Equilibrio sin oposición

Ayer visioné con agrado la última película de Zhang Yimou, un nuevo espectáculo para la vista. En aquella historia china había un médico, una enferma, un tratamiento. Como parte del mismo, se contaron consejos relacionados con la atenuación del exceso de yang que aquejaba a la mujer. Recomendaciones encaminadas a la consecución de un equilibrio de fuerzas que habitan en cada rincón del cuerpo. Es interesante observar cuan diferente es la perspectiva oriental en los asuntos médicos. La medicina occidental descansa sobre la tradición mecanicista, al igual que el resto de la ciencia. La persona se identifica con la mente, y el cuerpo es entendido como un conjunto de órganos que pueden fallar en cualquier momento, generalmente de forma particular y que requieren una atención específica. El enfoque oriental es diametralmente opuesto, pues parece que la identificación es con el cuerpo en su totalidad. El cuerpo es entendido de forma holística no solo en su relación con el estado mental, sino también poniendo el énfasis en las relaciones entre los distintos órganos. El cuerpo entero es entendido de forma funcional. El estado saludable se comprende como un estado de equilibrio natural para el organismo, al que ineluctablemente tenderá en circunstancias naturales. Quiere esto decir que la medicina no pretende tanto intervenir, por ejemplo a través del fármaco, como favorecer la recuperación del cuerpo por el mismo cuerpo, simplemente mediante el descubrimiento del ambiente propicio. Desde este punto de vista, el cuerpo no se percibe como algo frágil, algo en lo que a penas se puede confiar, algo que interesaría a aquello que se rige por el interés o el beneficio, a las compañías farmacéuticas, por ejemplo. Al contrario, la perspectiva oriental no oculta las capacidades de nuestros cuerpos a la hora de mantener y recuperar un estado saludable. Las capacidades de nuestras mentes, nuestros hábitos, el margen de libertad que tenemos para favorecer nuestra propia salud. En una ocasión, escuché decir a un reputado investigador médico durante una conferencia, que, por término medio, cualquier fármaco que te tomes no tiene ningún efecto beneficioso en el 50% de los casos. La mayoría de la gente ignora esto porque conviene a algunos. Sospecho que la medicina tradicional oriental tiene una visión tan integradora que las fronteras entre la ciencia, la cultura, la psicología… terminan por diluirse en el tratamiento de la enfermedad. Me pregunto si no podríamos tener lo mejor de ambos mundos: la atención por el detalle, la fértil fragmentación en cada parte, que es medida y pesada, pero también la confianza en la fortaleza de la estructura global, que es sabia.