Dice una leyenda galesa que un hijo del rey Ceraint, hijo de Berwyn, preparó por primera vez la cerveza de malta haciendo hervir el mosto con flores y miel. Entonces se aproximó un jabalí que fermentó la mezcla al escupir en ella. Las leyendas irlandesas también se refieren a ello y revelan una asociación evidente entre el consumo de carne de cerdo (o jabalí) y de cerveza. En la mitología celta, la cerveza es la bebida que confiere a los guerreros la inmortalidad, pues contiene el germen de la vida depositado por el dios Lug, simbolizado por el jabalí. Es interesante constatar que en otras culturas, distanciadas por cientos de años y miles de kilómetros, las bebidas fermentadas también se identifican como brebajes de inmortalidad. Así por ejemplo, en el antiguo Egipto los dioses apreciaban la cerveza como fuente de vida. En América, las cervezas de maíz (la chicha) y de mandioca en la Amazonía, son considerados alimentos fundamentales para los ancianos. El dios azteca Tlaloc, nombre que significa “el pulque de la tierra” se representa a veces con una jarra de pulque, es decir, cerveza de agave, una variedad de la pita oriunda de México. Los indios tukuna del Amazonas encuentran que una combinación de cerveza y los gusanos en materia en descomposición debe constituir la clave del elixir de la inmortalidad. Según una de sus leyendas, el líquido terminó por derramarse sobre el suelo haciendo que las hormigas no envejezcan. Los Tutsi de Ruanda, en África central, todavía hoy consideran a la cerveza de plátano (el pombe) una bebida que confiere la inmortalidad para los guerreros. En la alquimia, la fermentación se identifica a menudo con la transformación de lo muerto en algo vivo. Para muchas culturas tradicionales las bebidas fermentadas, además de otorgar la inmortalidad, sirven para alcanzar el conocimiento profundo de las cosas a través de la intuición y el sueño. Esto puede interpretarse, en mi opinión, como otra forma de entender el nacimiento a la vida. Todo buen bebedor de cerveza ha podido compartir este conocimiento ancestral durante más de una velada. Sin embargo, que exigente resulta el éxtasis místico a la mañana siguiente.

