 27, 2007 a 8:14 am
Gracias, Josemi. Espero estar a la altura de las expectativas. En cualquier caso, me anima el saber que compartes conmigo algunos intereses. Debo decir, sin embargo, que la generosidad de Lughnasad ha tenido mucho que ver en esta agradable sorpresa, que lo es también para mí.