Polvo de estrellas

La vida comenzó en las estrellas. Somos el resultado de polvo de estrellas, lo que no significa que nuestros padres fueron alguna vez famosos, aunque no los haya más célebres para nosotros, sino que los elementos de los que estamos hechos, incluido el abundante carbono, fueron forjados en el interior de estrellas masivas que, siendo raras, se extienden por todo el Universo. Polvo compactado, complicado de vida y conformado por el proceso evolutivo, eso es lo que somos. Al igual que nosotros, la totalidad del planeta es polvo compactado, también complicado de vida. Como nosotros, la Tierra está conformada por el proceso evolutivo, y con el resto del Universo puede afirmarse que somos entidades históricas. Durante miles de años vivimos en simbiosis con ella hasta que hemos terminado por convertirnos en su enfermedad, una especie de patología cutánea de etiología autoinmune caracterizada por el color ceniciento y la falta de flexibilidad del hormigón, que se extiende como un cáncer y que, finalmente, ha infectado su sistema respiratorio. El equilibrio simbiótico se ha roto para dar paso a una relación parasitaria, haciendo que el planeta se defienda en un desesperado intento de salvaguardar la homeostasis. Somos la conciencia envejecida del Universo, la parte herida, esclerotizada, de su sistema nervioso. Quiero, no obstante, observar al Sol para comprender de donde viene aquello de lo que estoy hecho. Tiene el 99,9% de la masa de todo el Sistema Solar y el 98% de la masa del Sol es hidrógeno y helio. Consume materia para generar la energía que me da la vida en un corazón que ocupa tan sólo el 1,5% de su volumen total. Este pequeño corazón es tan denso que contiene el 50% de su masa, dando lugar a una presión de trescientos mil millones de veces la presión atmosférica en la superficie terrestre y a una temperatura de quince millones de grados. En esas condiciones los protones se mueven con mucha rapidez colisionando entre sí. Sin embargo, por cada 2.000 millones de protones sólo un par de ellos al año superarán la repulsión electromagnética y se fusionarán generando un núcleo de hidrógeno. El hidrógeno asimilará un protón más rápidamente, dando lugar a helio. En estas fusiones el Sol pierde masa en forma de energía que libera al exterior. Concretamente, pierde 4,3 millones de toneladas cada segundo, y así ha sido durante los últimos 4.500 millones de años. A pesar de todo, hasta ahora sólo ha liberado menos del 1% de la cantidad de hidrógeno que contenía en el inicio del proceso. Así de inmenso es el Sol. Y sin embargo, no es suficiente. Tiene aproximadamente 1.038 veces la masa de Júpiter y aún así no es lo suficientemente masivo como para generar elementos más pesados que el carbono. Estos se gestan en estrellas mucho más grandes, cuya frecuencia en el Universo sólo es del 10%. Dentro de 4.000 millones de años nuestro Sol habrá consumido todo el hidrógeno y el helio disponible. Entonces quedará reducido a una roca de carbono. Irónicamente, y como atestiguando nuestra estupidez a la hora de valorar las cosas, el Sol dejará de tener valor cuando se convierta en un gigantesco diamante.

Dulce Bess

Tengo amigos que la han visto y ahora les reprocho que no me hayan advertido sobre ella. Horas después todavía me obsesiona. Es una película muy especial, compleja, emocionalmente intensa, psicológicamente agresiva, que te absorbe en una reflexión dolorosa. Muestra la bondad incomprendida, abandonada, humillada, torturada, aplastada y condenada por el hombre. Un amor y una fe inquebrantables llevados hasta el sacrificio por haber sido injustamente asociados a una espiral autodestructiva. Sólo al final esa bondad es reconocida, pero hubo de serlo por algo mejor que nosotros mismos. Ansié abrazar a alguien después de ver este drama devastador. Una película excelente, que sin embargo no recomendaré. (***)

Comentario a “Rompiendo las olas de Lars von Triers, escrito por romo y publicado además en Filmaffinity

El colapso de la hucha

Sí a la crítica de una sociedad que hace del individuo un objeto más, que lo esclaviza con falsas necesidades, que lo domestica con un consumismo exacerbado, que lo condena a la mediocridad que exalta, que lo controla atiborrándolo de cosas, que lo “cosifica”. Definitivamente no a los métodos de reacción fascistas en los que vemos una variante más de la persona reducida a la llana estupidez. Tan patéticos me resultan los hombres de gris adorando el papelito verde, como aquellos de negro aclamando cual borregos los delirios de un descerebrado. Pero la película como historia es vulgar cuando no plagada de absurdos que no encuentro estéticamente justificables. (**)

Reseña crítica de “El club de la lucha” de David Fincher, previamente publicada por romo en Filmaffinity

Amantes

Eso del hombre experto amante, conocedor enciclopédico de los misterios del cuerpo femenino, hábil pulsador del punto G y otros muchos; y muchos son los puntos que gana en ese arte por ser atleta sin igual, cada vez que se propone usar el pincel. En cuyos brazos inevitablemente cae la mujer desde más allá de siete cielos, finalmente rendida ante la obra del artista. Eso del genio explorador, que se basta a sí mismo para causar la erupción volcánica de la base del cuello y demás tierras conocidas, que descubre otras muchas a las que obliga a reaccionar con violencia semejante; que, como ilegales tras años de aprendizaje viendo la televisión, más que montando en bicicleta, parecen nacidos con un champú en lugar de un pan bajo el brazo, el mismo desencadenante de la experiencia orgánica. Eso, propio de mecánicos que hacen y deshacen en los bajos de vehículos curvilíneos, mecanógrafos de ágiles dedos causando 200 pulsaciones, pintores de brocha gorda y pinceladas inquietas, fieras de espaldas marcadas, gimnastas que parecen prolongar miembros superiores además de inferiores, incansables exploradores de cuevas y cordilleras, sedientos insaciables que ven oasis por doquier y beben lo que les echen, y aquellos casanovas que explotan supernovas en toda mujer. Eso, amigos, es sólo un mito. Y si fuera tan retorcido como lo son estas líneas, diría que está alimentado por lo que me parece una concepción machista de la sexualidad. El que resulte fantástico depende de la pareja. Se trata de una labor de equipo, aunque llegará el momento en que el olvido del otro forme parte esencial de la colaboración. Y es la confianza, de nuevo, la clave del éxito. Será tu sensibilidad, tu comportamiento fuera de la cama, tu respeto y amor por ella en ámbitos tan extraños al dormitorio lo que te hará merecedor de su confianza. Este regalo es el que te convertirá en el mejor amante. Cómplices en el amor, de eso se trata. Un diálogo de física y química y no un monólogo, por inspirado que pueda parecer. Olvídate de conocimiento inferido por la cantidad y busca la calidad del conocimiento. Partid juntos y sentid que cada uno sois un universo para el otro. Evitad ser el turista que por querer verlo todo no disfruta nada, o el que dice conocer el mundo entero, mas sólo ha estado en aeropuertos. Amaos y no perdáis el tiempo.

Clarividencia

Algunas personas demuestran capacidades premonitorias realmente sorprendentes. En ocasiones es azar, pero el azar parece “doblarse” a su favor. Ocurre demasiadas veces o con insólita precisión. Personas, se dice que intuitivas, a las que algunos atribuyen algún tipo de facultad extraordinaria. Por supuesto, no me estoy refiriendo a toda esa masa de impostores que negocian con las inseguridades de, sorprendentemente, muchos incautos o, tristemente, necesitados de atención, ávidos hasta de sucedáneos de ficticia empatía. Esas actividades no son honradas y las administraciones públicas deberían proteger de parásitos semejantes a tantas personas, sin duda vulnerables. No me refiero a los farsantes que hacen de la farsa su modo de vida, acumulando el oro al tiempo que manosean vidas emocionalmente deficitarias o tan ingenuas. Pienso en personas que demuestran habilidades clarividentes de forma natural, en la cotidianidad, en especial con los más cercanos. Se me antojan personas dominadas por un componente intuitivo en el procesamiento de la información sensorial. En las que procesos lógicos se agolpan a nivel inconsciente allí en lo profundo, la agmídala, el sistema límbico, o donde sea que encuentren cobijo. Procesos que sólo en los caracteres más analíticos son conscientes sin un aprendizaje previo, dejando esos recónditos lugares para marearse en circunvoluciones corticales. Gentes intuitivas que “sueñan” despiertas y en las que únicamente conclusiones terminan por emerger, como icebergs en mares profundos, a un nivel consciente. Dado que, casi repentinamente, parecen sustentarse sobre la nada, el fenómeno es interpretado por crédulos observadores como fantástico o incluso mágico. Paradójicamente, se trata de un procesamiento inconsciente, pero no irracional en el sentido de ilógico, de una variedad de fuentes de información que tampoco se explicitan. El tono de la voz, un atisbo de ictericia, una reacción particular a una determinada interpelación, ya sean parpadeos, la desviación refleja de la mirada, incluso la orientación de la misma, dedos retorcidos…, son sólo algunos ejemplos de una ingente diversidad de modos de comunicación interpersonal no verbal. Algunas personas, sin pretenderlo, se muestran expertas en el desciframiento de este lenguaje. Es un conocimiento que viene dado por la experiencia de una vida que se desploma desde siempre con la persistencia del rocío sobre una sensibilidad especial. No han estudiado estos asuntos, a menudo ni siquiera han estudiado otros. Personas liberadas de estudios que funcionan como estrechos corsés canalizando, priorizando, y así empobreciendo, nuestra forma de percibir el mundo. Contaminando este tipo de capacidades que calificarías de primitivas.

Inteligencia emocional

La inteligencia es un concepto extremadamente impreciso. Admitamos por un momento que la inteligencia es aquello que miden los test de inteligencia. ¿Pero qué significa esto? Para algunos, la inteligencia sería un conjunto de habilidades racionales más o menos independientes que pueden ser cuantificadas mediante una serie de ejercicios numéricos, espaciales…etc. Para otros, existe un factor general que también se puede medir con algún tipo de cuestionario lógico, previamente precisado con inteligencia. Huelga decir que tal precisión está determinada por la cultura creadora del test, ya que, en realidad, la cultura conforma la inteligencia y lo que se entienda por ella. En este sentido, los tests pueden no ser extrapolables y su utilidad ciertamente es limitada. Curiosamente, detrás de este tipo de tests no hay una idea demasiado precisa de lo que es la inteligencia, sino que se pretende medir habilidades que luego sirven para crear una descripción teórica de lo que debe ser la inteligencia. Así, sirven de experimentos que tratan de aprehender un factor que prediga el éxito personal y social de una persona y entonces, definirlo como inteligencia. Sea lo que sea lo que midan, es evidente que fracasan en este empeño, pues con cierta frecuencia los individuos que más puntúan en dichos tests tienen un marcado déficit social y viceversa. Cada vez más psicólogos reconocen la importancia de un componente emocional en la inteligencia. Razón y emoción se entrelazan de forma compleja, de tal manera que nuestra reactividad emocional influencia todos nuestros procesos mentales, incluidos aquellos erróneamente considerados como puramente racionales. Nuestra reactividad emocional viene dada no sólo por nuestra herencia sino, muy especialmente, por nuestra historia personal, que en las fases tempranas del desarrollo llega a influenciar la propia fisiología cerebral. Es la responsable de nuestra capacidad de empatía, que nos permitirá anticipar sentimientos en nosotros y en los demás. Esta información es clave en la toma de decisiones, puesto que determina nuestra escala de valores en la vida, la cual estableceremos de acuerdo con nuestra memoria emocional y capacidad de reproducir el impacto emocional, en nosotros y en los demás, de escenarios imaginados ligados a nuestra libertad de acción. El establecimiento sentido y razonado de aquella jerarquía, su armonización con la voluntad y el instinto, su flexibilidad con el aprendizaje, y su uso clarividente en la vida, son para mí reflejo evidente, difícilmente cuantificable, de muchas de las caras del complejo prisma que es la inteligencia.

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