Dice el Tao te king que el hombre es blando y débil cuando nace y que al morir adquiere dureza y rigidez. Que plantas y árboles son tiernos y blandos al nacer, pero al morir quedan secos y enjutos. Por eso, lo duro y rígido va camino de la muerte, mientras que lo blando y débil va camino de la vida. Así, el arma rígida es destruida, el árbol rígido se quiebra. Lo duro y rígido es inferior, mas lo tierno y débil es superior.
Nuestra humanidad, ejemplificada en el respeto a la singularidad ajena, y así en el respeto de uno mismo; en nuestra capacidad de empatía, en los valores de compasión y solidaridad, no incrementará nuestra vulnerabilidad, sino la fortaleza de nuestro interior. La tierna espontaneidad del niño que todavía atesore el adulto será el apoyo fundamental de una vida en libertad. A lo largo de la vida morimos un poco en cuanto ganamos en dureza, porque lo que no es tierno carece de flexibilidad y no se adapta. Lo que deja de fluir no avanza y el duro se rompe en su violencia, porque la fuerza está en avanzar de acuerdo con todo lo demás. Esto no es dejarse arrastrar como un madero por la corriente, sino llegar a identificarse con el mismo camino que se mueve, y no hay nada más fuerte.

