Imagine que está sentado en el sofá al lado de la mujer que le gusta, compartiendo una bolsa de patatas fritas con una bella donna, una de esas italianas que evocan conocimientos de trigonometría desde el esternón. Se llama Nina y estaba sola hasta que le encontró, pero le hace perder el hilo de la película cada vez que sus manos rozan la suya en el paquete (de patatas), entonces siente usted que necesita beber algo, el corazón le late con fuerza y anarquía, y no puede evitar decir tonterías. Imagina a los dos en un generoso intercambio de fluidos, allí mismo lo ve con toda nitidez, pero, al final, se paraliza. No llame enamoramiento por tetazas a lo que podría ser envenenamiento por patatas. De hecho, la ingestión de un kilo de patatas podría matarle. Esto se debe a que las patatas contienen un alcaloide tóxico, la solanina, también presente en otras solanáceas como la belladona o el tabaco. Son especialmente tóxicas las hojas, los brotes y el fruto de la planta, pero también el tubérculo puede llegar a contener dosis peligrosas de esa sustancia. La dosis letal para una persona adulta oscila entre 3 y 6 mg por kilo de peso corporal, por lo que un hombre de 70 kilos podría morir tras el consumo de 2 kilos de patatas correctamente conservadas. La toxicidad no se elimina con la cocción y la cantidad de solanina puede multiplicarse con una pobre conservación de la patata, a la que debe reservarse un lugar oscuro, seco y fresco. Lavar las patatas, empaquetarlas en plásticos de colores claros o exponerlas a la luz incrementa rápidamente la concentración del tóxico. Por ejemplo, a la luz y a una temperatura de tan sólo 16 ºC, la cantidad de solanina se duplica por cada día que pasa. Estas patatas mal conservadas suelen desarrollar un color verde causado por la clorofila, el cual es indicativo de altas cantidades del alcaloide. La patata adquiere además un gusto amargo. Insisto, la solanina causa sequedad de boca, sed, palpitaciones, delirio, alucinaciones y, finalmente, parálisis. Esto ocurre porque inhibe la acción de un neurotransmisor, la acetilcolina. No obstante, y a pesar de la inmovilidad, presente paciencia, futuro paciente, y confíe en que la vanidad de la mujer no le impida el pedir ayuda con rapidez, si no al instante, y le salve la vida, la sola Nina.

