¿Quién no ha leído o escuchado acerca del extraordinario parecido molecular entre el hombre y el chimpancé? Ya en los años 70 la diferencia se cuantificó en un 1%, una distancia genética sorprendentemente pequeña habida cuenta de las evidentes diferencias fenotípicas entre ambos primates. En un artículo firmado por John Cohen y publicado en el número de hoy de la revista Science, se señalan algunos de los últimos conocimientos al respecto, para afirmar que la diferencia no sólo es sustancialmente mayor sino que es prácticamente imposible de precisar. Esto se debe al enorme peso que cobran las diferencias genéticas relativas en la explicación de la diferencia fenotípica, lo que convierte a aquella distancia del 1% en un mito más que otra cosa. No obstante, estudios posteriores a aquel trabajo pionero publicado en 1975 por Allan Wilson y Mary-Claire King, que estimó la diferencia genética del 1%, han confirmado su cálculo. Ellos mismos reconocían, sin embargo, que la mayoría de las diferencias debían referirse a genes reguladores que influenciasen la expresión de otros genes, de tal manera que las diferencias se verían notablemente ampliadas. Estudios recientes han estimado una diferencia del 1,23% en cuanto a sustituciones nucleotídicas, pero existe una diferencia adicional de un 3% cuando se incluyen variaciones en “indels”, que son inserciones y deleciones en la secuencia de ADN (polimorfismos de presencia/ausencia de bases). Este tipo de variantes pueden llegar a ser muy importantes, ya que podrían alterar de forma drástica la función génica. Cuando se amplía el espectro de diferencias incluyendo aquellas mutaciones relacionadas con la pérdida y duplicación de genes, la diferencia genética entre humanos y chimpancés asciende al 6,4%. Finalmente, cuando se trata de cuantificar las diferencias en un contexto más realista, es decir, valorando posibles diferencias en redes génicas, en la manera en que distintos genes interactúan entre sí, la distancia se incrementa, pero la estimación se hace mucho más imprecisa debido a la complejidad de tales redes. Cohen proporciona un dato al respecto, y es que diferentes simulaciones estiman que un 17,4% de conexiones génicas en el córtex son específicas de humanos. En cualquier caso, muchos investigadores se muestran escépticos respecto a la posibilidad de proporcionar un dato de divergencia molecular preciso. Esto no sólo se debe a las limitaciones que impone un cuadro de relaciones entre genes tan complejo, sino también a la existencia de factores de tipo cultural o social, a la hora de definir lo que son o no diferencias genéticas en dicho escenario.

