Polvo inteligente

Todavía admitiendo la pobreza de mis obsesiones, sirva de aviso a navegantes que no es este un escrito sobre el encuentro sexual en el que se lee a Shakespeare mientras dura el coito; ni tampoco aquel en el que se agitan las caderas de una Mesalina a la búsqueda de un embarazo conveniente, sino de nanotecnología. La empresa Intel y la Universidad de California en Berkeley han desarrollado ordenadores del tamaño de motas de polvo que funcionan de manera autónoma con la ayuda de pilas, y que hacen uso de enlaces inalámbricos para intercambiar información. La idea es liberarlos a millares en un área determinada con el fin de formar una red de sensores perfectamente conectada entre sí. Existe un sistema operativo denominado TinyOs que proporciona una serie de programas al polvo que hacen posible que se organice en redes específicas. El polvo inteligente ya ha sido probado para informar a las tropas en situación de combate, además de en ciertos proyectos relacionados con la biología de la conservación. Así por ejemplo, los ordenadores fueron “espolvoreados” alrededor de los nidos de un ave en peligro de extinción, que habita las costas del noreste de los Estados Unidos, con el objetivo de detectar variaciones microclimáticas en su hábitat natural. El polvo contenía sus propias baterías, sensores de temperatura, humedad, presión, luz, además de sus propios sistemas de transmisión-recepción. Los datos correspondientes se transmitían de unas motas de polvo a otras y, finalmente, a un ordenador que suministraba la información vía satélite y la volcaba en tiempo real en Internet. Me pregunto si estará disponible la información desde el interior de los pulmones del pajarraco. ¡Bah!, no importa. Los especialistas están discurriendo nuevas aplicaciones del polvo inteligente, entre las que se encuentran su uso en el diseño de juegos de ordenador interactivos, de tal forma que varios participantes alejados en el espacio puedan compartir experiencias sensoriales plenas donde se incluyan la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Después de todo, es posible que el polvo inteligente alcance a ensuciar las obsesiones de este malo malísimo, Je, Je.

Las 100 mejores películas

A finales de los 80 algunos de los mejores críticos de cine de todo el mundo se pusieron de acuerdo en determinar las 100 mejores películas de la historia del cine realizadas hasta 1987. Me he permitido introducir dos modificaciones de la lista original. La primera fue sustituir el “remake” de El ladrón de Bagdag, por la versión original muda de Raoul Walsh. La segunda fue la inclusión de las dos primeras partes de El padrino de Francis Ford Coppola, que los cabezas cuadradas no habían considerado. He aquí el listado:

Ciudadano Kane de Welles; La regla del juego de Renoir; El acorazado Potemkin de Einseinstein; Fellini, ocho y medio de Fellini; Cantando bajo la lluvia de Donen; Tiempos modernos de Chaplin; Fresas salvajes de Bergman; La quimera del oro de Chaplin; Casablanca de Curtiz; Rashomon de Kurosawa; El ladrón de bicicletas de De Sica; Luces de la ciudad de Chaplin; Amanecer de Murnau; Madame de… de Ophuls; La gran ilusión de Renoir; Centauros del desierto de Ford; 2001 odisea del espacio de Kubrick; Con faldas y a lo loco de Wilder; Iván el terrible I y II de Einseinstein; Jules y Jim de Truffaut, La diligencia de Ford, De entre los muertos de Hitchcock; Los siete samuráis de Kurosawa; Cuentos de Tokio de Ozu; Andrei Rublev de Tarkovsky; Fanny y Alexander de Bergman; L`Atalante de Vigo; Viridiana de Buñuel; Ocho sentencias de muerte de Hamer; El tercer hombre de Reed; Cuentos de la luna pálida de agosto de Mizoguchi; Cero en conducta de Vigo; Vivir de Kurosawa; La trilogía de Apu de Ray; Melodías de Brodway de Minelli; Lo que el viento se llevó de Fleming; El halcón maltés de Houston; La dolce vita de Fellini; Hiroshima mi amor de Resnais; Roma, ciudad abierta de Rossellini; Sed de mal de Welles; La edad de oro de Buñuel; La pasión de Juana de Arco de Dreyer; El séptimo sello de Bergman; Amacord de Fellini; El intendente Sansho de Mizoguchi; La aventura de Antonioni; El maquinista de la general de Keaton; La vida de O-Haru, mujer galante de Mizoguchi, El discreto encanto de la burguesía de Buñuel; Napoleón de Gauce; Sacrificio de Tarkovski; Las noches de Caviria de Fellini; El ladrón de Bagdag de Walsh; Alexander Nevski de Einseinstein; Al este del Edén de Kazan; Alarma en el expreso de Hitchcock; El navegante de Keaton; La palabra de Dreyer; Alguien voló sobre el nido del cuco de Forman; Cenizas y diamantes de Wajda; Senso de Visconti; El espejo de Tarkovsky; Los mejores años de nuestra vida de Wyler; La rodilla de Claire de Rohmer; La tierra de Dovjenko; La tierra trema de Visconti; El gabinete del doctor Caligari de Wiene; Paisá de Rossellini; París bajos fondos de Becker; El ángel exterminador de Buñuel; Manhattan de Allen; El año pasado en Marienbad de Resnais; Pasión de los fuertes de Ford; Capricho imperial de von Sternberg; Avaricia de von Stroheim; A vida o muerte de Powell y Pressburger; El mago de Oz de Fleming; La novia de Frankenstein de Whale; La fiera de mi niña de Hawks; Si… de Anderson; La strada de Fellini; El imperio de los sentidos de Oshima; La reina de África de Houston; El gran dictador de Chaplin; Heimat de Reitz; Lawrence de Arabia de Lean; Signos de vida de Herzog; Ser o no ser de Lubitsch; Cita en San Luis de Minnelli; Monsieur Verdoux de Chaplin; Breve encuentro de Lean; Tierras lejanas de Mann; La parada de los monstruos de Browning; Moofleet de Lang; La noche de los muertos vivientes de Romero; Psicosis de Hitchcock; Rebeca de Hitchcock; Te querré siempre de Rossellini; El padrino I y II de Coppola.