Siniestro final para el siniestro

En 1988 la revista Nature publicó un estudio estadístico en el que se concluyó que las personas zurdas tienen una menor expectativa de vida que las diestras. Los autores, Dian Halpern y Stan Coren, confirmaron sus investigaciones en un estudio posterior, más detallado, que publicó la prestigiosa revista New England Journal of Medicine. Fueron muchas las noticias en los diarios que se hicieron eco del hallazgo. Por ejemplo, en el año 2001 el periódico The Guardian publicaba un editorial titulado “Los zurdos mueren jóvenes” y, ese mismo año, el Observer relacionó la noticia con investigaciones científicas más antiguas, que sugerían que las personas zurdas son más propensas a alteraciones del sistema inmunitario. Norman Geschwind elaboró una compleja teoría al respecto. Sin embargo, Phil Bryden y Chris McManus demostraron en 1994 que no existe dicha asociación, que las personas zurdas no sufren, por término medio, más desórdenes inmunológicos que las que no lo son. No obstante, quedaba por determinar si realmente los zurdos se mueren antes que los diestros, ya que los datos de Halpern y Coren parecían correctos, y a partir de ellos se había calculado una diferencia en la esperanza de vida de nada menos que de siete años, ¡lo que equivalía a fumar unos 120 cigarrillos al día! Lo cierto es que la idea de que los zurdos son menos longevos es un mito, pero resulta interesante observar dónde radicaba el error del estudio. Sus autores analizaron la frecuencia de la propiedad de ser zurdo en grupos de personas que habían muerto al mismo tiempo. Este tipo de estudios es susceptible de sesgos importantes si existiesen diferencias significativas en la frecuencia de partida de las características comparadas, y esto fue precisamente lo que ocurrió. Es un hecho que la frecuencia de personas zurdas se incrementa considerablemente a medida que nos adentramos en el siglo XX. Debido a que hay más zurdos entre las personas jóvenes, cuando se estudian personas que han muerto al mismo tiempo, jóvenes y viejas, se observa el efecto de que más jóvenes, por término medio, son zurdos, lo que llevó a pensar que los zurdos se morían antes. Pero ¿por qué hay más zurdos a finales de siglo que a principios? Probablemente, tanto factores genéticos como ambientales explican este hecho, pero los últimos son más fáciles de exponer. Aunque mi madre es zurda de nacimiento, en la escuela se le obligó a escribir y a realizar otras tareas con la mano derecha. Hoy es considerada una persona diestra, incluso por sí misma, pero recuerdo que, siendo niño, cuando la sacaba de quicio era la mano izquierda la que levantaba para darme una bofetada o amenazarme con la zapatilla. Sin duda, la presión social en contra de ser zurdo se ha relajado con el tiempo, al menos en los países occidentales, de ahí que la frecuencia de zurdos se haya incrementado progresivamente. Así pues, siniestros del mundo que gustáis de leer chorradas, podéis vivir tranquilos, pues moriréis como todo el mundo, tal vez mañana.