Con Chao y Ramonet

El viernes asistí a una conferencia impartida por Ramón Chao e Ignacio Ramonet. Fue interesante, aunque muchas de las cosas que oí, la mayoría de ellas sobre geopolítica contemporánea, no me sorprendieron. Estuve esencialmente de acuerdo con ambos conferenciantes, si bien discrepo en aspectos, tal vez importantes, alguno de los cuales relato a continuación. El señor Ramonet se refirió, citando a Gramsci, sobre la importancia de ganar la batalla de las ideas, reconociendo que en los últimos tiempos la derecha había enriquecido este debate, no así el pensamiento de izquierdas. Si no le interpreto mal, esto ha conducido a la errónea percepción de que no existe alternativa intelectualmente fundada a la globalización o, dicho de otro modo, que entendemos la supeditación del poder político al económico como un cambio inexorable de la situación en el mundo. Sin embargo, Ramonet observaba un atisbo de esperanza en Latinoamérica, donde los logros sociales de Castro en Cuba y, principalmente, los gobiernos de Chávez en Venezuela y Morales en Bolivia, se están imponiendo sobre los intereses económicos. Estoy de acuerdo en que estas iniciativas, particularmente observo con interés el compromiso de Evo Morales, indican el camino, es más, denuncian con firmeza la posibilidad acallando a los pesimistas. Nos recuerdan que es posible combatir la concepción del mundo como mercado, que está predominando y que aspira a ser dominante. Sin embargo, dejo ya muy atrás mi fase de admiración romántica por Castro para denunciar sin ambages la falta de libertad que inevitablemente acompaña a cualquier dictadura del signo que sea. Afirmo simultáneamente mi admiración por la revolución cubana y mi ataque a una dictadura, que dura ya demasiado tiempo y a la que, en buena medida, responsabilizo a los Estados Unidos. Así mismo, mis ideales de izquierdas no me impiden observar el populismo de Chávez, sus bravuconadas impropias de un jefe de Estado o sus recientes amenazas a la libertad de expresión. El señor Chao citó a Martí para señalar que un pueblo culto es un pueblo que no se domina. Esto no es verdad, aunque comparto lo que probablemente haya querido decir, esto es, el inmenso valor de la educación, pero lo cierto es que la cultura se manipula y con ella se domina. No sólo es importante que se creen escuelas como hicieron, admirablemente, tanto Castro como Chávez, sino que en esas escuelas se forme en valores, se estimule el espíritu crítico y, en definitiva, se eduque en libertad. Ramón Chao expuso desde una perspectiva histórica la cuestión de la esclavitud en las sociedades humanas y, en su opinión, este fenómeno, manifestado desde siempre de forma compleja, surgió con la adopción del modo de vida sedentario por parte de los pueblos. Me temo, sin embargo, que la explotación del hombre por el hombre es tan antigua como el hombre mismo. También el corazón del nómada albergaba por igual tanto el altruismo más noble como la más atroz tiranía sobre el semejante, aunque las formas de esclavitud que protagonizó quizás fueron menos sofisticadas. Es curioso que se hubiera referido a Platón como un crítico de la esclavitud en contraposición a Aristóteles, y al mismo tiempo, añorado una verdadera democracia igualitaria. Después de leer al autor de La República, uno se pregunta si lo que de verdad no ha dejado de añorar es una forma de oligarquía que, por suerte para él, sólo han sufrido otros.