Mujeres

A los hombres nos gustan las mujeres porque son diferentes. Eso de que hombres y mujeres somos iguales me parece una tontería. En mi opinión, es muy evidente que no es así. Nuestras diferentes anatomías probablemente determinan diferencias a otros niveles también, pero pienso que las diferencias van más allá. Las hay culturales, psicológicas, etológicas…Estas diferencias las vuelven extraordinariamente atractivas e interesantes. Es una lástima que algunas mujeres identifiquen cosas como “la emancipación de la mujer” o la afirmación de su libertad con la imitación de modos eminentemente masculinos. Para mí este es un signo que denota inmadurez y cierto temor ante la responsabilidad de tomar una actitud activa en sociedad. En el fondo, parece un espacio creado por hombres para ser ocupado por las mujeres. Es decir, una nueva forma de control. Confío en que, tras estos tiempos de transición, las mujeres sepan afirmar su feminidad sin complejos. Intuyo que el mundo necesita de su contribución en la medida en que es esencialmente distinta. Sin embargo, pondré un ejemplo superficial: en los últimos años las mujeres habitualmente reconocen como bellas a otras mujeres con rasgos muy poco femeninos, extremamente delgadas, con formas disimuladas en consonancia con su aspecto agresivo y actitud “independiente”. Insisto, considero que esta reacción nace de su propia inseguridad. A los hombres nos gustan las mujeres seguras de sí mismas, cómodas en su feminidad, con físicos femeninos que no están preocupados por tener que ajustarse a unas supuestas expectativas masculinas, que no viven volcadas en lo que está alrededor, que no perciben el sol como un foco, sino que están interesadas en crecer como personas de una forma integral, implicando al cuerpo únicamente como una dimensión más de la persona y no como el centro sobre el que ha de gravitar la mujer. Me sorprende que muchas no se hayan dado cuenta. La única expectativa al respecto en un hombre inteligente es que la mujer se sienta a gusto consigo misma porque se quiere como persona, lo cual tarde o temprano se manifestará en su cuerpo. La belleza rápidamente la transformará de dentro hacia afuera y la misma luminosidad de su sonrisa (sus ojos también estarán sonriendo) será la causa fundamental de su atractivo. Lo que gusta a los hombres que nos gustan las mujeres son las mujeres que se gustan a sí mismas, libres de lo que puedan opinar hombres como el que esto escribe.

El pecado de Godofredo

Cuenta la leyenda que el sudario de Cristo fue llevado tras la resurrección al rey Abgar V de Edesa, en Turquía. Allí permaneció hasta que el emperador Romano I lo trasladó a Constantinopla en el año 944. Se dice que el caballero Godofredo De Charney se lo llevó a su pueblo de Lirey, si bien es cierto que no se sabe cómo el trozo de lino, que se conocería como la sábana santa de Turín, llegó a su poder. Se trata de una tela de 4,4 por 1,1 metros con la imagen, a modo de negativo fotográfico, de un hombre con barba que fue crucificado. Desde el principio, el objeto atrajo a numerosos peregrinos, por lo que varios obispos reclamaron al Papa que la supuesta reliquia era una falsificación, pero la cosa quedó en agua de borrajas, tal vez porque beneficiaba a muchos. En el siglo XV pasó a pertenecer a la casa de Saboya y desde el siglo XVI no se ha movido de Turín. Se menciona por vez primera en los archivos históricos hacia 1350. En 1989 la revista Nature publicó el resultado de su datación mediante la detección por espectrometría de masas de un isótopo radiactivo del carbono (14C). El experimento se realizó en tres laboratorios diferentes. Se cortó un trozo de la tela de 1 cm de ancho por 7 de largo, que se dividió en tres fragmentos de unos 50 mg, los cuales fueron enviados a Oxford, Zurich y Arizona. El resultado del experimento fue sorprendente. Decían que la sábana tiene una antigüedad de unos 689 años. En las capas más altas de la atmósfera los rayos cósmicos transforman el nitrógeno en 14C, que después será asimilado por la planta de lino a través de la fotosíntesis. El 14C de una muestra de material orgánico se reduce a la mitad al cabo de casi 6.000 años, de tal manera que si se asume que la atmósfera no ha variado su contenido en este isótopo (aproximadamente, supone una billonésima del carbono total), que tal concentración es la misma en la planta que sirvió para hacer la sábana, y que una vez muerta no hubo adición ulterior del isótopo radiactivo, puede calcularse con cierta precisión la edad de la misma. Se sabe que la cantidad de 14C de la atmósfera es variable a lo largo del tiempo, pues además de cambios en el ciclo del carbono, depende de factores tales como la actividad solar o el campo magnético de la Tierra. No obstante, esta variable se puede controlar con precisión mediante la aplicación de una curva de calibración obtenida con la datación de anillos de crecimiento en madera de desarrollo conocido. Cuando se aplica esta corrección, la sábana se fecha entre 1275 y 1381, lo que está sospechosamente próximo a 1350. En cuanto a la otra presunción que podría haber tenido alguna influencia en el resultado, esto es, la contaminación posterior, cabe decir que para que el objeto tuviese 2.000 años de antigüedad en lugar de proceder del siglo XIV, sería necesario que el 64% del carbono radiactivo fuera moderno. Esto es sumamente improbable, incluso sin tener en cuenta las medidas que se tomaron para eliminar la contaminación. Así pues, todo indica que Godofredo no fue lo que se dice un caballero.