Autocrítica del post

Un amigo me envía consejos para escribir posts, previamente publicados en un blog que lleva por subtítulo “consejos para blogs”. De la docena de consejos recibidos sólo creo cumplir aquellos relacionados con el cuidado que dedico a los posts antes de “lanzarlos”. Ciertamente, procuro leerlos varias veces antes de su publicación, y, aunque alguna vez he presumido de no cometer faltas de ortografía desde antes de cumplir los catorce, soy consciente de que alguna de estas malas hierbas habrá luchado por germinar, luego el repaso que dedico a cada uno de mis engendros atiende a este asunto también, que puede resultar tan embarazoso. Con el post casi siempre expreso mi opinión, aunque quizás con más frecuencia exprese la de otros. La presencia permanente de ese inquietante espacio lechoso que se abre a continuación de cada uno de esos muros de ladrillo, busca ávidamente la tuya. Pero de los seis primeros consejos, quizás los más relevantes, no sigo ninguno. No escribo pensando en el lector, sino en mí, lo cual no quiere decir que no encuentre estimulante el hecho de que las cosas que deseo expresar puedan ser interesantes para otros. No suelo escribir para ti, pero supongo que siempre escribo para ser leído. Escribo para mí porque me sirve de memoria, de block de notas, me ayuda a conocer lo que me rodea, a través de la reflexión, y a conocerme mejor, a través de la meditación. Sí, has “oído” bien. La escritura supone a veces para mí una suerte de vía de escape que me libera de los humos de una combustión interna que no puedo evitar. Soy presa de un ansia por saber cuyo subproducto fatal quizás sean textos oscuros que aspiran a ser contaminantes. Te entrego las cenizas con la esperanza de que las encuentres útiles como abono de ideas propias, mientras me regocijo en explorar mi propia naturaleza y, con ello, la tuya. Dice un consejo: “evita las palabras innecesarias, la retórica aburre”. Las palabras, jodidas palabras. Muchas veces, mi preocupación es menos estética que la búsqueda de la precisión. Me preocupa no resultar vacío y, si a menudo recurro a metáforas es para explorar diferentes posibilidades del sentido, siendo víctima de una obsesión enfermiza por fijar la idea, incluso el sentimiento. Sin embargo, soy consciente de que el texto te pertenece. Como tú lo interpretes es algo que está fuera de mi control. Desde luego, no escribo frases cortas que vayan al grano, sino párrafos densos que levantarán alergias. Como cualquier otro, este no es un blog exento de vanidad, pero no será igual a ninguno. Es indisciplinado, adrede no se deja aconsejar ni dominar, y es que no montarás este purasangre sino es comprometiéndote con él.

Crítica de la teología natural

Son presupuestos básicos de la teología natural que Dios es la causa primera de todo lo que existe y que interviene en el mundo a través de las leyes naturales. Presupuestos racionalmente inexpugnables, por estar fuera del alcance de la ciencia, aunque probablemente innecesarios. Resulta sorprendente, sin embargo, que algunos teólogos acusen a la ciencia de dogmática cuando se instala en un prejuicio materialista. Entonces hacen hincapié en un componente ideológico que a veces acompaña a las afirmaciones científicas. Pero esta ideología resulta del hecho de que la ciencia, al igual que la religión, no es cosa de máquinas. Es más, tales prejuicios con frecuencia juegan un papel positivo en la elaboración de hipótesis y contribuyen al progreso científico. Sin embargo, es justo recordar una diferencia sustancial con la religión, repleta de ideología, y es que la ciencia demuestra humildad intelectual al reconocer en el corazón de su método la provisionalidad de las teorías científicas, así como el sometimiento a la evidencia empírica. La ciencia se encuentra en continua revisión, sometiendo a juicio experimental sus asertos más osados, no así me lo parecen las explicaciones teológicas, generalmente aferradas a una tradición con empeño irracional. Estos teólogos afirman la teología natural insistiendo en aquellos aspectos que la ciencia no puede explicar todavía, o quizás nunca lo haga, para dar una suerte de soporte científico a lo que en realidad son afirmaciones basadas en la fe. Mi crítica no es a la intuición a través de una fe personal (que puede ser compartida), ni siquiera a la reflexión filosófica encaminada a hacer racionalmente comprensible la propia fe, sino al vestido pseudocientífico con que se pretende su justificación. No es a su legítima defensa frente a los abusos de la ciencia, sino a su utilización para apuntalar los propios prejuicios. Por ejemplo, a veces se afirma la existencia de Dios porque la ciencia no puede explicar el origen del universo a partir de la nada, pero esto es un abuso, pues entonces se ignoran cosas como que no hay motivo para pensar que ha debido de ser así. La nada podría no ser más que un absurdo, una trampa del lenguaje, de manera análoga al hecho de que el cero no es verdaderamente una cifra, aunque sirva a la expresión matemática. Otro ejemplo, frente al principio cosmológico antrópico se tildan de meras especulaciones a las hipótesis físicas que se refieren a múltiples universos, lo cual está justificado, pero no se aplica el mismo rigor intelectual a una explicación teleológica, que es la que se pretende defender con la falta de evidencia empírica de las primeras. Curiosamente, hay quien afirma la existencia de Dios porque la realidad es racionalmente inteligible, ya que debe existir una inteligencia responsable del orden natural. Pero de nuevo se comete un abuso, pues la realidad podría aparecer ordenada precisamente porque se analiza a través de la razón, de la misma manera que calificaríamos de pedregosa a una playa después de hacer pasar toda la arena a través de un determinado tamiz. Paradójicamente, hay quienes proceden de manera contraria a la teología natural para defender la misma conclusión, cuando sostienen que es en lo que se ha perdido durante la aprehensión racional, y no en el orden impuesto por el tamiz, donde reside el misterio.

Piel de lagarto

Un muermo, de acedía enfermo, pusilánime, débil y perezoso. Usurero, negligente, soberbio y vanidoso. Adulador y agresivo, impertinente, arrogante y altivo, ambicioso. Arribista y negativo, insolente, misántropo e irritable, ansioso. Chovinista y vengativo, mala gente, huraño, aburrido y tacaño, mentiroso. Egoísta y avaro, decadente, altanero, cursi y malvado, codicioso. Hipócrita y cruel, desobediente, bruto, corrupto e infiel, celoso. Mezquino y osado, displicente, delator, falso y depravado, orgulloso. Déspota y entrometido, prepotente, dipsómano y presumido, temeroso. Cínico y venal, impaciente, chulo y desleal, presuntuoso. Fanfarrón y bocazas, imprudente, fariseo, necio, glotón y manazas, envidioso. Reaccionario e indiscreto, diletante, felón, traidor y paleto, defectuoso. Sectario y gazmoñero, ignorante, frívolo y grosero, chismoso. Homófobo y fanático, incompetente, machista y apático, vicioso. Demagogo e ingrato, indecente, narcisista y mojigato, casposo. Perverso y miserable, insolente, infantil, vil y cobarde, miedoso. Cotilla y obstinado, negligente, misógino e interesado, insidioso. Testarudo y obcecado, indolente, obsceno y mal hablado, ocioso. Abúlico y resentido, impotente, promiscuo y engreído, odioso. Indigno y reprimido, inoperante, inmoral y libertino, rencoroso. Rufián y provinciano, intolerante, injusto y ufano, lujurioso. Desvergonzado y mediocre, pedante, infame y torpe, caprichoso. Mas si nada de esta piel vieses en él cada día, querida mía, sospechoso.

La Cosa Nostra siciliana

Se cree que la Cosa Nostra surgió durante la primera mitad del siglo XIX, de los cuerpos de seguridad privados contratados por los ricos terratenientes de Sicilia para proteger sus intereses de las revueltas de los campesinos. Su organización es claramente piramidal. Cada Familia está formada por al menos una decena de soldados u “hombres de honor”, aunque las hay en Palermo con más de 200. Grupos de 10 soldados o decinas son mandados por el capodecina. La Familia entera está gobernada por el capo, que teóricamente es elegido por el resto de miembros. El capo nombra a un adjunto o vice capo, además de un consiglieri. Las Familias dentro de un área geográfica se agrupan en un mandamento dirigido por un capomandamento, a su vez escogido por una Comisión Provincial por un período de tres años. Hay algo más de un centenar de Familias en la isla, casi todas en la provincia de Palermo, integradas por unos 5000 iniciados. Son muchas las pruebas que revelan los vínculos entre la Democracia Cristiana y la Cosa Nostra en el pasado. En los últimos tiempos, sin embargo, se sospecha que esta organización criminal ejerce su influencia política en Italia a través de Forza Italia. En 2003, el arrepentido Antonio Giuffrè, chófer del capo di tutti capi, Bernardo Provenzano, declaró ante el tribunal de Palermo que Marcello Dell´Utri, presidente de Publitalia, la empresa de publicidad de Fininvest, a su vez el conjunto de empresas mediáticas de Silvio Berlusconi, que los contactos de este con la Cosa Nostra habían sido frecuentes durante los años 80. Antes de esto, en los 70, los empresarios ricos vivían en un clima de inseguridad en Italia, con frecuentes secuestros y asesinatos. Berlusconi, que temía ser víctima de un secuestro, contrató como mozo de cuadras en su villa de Arcore al mafioso Vittorio Mangano. Este personaje le fue presentado por Dell´Utri para lograr su protección. Con la excusa de visitar a Mangano, pasaban por Arcore toda una pléyade de mafiosos, que, según Giuffrè se reunirían además con el político italiano. El arrepentido declaró también que Forza Italia y la Cosa Nostra forjaron un acuerdo de colaboración en esos años, y que el capo Provenzano llegó incluso a afirmar que con el nacimiento de Forza Italia en 1993 de la mano de Berlusconi, los problemas de la Cosa Nostra se resolverían en el plazo de 10 años. Lo cierto es que Berlusconi no tuvo problemas con la mafia en aquellos tiempos turbulentos, y se sospecha que Sicilia votó en masa a su partido político en las elecciones de 1994 y 2001 (en ambas Forza Italia salió victoriosa), en buena medida gracias a la influencia de la Cosa Nostra en la isla. Por otro lado, Provenzano logró permanecer huido de la justicia durante 43 años, hasta que fue detenido en abril del año pasado en Corleone (dónde si no), precisamente el mismo día en que el partido de Berlusconi perdía las elecciones legislativas.

Once

El célebre charlatán Uri Geller interpretó la tragedia del 11 de septiembre según las supuestas propiedades mágicas del número 11, “una puerta de entrada hacia los misterios del más allá”. Para ilustrar esta fantasía destacó algunas coincidencias sorprendentes que paso a relatarles a continuación. La fecha del atentado es el 11/9 y 1+1+9 = 11. El 11 de septiembre es el día número 254 del año y 2+5+4 = 11. En aquel 11 de septiembre, al año le restaban 111 días para terminar. El prefijo telefónico de Irak es 119 y, de nuevo, 1+1+9 = 11. El primer vuelo que impactó con las torres gemelas era el vuelo 11 de American Aerlines (AA). Dado que la A es la primera letra del alfabeto se puede identificar a la compañía como 11. Ese avión llevaba 92 personas a bordo y 9+2 = 11. El segundo vuelo tenía 65 pasajeros y 6+5 = 11. El Estado de Nueva York fue el 11º en sumarse a la Unión. El número de letras que contiene New York City y “The Pentagon” son 11, las mismas que los nombres Mohamed Atta, el terrorista que pilotaba uno de los aviones y George W. Bush, el terrorista que posteriormente invadirá Irak. Once letras también tiene el nombre Ramzi Yousef, el hombre que organizó el atentado de 1993 contra el World Trade Center. Si se considera que el cero es nada y, por consiguiente, no es una cifra, sino ausencia de cifra, entonces los edificios tenían 11 pisos y, puesto que los secuestradores vivían en la dirección 10.001, obtendríamos de nuevo el 11. Finalmente, el número de identificación del buque de la Armada Americana que estaba en el Golfo Pérsico durante el atentado es 65N y 6+5 = 11. Podríamos continuar abriendo puertas al más allá de manera casi indefinida, dependiendo del aprecio que dediquemos a nuestro tiempo. Esto se debe a la existencia de una infinidad de sucesos, vagamente o no, relacionados con el 11S expresables de forma numérica. Después realizaríamos la selección conveniente, aquella que represente la coincidencia mágica. Sin embargo, cuando se tienen en cuenta las leyes de los grandes números la probabilidad de tales coincidencias es mucho mayor de lo que podría parecer a primera vista. El presentarlos todos juntos dará la impresión de una confluencia casi milagrosa, evidencia racional de la capacidad clarividente del avispado profeta, mas no me resisto a recordarles que 11 es también la organización nacional de los que no ven.

La intuición esperanzada

En una película tan genial como “Manhattan”, Woody Allen se refiere al cerebro como al más sobrevalorado de nuestros órganos. Sostengo la creencia de que es saludable que una parte sustancial de la vida no se someta deliberadamente al análisis racional o, por el contrario, habrá perdido su significado original. Aprehender racionalmente ciertos aspectos esenciales de nuestras vidas implica distanciarnos de ellos lo suficiente como para suponer una pérdida, en mi opinión lamentable. Generalmente, la ganancia explicativa al respecto es ridícula en comparación con la que supone el sentirnos transformados por ellos. De hecho, muchas veces tienen su lugar en la vida, con permiso de nuestras meditaciones. Sería como habituarnos a relacionarnos con un cuadro a través del análisis técnico y la reflexión sesuda, evitando el vivir una experiencia estética verdadera, que básicamente es una experiencia intuitiva y personal de descubrimiento de nosotros mismos, y así de los demás (sospecho que alguien como Schopenhauer introduciría aquí el siguiente matiz: “y así de todo lo demás”). En el fondo se trata de un problema de confianza. Opino que una vida sin confianza se verá dominada por el miedo. Su síntoma más evidente consiste en una cierta acumulación que responde a una necesidad de control. Acumulación que en las formas más embrutecidas es de objetos materiales, pero existen otras manifestaciones más sensibles del mismo fenómeno. La célebre sentencia socrática “solo se que no se nada” ilustra la insatisfactoria acumulación del hombre sabio, por ejemplo. El progreso científico se me antoja más una consecuencia de esta inseguridad que de la curiosidad humana. Pero el control absoluto es una entelequia, de la misma manera que los números enteros no abarcan por entero a los números, pues constituyen una infinidad. Proceder en la vida básicamente mediante la razón supone particularizarla y hacerla encajar en un sistema que siempre será demasiado rígido. Esto conlleva una simplificación inevitable y, por consiguiente, alguna pérdida, que esperamos prescindible de acuerdo con algún criterio principal. Por ejemplo, podríamos tener en la utilidad un principio preferible y hacer pasar nuestra vida por semejante tamiz. Lo inútil sería así menospreciado. De acuerdo con esto, juzgaríamos el amor en función de si nos resulta útil o no, lo cual, en el mejor de los casos, sería una lástima. En cambio, una alternativa interesante para mí, consiste en reconocer el amplio margen de incertidumbre, limitando en lo posible la propia intervención, de tal forma que podamos identificar cómo todo tiende a ocupar su lugar natural, incluido yo mismo (esta intuición es completamente irracional y difícil de explicar). La manera de superar la ansiedad que acompaña a la renuncia del control sería a través de la esperanza. Este es un argumento sutil, susceptible de ser malinterpretado como una suerte de pasotismo ignorante, y es verdad que un cierto quietismo, una falta de compromiso, una forma de cobardía, una miopía conformista, son variantes pervertidas de este intuir esperanzado. En realidad, la aceptación de la incertidumbre como parte de la esencia de la vida no está exenta de riesgos y compromisos, que merecen ser asumidos, pues sólo así la esperanza cobra sentido, pero consistirá en una actitud humilde y respetuosa con lo que nos rodea, liberada de la orgullosa precariedad del concepto.

El silencio

Resulta irónico que un albañil de la redacción, no por modestia y menos aún por su capacidad de sacrificio, sino por ser forjador de ladrillos, que hace tragar mientras se ríe de su propia vanidad, que en su majestad es un vicio. Autor al que asustarían los puntos y aparte, si fuese capaz de verlos en aquello que pretende menos llegar a ser arte, que contribuir a asearte. Que se refiere a tantas cosas que cree saber, como que no sabe, mas sabe que a veces ni cree, lo cual es más grave. Tan aficionado a la palabrería que corre el riesgo del charlatán, que vive todas las novelas y de saberlas todas hace alarde, pero que no vive ninguna vida por cobarde. ¿Qué clase de saber? ¿Acaso para él no es ya tarde? Resulta irónico, digo, que un tipo así, suspendido en la vida, aprobado en el suspenso, colgado de una viga, con los ojos entornados, la lengua azulada, el cuello extenso y los labios sellados, nos salga ahora con la nobleza del silencio, el muy villano. En el arte de callar dice el abate Dinouart, que el silencio es dominio de sí y de los demás. Que sólo se ha de dejar de callar cuando se tiene algo más valioso que decir que el silencio. Que cuanto mayor sea nuestro deseo de decir algo, más recomendable es que nos lo digamos primero a nosotros mismos. Que procedamos con prudencia, pues sin paciencia arrasamos, y es que deseo semejante suele ser motivo suficiente para callar. Que retengamos muchos pensamientos, que permitamos al silencio hablar. Que no disfracemos ninguno, que no traicionemos ninguno, que seamos honrados en nuestro ayuno. Y agrego yo, ¡aceptemos el regalo del honor!, que se pueden ocultar verdades sin cubrirlas de falsedades. Que ocultarlas con silencio a menudo es revelarlas con generosidad, que demasiadas palabras solo son vanidad. Resulta irónico, es verdad, que un albañil de la redacción, no por modestia y menos aún por su capacidad de sacrificio, sino por ser forjador de ladrillos, nos venga a dar lecciones de humildad, que en su majestad es un vicio… Sshh!, silencio.

Margarita Cansino

Dice la leyenda que el famoso cocktail “Margarita” lleva su nombre después de haber bailado en Tijuana. Nació en Nueva York el 17 de octubre de 1918. Su padre, Eduardo, español de Sevilla, también era bailarín, además de un alcohólico. El alcoholismo de su madre era todavía más evidente. Quería servir para huir de una realidad que incluía los malos tratos físicos y abusos sexuales que Eduardo cometía con su hija. Habían emigrado a la costa Oeste en busca de fortuna, pero quedaron en la ruina con la crisis de 1929. Eduardo decidió utilizar a la niña. Aún no era una adolescente cuando ya la disponía sobre las rodillas de los principales ejecutivos de Hollywood, incluido Winfield Sheehan, jefe de producción de la Fox, con rijosa intención y pocos escrúpulos. Finalmente, logró introducir a Rita en el mundo del cine, pero sus primeros papeles fracasaron estrepitosamente. Con el tiempo, Sheehan fue despedido y Eduardo decidió que Margarita debía encontrar un lugar entre los brazos de otro hombre influyente, Eddie Judson. Este consiguió que Harry Cohn, presidente de Columbia Pictures, le ofreciese un contrato. Como condición debía cambiarse aquel apellido español, así que adoptó el de su madre. A partir de entonces sería conocida como Rita Hayworth. Para huir de su “hogar” Rita se casó con Judson en 1937. Había escapado de su padre, pero llevó consigo un daño indeleble. Su físico sufrirá una transformación radical, adelgaza notablemente y pierde el oscuro color de su cabello. Convertida en pelirroja le llegará el éxito con “La pelirroja”, y, más tarde, “Sangre y Arena” la convierte en un icono sexual a comienzos de la guerra. Harry Cohn también la desea y su propio marido quiso utilizarla empujándola hacia él. Rita rechazó sus propuestas sexuales y abandonó a Judson. Fue después cuando conocería a Orson Welles con el que se casa en 1943. Tres años después se estrenaría “Gilda”, lo que, a pesar de los desprecios de Cohn, definitivamente hace de ella un mito erótico cinematográfico. La abrasadora bomba de hidrógeno que se ensayó en las bikini llevaba la imagen de esta bomba sexual, con la que cada soldado del ejército americano soñaba poder ver en bikini con el arma en la mano. Fue durante el rodaje de “La dama de Shangai” que se separaría de su compañero de reparto. Más tarde quedaría embarazada del excéntrico cineasta Howard Hughes. Viaja a París y conoce al príncipe Alí Khan con el que se casa en 1949. Deja el cine y se convierte en una alcohólica. Separada del príncipe, regresará a Hollywood. Se casa de nuevo. Esta vez con el cantante Dick Haymes, personajillo que tampoco dudará en utilizarla. Se divorcia en 1957 y participa con cierto éxito en varios filmes. Su quinto marido fue el productor James Hill, del que se separaría en 1961. Presa del alcoholismo y de la melancolía, siendo ya inolvidable, lo olvidará todo después de su matrimonio con el Alzheimer.

Delicatessen from USA

Pronto llegará a nuestros cines “una manita de pelis con buena pinta”. Compartir este interés quizás resulte estimulante, así que aquí os dejo algunos de los títulos que más me seducen de entre todo lo que llegará a las salas españolas. Me temo que las cinco son delicias americanas. Que os aproveche, a pesar de todo.

Promesas del este

La última película de David Cronenberg, autor de un clásico como “Videodrome”, es para mí su mejor trabajo. Una historia dentro del contexto de las mafias rusas en el Londres de nuestro tiempo, que casi sería vulgar, aunque magistralmente protagonizada por Viggo Mortensen, sino tuviese la inconfundible impronta de su director. Este autor tiene un talento especial, una agudeza psicológica poco común que lo hace tan inquietante como reconocible. Es una película explícita, oscura, sin embargo más cerca del “El padrino” que de “Uno de los nuestros”, aun siendo inferior a cualquiera de los dos. Una obra con rostros reveladores de una tensión que les deforma la sonrisa. Durante buena parte de la historia asistes a la exhibición de un interior cruel y atormentado por su propia conciencia, como lo fue el de William Munny, decidido a proceder “Sin perdón”. Luego se produce un punto de inflexión que te hará replantearte lo que hayas visto hasta entonces. Con todo, no logras sacudirte de encima la incertidumbre moral que acompaña a Nikolai. Tal y como ya hiciera en “Una historia de violencia”, Cronenberg pone de manifiesto una naturaleza humana contradictoria cuya tersura es la de la piel cenicienta adherida al cadáver. Ambigüedad que llevará hasta las últimas consecuencias y hasta las últimas secuencias, una vez destronado el rey. (***)

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