Muchos son los amantes de la cerveza que saben de su capacidad nutritiva, y se sirven de este conocimiento para justificar ante sí mismos y ante los demás, ciertos excesos hedonistas. Resulta innegable, no obstante, su riqueza en vitaminas del complejo B, que dicho sea de paso, a menudo son recomendadas durante estados depresivos con la finalidad evidente de la mejora del ánimo. Debido a sus interesantes efectos físicos y psicológicos, a los marineros de la armada de Enrique VII se les llegó a pagar con cerveza. Concretamente, se les proporcionaba la más que apreciable cantidad de un galón diario, es decir, cuatro litros y medio. Además, es sabido que los trabajadores del antiguo Egipto también recibían cerveza como parte de su salario. Era algo valioso para aquellas gentes, pues se le consideraba una especie de elixir de la inmortalidad, garantizando al patrón una dedicación al trabajo potencialmente infinita. Es muy probable que, en cierta medida, gracias a la ingestión de cerveza fuera posible la construcción de las pirámides de Egipto, aunque es de suponer que los operarios siguieron instrucciones de ingenieros convenientemente abstemios. Así las cosas, no faltan románticos que se preguntan si puede el hombre vivir únicamente con la ingestión del a veces denominado pan líquido. Hace unos años, la conocida publicación periódica de carácter científico, New Scientist, se hizo eco de esta preocupación. La cuestión sobre si el hombre podría sobrevivir únicamente con el consumo de cerveza fue públicamente formulada por John Eden, un australiano afincado en Narara, Nueva Gales del Sur. Pues bien, varios especialistas aportaron sus conocimientos al respecto, que sirvieron para satisfacer la curiosidad científica de John, entre otros muchos. A continuación, me referiré a las respuestas de dos de ellos. El profesor Walker relató el resultado de un experimento llevado a cabo por John Clephane, médico de la flota inglesa, durante la guerra de los siete años, de 1756 a 1763. Se enviaron tres barcos de Inglaterra a América: el Grampus, a cuya tripulación prácticamente se le suministró toda la cerveza que pudieran tomar, y las dos naves que sirvieron de control, el Daedalus y el Tortoise, a las que sólo les fue asignada la cantidad habitual. Aquella travesía resultó ser extraordinariamente dura y un total de 112 hombres del Daedalus y 62 del Tortoise cayeron gravemente enfermos y precisaron de hospitalización. En cambio, de entre los miembros de la tripulación del Grampus, únicamente 13 enfermaron. Puedo imaginarme los cánticos y los rostros sonrientes de marineros escuálidos y demacrados, a pesar del generoso abdomen, así como las caras asustadas de los indígenas recibiendo a las hordas embriagadas de felicidad. En cuanto a la segunda investigación, fue la realizada por el escocés Bill Coppock en su propia persona, pues se sometió durante largo tiempo a una dieta estricta de cerveza y col. Este hombre aseguró a New Scientist que no sólo había perdido peso, sino también el control de su intestino delgado, lo que a menudo ocurría al mismo tiempo.

