Según una corriente de hermenéutica literaria el texto sólo puede tener una interpretación verdadera, que no es otra que el propio texto. La experiencia subjetiva no se puede comunicar sino a través de un lenguaje que nunca es la experiencia en sí misma, luego la interpretación del mensaje siempre será equívoca. Esencialmente por la misma razón, la ciencia no puede penetrar en la experiencia subjetiva. La ciencia puede describir con detalle y ofrecer una explicación mecanística a un determinado estado de lo material, del sistema nervioso, por ejemplo, pero la experiencia sólo pertenece a quien se ha arriesgado lo suficiente. Recuerdo tiempos difíciles en los que la tristeza llegaba a ahogarme de manera puntual, aunque era desagradablemente recurrente, y el no encontrar una explicación comprensible que sirviese a los demás, y entonces a mí mismo, me hacía buscar la soledad, de otra manera me sentía culpable por compartir aquel patético sufrimiento con quienes me querían. Cuando no lograba (o no quería con suficiente determinación) escabullirme, no faltaba quien trataba de infundirme ánimo haciéndome ver la sinrazón de aquello. Entonces, resaltaba el hecho de que yo no carecía de nada verdaderamente importante a los ojos de cualquiera, y comparaba mi falta de motivos con el sufrimiento real de aquellos que tenían necesidades verdaderas. Aquella era una lógica aplastante, ¡y vaya si aplastaba!. La lógica del amor puede ser cruel. Cualquier programa de ordenador habría concluido que yo no tenía derecho a sufrir, lo cual es algo similar a afirmar que no tengo derecho a ser otra cosa que un ordenador. No obstante tenía razón, no había razón para aquello, y debido a que no se trataba de algo razonable, se equivocaba también, pues el hablar implica al pensar y solemos pensar para acallar el sentir. Con frecuencia sobrevaloramos el pensar con eficacia, las palabras útiles, despreciando injustamente el notable valor del silencio. Hay demasiado ruido ahí afuera, pienso yo (y demasiada vanidad aquí adentro). Dijo Dalí que mirar es pensar, opino sin embargo que entre el mirar y el pensar existe un paréntesis íntimo rápidamente pleno de una riqueza que apenas vislumbramos y que es fuente de creación. El sufrimiento no es algo que se pueda pesar en una balanza y luego comparar. Es una experiencia que sólo podemos respetar, si acaso imaginar con la ayuda de nuestros propios recuerdos. Podemos llegar a sentir algo tal vez parecido, dependiendo de nuestra historia y nuestra capacidad para rescatarla, nuestra memoria emocional. Podemos llegar a hacer nuestro el sufrimiento ajeno, es decir, podemos sufrir con el otro, si está en nuestra voluntad el abrazarlo hasta ese punto, pero su sufrimiento no es el nuestro y nunca será plenamente comprendido por nosotros porque cualquier experiencia es misteriosa.
El gato loco
Julio 26, 2007 a 10:20 am (11. Oncestontería)
La edición digital del número de hoy de “El País” publica la siguiente noticia:
Parece un fenómeno paranormal pero los médicos prefieren pensar que hay una explicación química. Lo único cierto es que un gato, que habita en un geriátrico del norteamericano estado de Rhode Island, ejerce de mensajero de la muerte. El felino, llamado Óscar, ha cogido la costumbre de visitar a los ancianos pocas horas antes de que éstos fallezcan. Es algo más que una coincidencia puesto que, tal como ha revelado el médico geriatra Oscar Sosa a la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine, el felino ha llegado hasta el lecho de más de 25 residentes de la clínica poco antes de que éstos murieran. El gato Óscar, de dos años, “parece no cometer muchos errores”, explica el doctor Sosa. “Parece comprender que los pacientes están a punto de morir”. La doctora Joan Teno, profesora de salud comunitaria de la Universidad Brown, que atiende a los pacientes de la clínica, quita importancia al escepticismo que generan a priori las habilidades del animal: “El gato siempre se las arregla para aparecer y siempre lo hace en las últimas dos horas. No creo que tenga facultades paranormales”. “Es posible que haya una explicación química”, tranquiliza Teno, al buscar la causa de las andanzas del gato de pelaje gris y blanco que habita principalmente en el tercer piso donde viven los pacientes dementes.
The earth works group
Julio 26, 2007 a 7:54 am (02. Doshechos humanos)
Nos propone algunas cosas sencillas que podemos hacer a favor de la Tierra, esto es, por y para todos. Por este favor, trata de encontrar otras formas de despreciar a los demás que no sea el perder los papeles, latas y otros desperdicios en el campo. Quizás no sepas que al inodoro van a parar millones de preservativos que terminan por obstruir los filtros de las depuradoras y, finalmente, al océano. En realidad, los hombres de verdad los tiran al cubo de la basura o, una vez que dejó de estar dura, los pececitos del mar verán tus chubasqueros pasar junto con millones de compresas y tampones, por lo que no te extrañe escuchar que estén ya hasta los…. Quizás no sepas que vertimos por el inodoro 200.000 toneladas de papel higiénico cada año, enriquecido en jugoso material coprológico; papel que los calamares no precisan para hacer correr litros de tinta, que la bosta basta. Quizás no sepas, y no te llamo lerdo, que de las autopistas se recogen anualmente 2.100 toneladas de colillas y papeles; que si salieses en la foto mejor es que te multen por loco que por cerdo. Cada año recibimos en nuestro buzón un árbol entero en publicidad. En 2004, un total de 1.227 millones de envíos. Si lográsemos evitar el recibir toda esta interesantísima correspondencia salvaríamos millones de árboles. No imagino final más mezquino para la belleza de la vida que a un anuncio de pizza el quedar reducida. Si quieres pintar otra cosa que un lienzo, piensa en algo más que en escoger el color. Busca pinturas a base de látex y no derivadas del petróleo. Estas últimas contaminan a las aguas subterráneas. Si no quieres reciclar o regalar lo que te sobre, llévalo a un centro de tratamiento de residuos especiales (habelos hailos). También puedes utilizar pinturas naturales, he aquí algunas marcas: Aglaia, Auro, Biofa, Livos, Stockmar. Tal vez las encuentres más caras, pero he oído decir acerca de un entusiasta fabricante de estas pinturas raras que, como aquellos niños gallegos devorando la casa pintada con leche condensada, el hombre lamía las paredes en un alarde sin igual de talento comercial.
La reproduction interdite
Julio 24, 2007 a 11:59 am (13. Lo último)
Una egocéntrica interpretación del cuadro de Magritte: lo veo con el corazón y nada hay más cerca de él que el resto de mí. En primer lugar, me tengo por un misterio inagotable, que no se reduce a nada que tú puedas observar. Que no es reproducible por muy sofisticada que llegue a ser la tecnología de la clonación o el retrato artístico. Que mi naturaleza no sólo es misteriosa y singular, sino contradictoria y en permanente tensión, que es causa de un ávido movimiento de búsqueda. Tal y como habría dicho Walt Whitman, puede decirse que albergo multitudes. Sin embargo, lo que tú puedes llegar a ver es lo que veo yo también, aunque no es lo más fácil el acompañarme en esta búsqueda permanente y permanentemente insatisfactoria de uno mismo. Lo que tú y yo observamos de nosotros es una fracción relativamente poco interesante del inmenso horizonte que tenemos por delante. Nuestra lucha es por liberarnos de la limitación que nos condena a permanecer de espaldas a las profundidades del rostro fluctuante.
Quiero agradecer a Lughnasad su sugerencia de que esta explicación, así como el mostrar el cuadro con un detalle apreciable, podría ser interesante para otros.
La naturaleza humana
Julio 24, 2007 a 7:13 am (06. Seísmos)
El otro día vi parte de un documental dedicado al trato animal, añadiría yo anormal por desproporcionado y, en cierto modo, también cruel por dedicado. Los había obsesionados con la idea de ganar estúpidos concursos de belleza, reflejando, en mi opinión, una clara proyección psicológica del dueño sobre su mascota. Pero es evidente que el déficit personal es del animal tan adinerado y no del pobre animal. Había un perro pendiente de una resonancia magnética nuclear, debido a que la melancolía parecía aquejar al chucho, que tanto había ayudado a su dueña cuando ella precisó de resonancias en el pasado. Algún otro siguió las indicaciones de una avispada psicóloga canina dispuesta también a educar al amo, aunque no en aspectos esenciales, me temo, pues el negocio es el negocio. Pude observar una variedad de comportamientos que serían sólo ridículos si no fuesen inmorales en el mundo que nos toca vivir, porque aquel hombre estaba en lo cierto cuando establecía la distinción entre el dedicar al animal un trato humanitario y el considerarlo como si fuera una persona. Está claro que en estos casos no se quiere al animal realmente, pues no es tratado de acuerdo con su naturaleza. En su lugar, los amos son esclavos de su propio reflejo, al igual que Narciso. En el documental, el filósofo Jesús Mosterín destacaba que, esencialmente, la naturaleza del perro es la del lobo, ya que ambos pertenecen a la misma especie, y así por ejemplo, debiera “andar libre” y husmear en los mismos árboles en que orine. Aún no he tenido el placer de leer su último libro “Sobre la naturaleza humana” pero, cuando lo escuchaba, sentí por un instante que reducía la naturaleza de una especie a su genoma. Entonces recordé que, hace algún un tiempo, asistí a una conferencia impartida por el genetista Jaume Bertranpetit de la que saqué una impresión similar, después de escuchar algunas afirmaciones que me parecieron provocadoras, más que razonablemente meditadas. A riesgo de ser injusto con ellos, diré que el genoma no me parece más que información que no puede desplegarse de espaldas al ambiente. Ni siquiera estamos en disposición de afirmar en qué medida el genoma determina la conciencia humana, por ejemplo. Probablemente, el establecer esta misma distinción entre lo que responde a una determinación ambiental o genética es equívoco en sí mismo. Aún admitiendo lo que es obvio, que los genes tienen algo que ver, lo cual es decir bien poco, afirmar que la naturaleza humana está en su genoma es una simplificación innecesaria. Un caso peculiar de falacia genética, nunca mejor dicho, donde una cosa es confundida con sus orígenes. La capacidad de asombro se me antoja inherentemente humana. Forma parte de nuestra naturaleza el husmear en el cosmos entero y el tratar de averiguar si alguien “ahí afuera” se ha meado en él. De acuerdo con nuestra naturaleza buscaremos un sentido en el genoma hasta secuenciar nucleótidos, tal y como hicimos de niños cuando destrozábamos juguetes para mirar en su interior, pero intuyo que esto sólo será el principio del círculo.
Heredabilidad
Julio 23, 2007 a 7:30 am (09. Nuevevolución)
Se trata de un concepto genético sutil muchas veces mal interpretado incluso por biólogos profesionales. Los divulgadores científicos, particularmente aquellos que buscan implicaciones de la psicología evolutiva, la sociobiología; en general, aquellos interesados en la base genética de rasgos complejos, con frecuencia no comprenden lo poco informativo que puede llegar a ser cualquier valor estimado como heredabilidad. La heredabilidad es un valor que proporciona una idea acerca de cuánto se parece a sus progenitores una progenie concreta, en unas determinadas condiciones ambientales. Consiste en un número que pretende indicar la fracción de la variación observada en un rasgo que se debe a la variación genética de la población estudiada bajo determinadas circunstancias. La idea es lograr obtener una estimación del componente genético del rasgo en particular, para así poder predecir el éxito en su modificación en una población concreta, a través de un programa de selección artificial. Lo cierto es que el componente genético de un rasgo no siempre coincide con su componente heredable, pues existirá variación en el rasgo que se deba a diferencias genéticas epistáticas, esto es, debida a variación en la interacción entre múltiples genes, así como diferencias en la relación de dominancia entre diferentes alelos. De ahí que a veces se hable de heredabilidad en sentido estricto para referirse únicamente al componente aditivo de la variación, es decir, el grado en que la variación en el rasgo de interés se debe únicamente a los distintos genes que se transmiten desde los individuos parentales. Sin embargo, el poder predictivo de este valor es muy limitado, si es que tiene alguno. Para empezar, la heredabilidad en sentido estricto no es constante bajo selección. Tampoco es extrapolable, sino que es específica de una población particular que fue estudiada en unas determinadas condiciones ambientales. De hecho, la variación ambiental no tiene el mismo efecto sobre cada genotipo, luego existen diferencias en la interacción entre la composición genética de la población y la variación ambiental, que contribuirán a la variabilidad en el rasgo considerado. Además, algunos genotipos son más frecuentes en determinados ambientes. Este tipo de complejidades explica que la heredabilidad de un mismo rasgo pueda ser muy diferente para distintas poblaciones y que para una misma población pueda ser alta en unos ambientes, pero baja en otros. En realidad, la heredabilidad de una población en las circunstancias actuales no nos dice nada acerca del rasgo en el futuro, pues las circunstancias ambientales pueden cambiar radicalmente. Dicho de otro modo, el que un rasgo sea heredable al cien por cien no quiere decir que no pueda ser alterado por el ambiente. La heredabilidad tampoco nos dice nada sobre el grado en que las diferencias observadas para ese rasgo entre diferentes poblaciones se debe a diferencias genéticas. Resulta lamentable que tantas veces la ignorancia de esta pobreza informativa haya servido como plataforma para justificar una mayor pobreza intelectual en relación con prejuicios sociales.
Regresando
Julio 23, 2007 a 7:23 am (04. Cuarto de las letras)
No fueron vacaciones sino obligación. En cierto modo castigo, por alejarme involuntariamente de esto que me gusta, pero, como el cambio rápido en la dirección del viento, me desperté de un sueño. Durante esta semana he vivido en Madrid. Y aunque puede decirse que soy un chicarrón del norte, he de admitir que mi fisiología luchaba retorciéndose con violencia por adaptarse a las nuevas condiciones ambientales, que me fueron impuestas en esa urbe de bellos edificios. Como denunciando mi tristeza por los tiempos de alrededor, la ropa la escogí negra cada uno de los cinco días. Hace años, aquellas camisetas blancas que lucía mi hermano en Madrid, impolutas al principio del día, regresaban al hotel como las almas cambiadas por el tacto cotidiano del sufrimiento de rostros callejeros. Luego mi adaptación quiso comenzar con el vestido, tal vez pretendiendo captar en la superficie de mi cuerpo toda la negrura semejante que le vaticinaba a la ciudad. Enjaulada en una compleja red de algodón tan oscuro como ella no alcanzaría mi pecho. Mis labios se hicieron más sensibles desde el principio, enrojecidos y secos a la vez, me dolían. Mi nariz trabajaba a destajo filtrando finísimas partículas de hollín hasta terminar dando la sangre al llegar la noche. Hace mucho tiempo que las gentes aprisionadas a diario entre asfalto y muros de piedra debieron haber petrificado sus mucosas. Ojalá hayan detenido ahí el gris endurecimiento tisular venido por contagio de todas partes. Con breves horizontes e infinitas entradas al Corte Inglés devorando transeúntes de piedra, más de una vez pensé en el gran sacrificio que hacen los niños por sus padres moviéndose en sillas de ruedas a una cuarta de las aceras repletas de gentes sin rostro. Observando multitud de piernas al frente moviéndose con ansiedad, y el cielo demasiado lejos. Miraba con avidez todo el tiempo dentro y fuera del Prado. A través de mis gafas, siempre sucias, observé los rostros enmarcados que me interrogaban a espaldas de Baco. De este gigante que fue Velázquez, también los animales respirando. Otro magnífico de Rembrandt, y un Goya inquietante, los cielos de Patinir, la oscura planitud de Ribera…¡Qué suerte tienes!, Madrid.
Inteligencia general
Julio 13, 2007 a 9:01 am (06. Seísmos)
No hace mucho destacaba la importancia de considerar un componente emocional para una mejor comprensión del “complejo prisma que es la inteligencia”. Pues bien, el prisma se me cayó de las manos y se hizo añicos. El componente emocional no es más que otra precisión que incorporamos en nuestra definición particular de lo que debe ser la inteligencia. En aquel momento, admití de manera provisional que la inteligencia fuera algo que miden los tests de inteligencia para inmediatamente después, preguntarme qué significaba exactamente dicha expresión. Sin embargo, rápidamente aborde el tema de la emotividad y no clarifiqué lo suficiente algo que me parece fundamental. Afirmo que la inteligencia es una entelequia, que no existe como propiedad real. Decir que la inteligencia es lo que miden los tests de inteligencia significa que la inteligencia es aquello que creemos que debe ser la inteligencia. Pero nuestras creencias, prejuicios, ideas…, no son nada objetivo que tenga una existencia en nuestro cerebro o, por ejemplo, una determinada heredabilidad. Ellas son el producto de nuestra cultura, al igual que lo es nuestro juicio sobre la inteligencia. La inteligencia general es un parámetro obtenido mediante un procedimiento matemático que trata de condensar en un valor individual el resultado obtenido en una serie de cuestiones que fueron diseñadas para ajustarse a una idea previa de lo que es la inteligencia. Idea que, de manera especial, albergan psicólogos, médicos, educadores…, gentes que ocupan una posición preponderante dentro de una sociedad particular, la cual aspira a la predicción de ciertas variables consideradas recomendables (aquellas que definen lo que se entiende por éxito social, tales como el ganar dinero, poder o popularidad). En primer lugar, se definen personas que, de acuerdo con la cultura del momento, son consideradas inteligentes. A continuación, esa misma cultura diseña un test que se adapte a tales prejuicios sociales, permita integrar la información en un único valor y posibilite la clasificación de cada persona en un sistema jerárquico de acuerdo con ellos. Finalmente, y esto puede ser peligroso, se utiliza esa clasificación en el funcionamiento social. La inteligencia es una construcción mental históricamente contingente, y parece ser que lo que toca a nuestro tiempo es rediseñar los tests de inteligencia para incorporar un componente emocional.
Mecánica controlada con el pensamiento
Julio 12, 2007 a 3:26 pm (05. Quinta esciencia)
Varios equipos científicos están investigando sistemas de prótesis externas controlados directamente a través de implantes cerebrales. La idea es lograr que personas que sufren una parálisis generalizada puedan un día ejercer el control de miembros artificiales sin otra ayuda que la del propio pensamiento. Para ello, se han diseñado electrodos capaces de registrar señales cerebrales que puedan ser inmediatamente traducidas como movimientos que llevará a cabo la prótesis. En Junio de 2002 la revista Science publicó sobre este asunto un interesante trabajo dirigido por Andrew Schwartz. Se implantaron pequeños electrodos en el cerebro de chimpancés que fueron motivados mediante recompensas, a participar en un juego de ordenador. El juego consistía en mover objetos como pelotas en un espacio virtual de tres dimensiones. Los electrodos registraban las principales señales cerebrales involucradas en el movimiento de los brazos. Estas señales eran finamente ajustadas por el ordenador con el movimiento de los objetos en el juego, de tal manera que cuando los primates movían los brazos desplazaban las pelotas en la pantalla. Al cabo del tiempo, los animales se dieron cuenta de que podían jugar sin necesidad de mover los miembros, es decir, solamente teniendo la intención de moverlos, pues con ello transmitían las señales precisas al ordenador. En una segunda fase de la investigación, los ingenieros fabricaron un brazo robot que los chimpancés lograron manejar de manera análoga, a través de instrucciones neuronales recogidas por los implantes cerebrales e interpretadas con el software adecuado. Con cierta frecuencia he confirmado que la realidad supera a la ficción, así que no me extrañaría descubrir que estos primeros estudios servirán en el futuro, si no lo han hecho ya, para justificar la financiación de proyectos de investigación militar dedicados a la destrucción de seres humanos. Como he leído en un artículo firmado por Mariano Sigman y publicado en Le Monde diplomatique, quizás un día seamos testigos de ejércitos de cyborgs controlados por chimpancés sentados en sus jaulas de cara a varios monitores de televisión y a los que atiborran con zumos y frutas cada vez que destrozan a un enemigo. Qué mejor soldado que una máquina blindada y fuertemente armada, dirigida por un cerebro ignorante de las consecuencias reales de su juego, supervisados, no obstante, por la criatura moral por excelencia, por seres humanos sensibles que se enamoran en la habitación de al lado.
Arañas
Julio 11, 2007 a 7:33 am (10. Diezmito)
Para ciertos pueblos vietnamitas el alma del hombre ordinario se manifiesta como una araña. Las gentes se cuidan de no matarlas, pues eso podría causarle la muerte a personas anónimas que en ese momento están sumidas en el sueño. En Siberia y otros pueblos de Asia central la araña también representa el alma liberada del cuerpo. Una araña teje el barco que lleva las almas de los muertos al infierno, según los muisca colombianos. Para los aztecas, la araña era el signo del dios del infierno. En esas películas de terror en las que se observa que una araña sale de la boca de una calavera, es el alma del muerto quien abandona el lugar para hilvanar la venganza en un oscuro rincón. Diferentes pueblos del mundo, desde el África occidental hasta Oceanía, pasando por la India, tienen a la araña por un demiurgo originario, el primer ser de cuya sustancia a surgido todo lo que existe para el hombre, a modo de tela, con urdimbre y trama. La araña tejedora de la frágil realidad. Para los griegos, sin embargo, la araña es el demiurgo castigado por compararse a lo dioses. Los musulmanes identifican a las arañas negras como algo negativo, a veces con el mal de ojo. Sin embargo, tienen prohibido por el Corán matar a las arañas blancas. Además de como alma libre, la araña como símbolo de la adivinación es una constante en la mitología de muchos pueblos tan diferentes. En el Camerún, un adivino coloca ciertos objetos en la entrada de la cueva de una araña enorme. Durante la noche, la araña saldrá para alimentarse y revolverá los objetos dejando tras de sí un código que el adivino descifrará de acuerdo con las inquietudes del poblado. Los Incas tenían por un mal augurio que las patas de una araña adivinadora, que guardaban en una vasija oculta, se encontrasen completamente estiradas cuando era descubierta. Para los bambara de Mali, la araña denota un estado intuitivo especial sólo alcanzado por algunos iniciados. Según el Corán, la araña simboliza a quienes se alejan de Dios guardándose entonces en la casa más frágil. También en la Biblia el malvado se construye una casa de araña. Para aquellos pueblos vietnamitas el alma del hombre excepcional se manifiesta no como una araña, sino como una luciérnaga.


