Un mundo de sombras

Como le ocurría a Haley Joel Osment, en ocasiones veo muertos. Algo que suele ocurrir cuando me siento más vivo. Uno no se siente vivir por tener un sexto sentido, sino por evitar el distanciamiento de uno mismo, y uno se mantiene cerca de sí mismo cuando actúa espontáneamente. Uno no actúa espontáneamente por reaccionar de forma impulsiva o irreflexiva, sino cuando el movimiento nace con sinceridad, y uno logra ser sincero cuando puede sentir que se comporta de acuerdo con lo que piensa o siente de verdad. Uno identifica sus pensamientos y emociones como propios cuando no suspende su espíritu crítico en sociedad, y uno deja de sentir o de pensar no por decidirse a confiar, sino por dejarse clasificar. Uno no se deja clasificar cuando no importa tanto lo que piensen los demás, y no importa tanto lo que piensen los demás cuando uno escucha su interior ilimitado con humildad. Uno se abstrae del ruido exterior cuando es libre, y uno es libre no por ir en contra de las convenciones, sino cuando hubo decidido sobre ellas tras reflexiones o meditaciones. Uno no se deja clasificar cuando se pertenece a sí mismo, y no se pertenece a sí mismo cuando se pertenece a una clase. Uno pertenece a una clase cuando es cosa entre cosas, y uno es cosa entre cosas cuando se usa a sí mismo para conseguir otra cosa que no sea ser uno mismo. Uno se traiciona a sí mismo cuando usa a los demás, y uno usa a los demás cuando es la sombra de lo que es. Uno es la sombra de lo que es cuando se apaga la luz de su nombre, y es cuando se apaga la luz de su nombre que hace el camino a oscuras el hombre.

Nobeles de novela

A lo largo de la historia de la ciencia del siglo XX, descubrimos padres compartiendo el Nobel con hijos, prácticamente noveles en la investigación; linajes familiares enrollados como novelos, incluyendo a maridos y mujeres; y vidas novelescas relatando cómo padres e hijos por contrariarse reciben los Nobeles. En 1903 Marie Curie recibió junto a su esposo Pierre Curie y Henri Becquerel el premio Nobel de Física por sus investigaciones sobre la radioactividad, la misma que le causaría una leucemia mortal. Fue la primera mujer que ganó el prestigioso galardón. En 1911 ganaría el Nobel de Química por el aislamiento del radio, siendo así la primera persona que ganaba dos premios Nobel. La hija de los Curie, Irène, se casó con Jean Frédéric y terminaría por trabajar con su madre. Al igual que ella, muere de leucemia debido a la exposición a la radioactividad, así como su marido tan sólo dos años después. Al igual que en su caso, marido y mujer ganarían el premio Nobel. Fue en 1935 gracias al descubrimiento de la radiactividad artificial. En 1906, el Nobel de Física le fue concedido a Joseph J. Thomson quien propuso un primer modelo del átomo y demostró que el electrón era una partícula. Su hijo, George P. Thomson ganaría en 1937 el Nobel de Física por su descubrimiento de la difracción de los electrones. Es decir, por demostrar que el electrón es una onda. En 1915, William H. Bragg y su hijo William L. Bragg comparten el Nobel de Física gracias a su desarrollo de la espectrofotometría. W. L. Bragg se convierte así en el científico más joven en ganar el premio. Tenía 25 años. Niels H. D. Bohr gana en 1922 el Nobel de Física por su teoría atómica incluyendo un núcleo esférico. Su hijo, Aage N. Bohr obtiene idéntico galardón en 1975 por demostrar que el núcleo atómico no siempre es esférico. En 1924 Karl M.G. Siegbahn, pionero de la espectroscopia de alta frecuencia, obtiene el Nobel de Física por el descubrimiento de la refractación de los rayos X. Su hijo ganará en 1981 el mismo premio por su contribución a la espectroscopia electrónica de alta resolución. En 1929 Hans K. A. S. von Euler-Chelpin comparte el Nobel de Química por sus estudios sobre la acción enzimática. Su hijo Ulf S. von Euler gana el premio de Fisiología y Medicina en 1970 por sus descubrimientos sobre los neurotransmisores. En 1963 Andrew Fielding Huxley, nieto del “bulldog” de Darwin, Thomas Henry Huxley, y hermanastro del famoso escritor Aldous Huxley, autor de “Un mundo feliz”, así como del no menos célebre biólogo evolucionista Julian Huxley, gana el premio Nobel de Fisiología y Medicina por sus trabajos sobre la transmisión del impulso nervioso. En 1968 Luis W. Álvarez gana el premio Nobel de Física por la detección de partículas de resonancia. Sin embargo, se haría famoso por el descubrimiento, realizado junto a su hijo Walter Álvarez, de evidencias físicas de la caída, hace 65 millones de años, de un gran meteorito causando la repentina extinción de este escrito.

Siniestro final para el siniestro

En 1988 la revista Nature publicó un estudio estadístico en el que se concluyó que las personas zurdas tienen una menor expectativa de vida que las diestras. Los autores, Dian Halpern y Stan Coren, confirmaron sus investigaciones en un estudio posterior, más detallado, que publicó la prestigiosa revista New England Journal of Medicine. Fueron muchas las noticias en los diarios que se hicieron eco del hallazgo. Por ejemplo, en el año 2001 el periódico The Guardian publicaba un editorial titulado “Los zurdos mueren jóvenes” y, ese mismo año, el Observer relacionó la noticia con investigaciones científicas más antiguas, que sugerían que las personas zurdas son más propensas a alteraciones del sistema inmunitario. Norman Geschwind elaboró una compleja teoría al respecto. Sin embargo, Phil Bryden y Chris McManus demostraron en 1994 que no existe dicha asociación, que las personas zurdas no sufren, por término medio, más desórdenes inmunológicos que las que no lo son. No obstante, quedaba por determinar si realmente los zurdos se mueren antes que los diestros, ya que los datos de Halpern y Coren parecían correctos, y a partir de ellos se había calculado una diferencia en la esperanza de vida de nada menos que de siete años, ¡lo que equivalía a fumar unos 120 cigarrillos al día! Lo cierto es que la idea de que los zurdos son menos longevos es un mito, pero resulta interesante observar dónde radicaba el error del estudio. Sus autores analizaron la frecuencia de la propiedad de ser zurdo en grupos de personas que habían muerto al mismo tiempo. Este tipo de estudios es susceptible de sesgos importantes si existiesen diferencias significativas en la frecuencia de partida de las características comparadas, y esto fue precisamente lo que ocurrió. Es un hecho que la frecuencia de personas zurdas se incrementa considerablemente a medida que nos adentramos en el siglo XX. Debido a que hay más zurdos entre las personas jóvenes, cuando se estudian personas que han muerto al mismo tiempo, jóvenes y viejas, se observa el efecto de que más jóvenes, por término medio, son zurdos, lo que llevó a pensar que los zurdos se morían antes. Pero ¿por qué hay más zurdos a finales de siglo que a principios? Probablemente, tanto factores genéticos como ambientales explican este hecho, pero los últimos son más fáciles de exponer. Aunque mi madre es zurda de nacimiento, en la escuela se le obligó a escribir y a realizar otras tareas con la mano derecha. Hoy es considerada una persona diestra, incluso por sí misma, pero recuerdo que, siendo niño, cuando la sacaba de quicio era la mano izquierda la que levantaba para darme una bofetada o amenazarme con la zapatilla. Sin duda, la presión social en contra de ser zurdo se ha relajado con el tiempo, al menos en los países occidentales, de ahí que la frecuencia de zurdos se haya incrementado progresivamente. Así pues, siniestros del mundo que gustáis de leer chorradas, podéis vivir tranquilos, pues moriréis como todo el mundo, tal vez mañana.

¿Cómo se originó la vida?

Esencialmente lo ignoramos. Sin embargo, desde la publicación en 1953 del clásico experimento de Stanley L. Miller y Harold C. Urey, y de las hipótesis de Alexander I. Oparin a principios del siglo XX, la ciencia ha avanzado en este asunto de manera considerable. Con todo, puede decirse que las dos grandes líneas de investigación que existen en la actualidad hunden sus raíces en tales logros. Algunos científicos abogan por la aparición de un replicador primigenio, una macromolécula que albergase el software de la vida capaz de reproducirse. Hay evidencias que indican que el ARN surgió con anterioridad a las proteínas y al ADN, por lo que científicos como Walter Gilbert sostienen la tesis de que dicho replicador podría ser una molécula de ARN constituida a partir de una sopa de nucleótidos inertes. Un replicador que luego evolucionaría mediante selección natural. Sin embargo, su ensamblaje aleatorio es muy improbable (la probabilidad es inferior a la que tienes de ganar el premio gordo de Navidad cada año durante un milenio, en caso de que pudieras vivir un milenio), incluso la formación de un único ribonucleótido sería una proeza sin otra ayuda que el puro azar. Que yo sepa, no hay un solo experimento, tratando de reproducir las condiciones de la Tierra primitiva, que haya logrado la síntesis espontánea de nucleótidos, aunque es cierto que se han obtenido algunas bases nitrogenadas y que la mezcla de borato con compuestos orgánicos hallados en meteoritos, una vez calentada con descargas eléctricas, permite la síntesis de ribosa a partir del formaldehído. Sin embargo, autores como Robert Shapiro piensan que el origen de la vida se encuentra en una suerte de protometabolismo, para lo cual son precisas varias condiciones fundamentales. En primer lugar, una barrera física, a través de la cual exista un intercambio de energía que permita una inversión local del segundo principio de la Termodinámica. Es decir, que el interior del compartimento pueda organizarse progresivamente a la vez que incrementa la entropía de su entorno. Compartimentos y formas de energía pueden ser variadas, tal vez membranas, arcillas o aerosoles, en el primer caso y descargas eléctricas o radioactividad en el segundo. Además de estas dos condiciones, la energía debe ser capaz de desatar una cadena de reacciones en el interior del compartimento que sea susceptible de adaptación a circunstancias variables. Eventualmente, la pequeña red metabólica debe crecer y reproducirse. Basándose en simulaciones por ordenador, investigadores como Stuart Kauffman sostienen que la evolución de este tipo de redes podría ser mucho más probable de lo que pensamos. Así, tal y como ha destacado el profesor Shapiro, estamos ante dos paradigmas distintos que podrían tener consecuencias muy diferentes sobre nuestras expectativas del lugar de la vida en el universo.

El “Top 10″ americano

Según el American Film Institute, las 10 mejores películas americanas de la historia del cine son: 1. Ciudadano Kane de Orson Welles 2. El Padrino de Francis Ford Coppola 3. Casablanca de Michael Curtiz 4. Toro salvaje de Martin Scorsese 5. Cantando bajo la lluvia de Stanley Donen 6. Lo que el viento se llevó de Victor Fleming 7. Lawrence de Arabia de David Lean 8. La lista de Schindler de Steven Spielberg 9. Vértigo de Alfred Hitchcock 10. El mago de Oz de Victor Fleming.

Las 10 más románticas son: 1. Casablanca 2. Lo que el viento se llevó 3. West Side Story de Robert Wise y Jerome Robbins 4. Vacaciones en Roma de William Wyler 5. Tú y yo de Leo McCarey 6. Tal como éramos de Sydney Pollack 7. Doctor Zhivago de David Lean 8. Qué bello es vivir de Frank Capra 9. Love story de Arthur Hiller 10. Luces de la ciudad de Charles Chaplin.

Las 10 que causan una mayor tensión en el espectador son: 1. Psicosis de Alfred Hitchcock 2. Tiburón de Steven Spielberg 3. El exorcista de William Friedkin 4. Con la muerte en los talones de Alfred Hitchcock 5. El silencio de los corderos de Jonathan Demme 6. Alien de Ridley Scott 7. Los pájaros de Alfred Hitchcock 8. The French connection de William Friedkin 9. La semilla del diablo de Roman Polanski 10. En busca del arca perdida de Steven Spielberg.

Las 10 mejores comedias son: 1. Con faldas y a lo loco de Billy Wilder 2. Tootsie de Sydney Pollack 3. Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? De Stanley Kubrick 4. Annie Hall de Woody Allen 5. Sopa de ganso de Leo McCarey 6. Sillas de montar calientes de Mel Brooks 7. MASH de Robert Altman 8. Sucedió una noche de Frank Capra 9. El graduado de Mike Nichols 10. Aterriza como puedas de J. Abrahams, D. Zucker y J. Zucker.

Las 10 mejores bandas sonoras son: 1. La guerra de las galaxias de John Williams 2. Lo que el viento se llevó de Max Steiner 3. Lawrence de Arabia de Maurice Jarre 4. Psicosis de Bernard Herrmann 5. El Padrino de Nino Rota 6. Tiburón de John Williams 7. Laura de David Raksin 8. Los siete magníficos de Elmer Bernstein 9. Chinatown de Jerry Goldsmith 10. Sólo ante el peligro de Dimitri Tiomkin.

Baste por el momento o moriré en el intento del rubor que siento.

1,618033…

Te propongo un simple juego matemático que te desvelará uno de los secretos mejor guardados de la antigüedad. Imagina dos números cualesquiera y apúntalos en un papel. Súmalos y a continuación apunta el resultado como el tercer número de la serie que vas a crear. Después suma este tercer número al segundo para así formar un cuarto; forma un quinto número sumando el tercero y el cuarto; forma un sexto sumando el cuarto y el quinto, y procede de esta manera hasta que obtengas una serie de veinte números. A continuación, divide el vigésimo por el decimonoveno y obtendrás el número más misterioso que existe. No importa los dos números que hayas escogido de inicio, para nuestra sorpresa comprobarás que el resultado siempre será el mismo. El número que has obtenido no es ni entero ni puede expresarse como el cociente entre dos números enteros. Aparentemente, es un número con infinitos decimales, un número sin fin, un número irracional. Existen infinitos números irracionales pero este es especial. Es el número más irracional de los irracionales, ya que puede expresarse como una fracción continua interminable sólo compuesta de unos, o como una serie de raíces cuadradas interminables, igualmente compuestas por unos. El tipo de secuencia que has formado se denomina de Fibonacci, apodo con el que se conoce a Leonardo de Pisa, matemático que generalizó el uso de los numerales indo-arábigos en Europa a finales del siglo XII. El resultado del cálculo que has realizado con la ayuda de esta secuencia fue llamado el número áureo (todo lo que creo saber al respecto se lo debo a la espléndida obra de Mario Livio). Dibuja, si quieres, en ese mismo papel una línea, denominando a sus extremos A y B, respectivamente. Si la línea no se divide por la mitad, sino por un punto C, obviamente se obtendrán dos segmentos desiguales. Euclides afirmó que la línea será dividida según la proporción media y extrema si el cociente entre los segmentos resultantes es igual al cociente entre la longitud total y el segmento mayor. Es decir, si AC/CB = AB/AC. Esta proporción será siempre igual a 1,618033…, y está por todas partes. Por ejemplo, las hojas de una planta crecen alrededor del tallo siguiendo un patrón regular que le permite optimizar su exposición a la luz del sol, disposición que se puede expresar como una serie de Fibonacci, gracias a que respeta la proporción áurea. Las conchas de los moluscos se enrollan en un tipo de espiral determinada que sigue la misma proporción. Es la misma espiral, llamada equiangular, que describe el vuelo del halcón para alcanzar a su presa, gracias a la cual el ave optimiza su velocidad. Aunque la trayectoria más corta es la línea recta, el halcón siempre toma la decisión de girar, y varios experimentos en túneles de viento demuestran que su elección es la más acertada, no me pregunten cómo lo sabe el halcón. Incluso la Vía Láctea describe una espiral equiangular. El secreto de Pitágoras era demasiado bello para permanecer oculto. La naturaleza lo desvelaba en cada rincón. Era un secreto a voces.

4 preguntas sobre el origen de la vida

El otro día escuché a Eduardo Punset relatando algunas interesantes especulaciones acerca del origen de la vida, en relación con una entrevista al conocido físico Paul Davies. Destacó que, ciertamente, la pregunta por el origen de la vida incluye al menos tres preguntas distintas sobre cuyas respuestas la ciencia ha avanzado mucho en los últimos años, aunque de manera desigual. Así, preguntarse por el origen de la vida es preguntarse sobre el cuándo, el dónde y el cómo. Respecto a cuándo surgió la vida, cabe señalar que lo hizo extraordinariamente pronto. De hecho, existen fósiles de organismos vivos que tienen 3.800 millones de años de antigüedad, lo cual es sorprendente sabiendo que la historia de nuestro planeta tiene unos 4.500. Algunos investigadores opinan que la vida es un fenómeno altamente probable en caso de que se den las circunstancias apropiadas, mientras que otros creen que se trata de un fenómeno extremadamente raro, quizás único. Si los primeros estuviesen en lo cierto, al menos pueden hacerse dos predicciones básicas: que la vida es relativamente común en el Universo y que podría haber surgido varias veces en la Tierra. Por supuesto, no hay evidencias de vida extraterrestre y, sin embargo, hay evidencias bioquímicas y genéticas de que toda la vida que conocemos procede de un único ancestro común. No obstante, si el origen de la vida fuese un evento complejo y raro, la rapidez con la que apareció en este planeta sugiere que podría haber venido del espacio exterior. Paul Davies sostiene que la vida llegó a la Tierra en el interior de alguno de los muchos meteoritos que nuestro planeta intercambió con Marte en aquel tiempo. Respecto al dónde, parece probable que los primeros organismos surgieron en el fondo de los océanos, cerca de chimeneas volcánicas o, tal vez, en las profundidades de la corteza terrestre (o de Marte). De hecho, los organismos más primitivos que se conocen viven en condiciones tan extremas. Uno de los más grandes descubrimientos biológicos que todavía se pueden hacer consistiría en el hallazgo de una forma de vida originalmente nueva, pues ello proporcionaría las primeras respuestas respecto al lugar en el que se originó la vida y su probabilidad. En la actualidad, algunos científicos están buscando esa forma de vida utilizando una idea muy sencilla. Es un hecho que toda la vida que conocemos está basada en proteínas hechas con aminoácidos levógiros (los azúcares son dextrógiros) y no existen organismos que se alimenten de formas dextrógiras, así que se han fabricado caldos de cultivo con material dextrógiro para ver si algo procedente de hábitats aparentemente inhóspitos crece en ellos. Sin duda, es sobre el cómo acerca de lo que se sabe menos. Existen dos grandes líneas de investigación al respecto: aquellas que se centran en la génesis del primer metabolismo y estructura celular, y las referidas a la formación del software responsable de la vida (probablemente ARN). Finalmente, existe la pregunta por el porqué, pero es este un asunto que parece escaparse del ámbito científico.

Reacciono, luego siento

Generalmente, tendemos a pensar que la secuencia correcta de acontecimientos en lo que se refiere a los vínculos entre la fisiología y nuestras emociones es algo semejante a —¡joder!, este tío me saca de quicio con esas cosas que dice—, siento ira, lo que causa la aceleración del pulso y la tensión de mis músculos —dame una excusa, ¡rarito de mierda!—, y es aquí cuando la bella adrenalina te concede un baile. Sin embargo, hay evidencias que indican que las cosas ocurren al revés. Que en primer lugar se producen cambios fisiológicos, en buena medida fuera de nuestro control, los cuales contribuyen a desencadenar nuestras emociones y, especialmente, condicionan su intensidad. Una serie de hechos aconteciendo a nuestro alrededor influyen en nosotros de manera a veces inconsciente. El sistema nervioso autónomo se pone a trabajar, por ejemplo, acelerando el ritmo cardíaco, erizando el cabello, teniendo una erección, dilatando las pupilas…etc., cambios que informan al cerebro de que sentiremos en un sentido más que en otro. Esta razón explica por qué un simple relajante muscular puede servir como un ansiolítico. Recuerdo que, en cierta ocasión, minutos antes de defender públicamente un trabajo de varios años, tomé un fármaco beta-bloqueante (una sustancia que compite con la adrenalina por determinados receptores, disminuyendo con ello el efecto hormonal) con la esperanza de calmar mis nervios, a pesar de que sabía que la droga no iba a actuar directamente sobre el sistema nervioso. Aquella sustancia contribuyó a evitar la aceleración de mi pulso, la sudoración de mis manos y la palidez de mi rostro, que inevitablemente acompañarían a mis temores. Atajar tales cambios hizo que me sintiese más tranquilo. Algunos estudios sugieren que si se obliga a alguien a manifestar una expresión facial inusual, y se repite una y otra vez, con el tiempo sentirá la emoción correspondiente. Tal vez por eso empezamos a sentirnos mejor cuando, estando tristes, accedemos a sonreír confiadamente a quien nos lo pide con amor. Según una controvertida hipótesis, la velocidad con que se coordina el sistema límbico con el sistema nervioso autónomo, o dicho de otro modo, nuestro cerebro con el resto del cuerpo, es menor en las mujeres que en los hombres. Digamos que, después de un período de excitación, el cuerpo de las mujeres recupera más lentamente el estado habitual, por lo que la intensidad de su emoción perdura más. Por ejemplo, inmediatamente después de hacer el amor ella todavía está muy sensible, pues su cuerpo camina con mayor parsimonia hacia la línea base emocional. Otro ejemplo, una vez que ella dice haber perdonado tu metedura de pata, se le ocurre sacar a colación una estupidez que cometiste hace siglos. Su cerebro tomó la decisión de perdonarte, pero su cuerpo aún está agitado e informa de que algo no va bien. Es evidente que esta relación fisiología-emoción es bidireccional, sin embargo, parece que nuestra fisiología tiene mucho que decir acerca de lo que sentimos. Luego, si quieres controlar tus emociones y ganar un poco más de libertad, aprende primero a respirar.

La realidad como contradicción

Existe un interesante paralelismo entre la filosofía budista y la física contemporánea, cuando se trata de revelar la naturaleza paradójica de la realidad. La aplicabilidad de dos de las teorías científicas más fiables, a tenor de múltiples evidencias empíricas, como son la Teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, está restringida a ámbitos independientes, pues de otro modo resultarían incompatibles. Esta aparente falta de coherencia lleva a pensar a muchos científicos que modelos tan extraordinarios son, sin embargo, deficitarios, ya que pone de manifiesto la necesidad de una teoría física que unifique las explicaciones a escala astronómica y subatómica. Sin embargo, entra dentro de lo posible que la realidad se nos revele esencialmente contradictoria y que la aplicación de un programa reduccionista no sea posible en este caso sin menospreciar su complejidad. Por ejemplo, la explicación de la conducta humana no puede reducirse a la biología, como esta no puede ser explicada en su totalidad por la química, pues en cada nivel jerárquico surgen propiedades completamente nuevas cuyo estudio exige la aplicación de métodos distintos. La Teoría de la relatividad sirvió para ajustar el modelo newtoniano y proporciona una explicación determinista de los fenómenos físicos a escala macroscópica. La Teoría cuántica, sin embargo, sugiere que la incertidumbre es una propiedad intrínseca de la realidad, y que esta no es independiente del papel del observador. Análogamente, al menos en el budismo Mahayana se habla del principio de la doble verdad. Según este principio existe una verdad común en virtud de la cual las cosas se perciben dotadas de identidades diferenciadas y todo está constituido por partes. Se trata del mundo de la experiencia empírica que no es ilusorio, de la misma forma que no lo son las evidencias de la Teoría de la relatividad, por ejemplo. Por otro lado, el filósofo indio Nagarjuna se refiere a la verdad última que, al igual que la física cuántica, contradice al sentido común; una verdad subyacente al mundo aparente o fenoménico. Esta realidad última se caracterizaría porque las cosas no son independientes unas de otras, sino que las partes están sutilmente interconectadas constituyendo un todo, y cada parte, nosotros mismos, se define necesariamente dentro de un contexto de relaciones con todo lo demás. De forma análoga con el principio de incertidumbre de Heinsenberg, la verdad última sostiene que el observador contribuye a definir la realidad percibida. El principio de la doble verdad resulta aparentemente contradictorio, como ambos desarrollos de la física actual, pero en el fondo implica que negar el sentido común sobre la base de la verdad última supone cometer un error de método. Se da la paradoja de que el paralelismo al que me estoy refiriendo es interesante porque los métodos de la ciencia y de la meditación budista no pueden ser más diferentes.

Los premios Romo

Los prestigiosos premios de cine se otorgan, desde su surgimiento en 1972, a la mejor película del año. Aunque no están exentos de polémica, es evidente que muestran una maliciosa predilección por el cine americano, constituyen una alternativa a los premios Oscar y pueden servir como principio de una excelente videoteca moderna. Es cierto que algunas de estas obras ganaron el Oscar a la mejor película, pero en tales casos nos referimos a obras maestras cuya falta de reconocimiento resultaría casi pecaminosa, viniese de donde viniese. Es el caso de películas como El Padrino, Annie Hall y El cazador (tanto la de Cimino como la de Kurosawa ganaron el Oscar y el Romo), si bien la concesión de ambos premios de 1999 a American Beauty puede parecer discutible, y hay que reconocer que el premio de 1981 es uno de los más pobres que se hayan concedido. Sin más preámbulos, publico a continuación los ganadores del premio Romo desde 1972 hasta el 2006 (todavía queda por otorgar el galardón correspondiente al año que acabamos de dejar atrás).

1972, El Padrino de Francis Ford Coppola; 1973, Malas tierras de Terrence Malick; 1974, El Padrino II de F. F. Coppola; 1975, Dersu Uzala (El cazador) de Akira Kurosawa; 1976, Taxi driver de Martin Scorsese; 1977, Annie Hall de Woody Allen; 1978, El cazador de Michael Cimino; 1979, Manhattan de W. Allen; 1980, Toro salvaje de Martin Scorsese; 1981, El ojo de la aguja de Richard Marquand; 1982, Blade Runner de Ridley Scott; 1983, Sangre fácil de Joel Coen; 1984, Érase una vez en América de Sergio Leone; 1985, Ran de A. Kurosawa; 1986, El nombre de la rosa de Jean-Jacques Annaud; 1987, La chaqueta metálica de Stanley Kubrick; 1988, Bird de Clint Eastwood; 1989, Monsieur Hire de Patrice Leconte; 1990, Uno de los nuestros de M. Scorsese; 1991, Barton Fink de J. Coen; 1992, Reservoir dogs de Quentin Tarantino; 1993, Atrapado por su pasado de Brian de Palma; 1994, Pulp Fiction de Q. Tarantino; 1995, Fargo de J. Coen; 1996, Lone Star de John Sayles; 1997, Funny games de Michael Haneke; 1998, Following de Christopher Nolan; 1999, American Beauty de Sam Mendes; 2000, Memento de C. Nolan; 2001, Mulholland drive de David Lynch; 2002, El pianista de Roman Polanski; 2003, 21 gramos de Alejandro González Iñárritu; 2004, Hierro 3 de Kim Ki-Duk; 2005, Una vida agridulce de Kim Ji-Woon; 2006, La vida de los otros de Florian Henckel-Donnersmarck.

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