La semana de hace un año no escribí nada, entre otras cosas, lo que la convirtió en una de las más prolíficas. En un ejercicio metafísico sin precedentes en este espacio invertebrado, insistía en cómo la ausencia de seguridades, de firmeza a los pies del ser humano, de respuesta en un universo que, sin embargo, le acoge, hace brotar, precisamente, lo más específicamente humano. Pocas cosas intuyo tan ciertas como la incertidumbre, lo cual, por supuesto, no se si es cierto. La ausencia de seguridades, he aquí la razón de mi seguridad. El ser firmemente asentado en una naturaleza contradictoria que se regala el honor. Pero una contradicción fundamental puede ser tan dañina cuando no es reconocida. Y es que observar el dinamismo y la fertilidad de la incertidumbre implica aprender a superar la rigidez opresiva del dogma y así decidirse a abrazar la libertad, lo cual es válido también para la ciencia. Recuerdo que hace un año ligaba entre bostezos con cinco kilos de bacterias bellamente conformadas, me preocupaba por el pan en una cena de 300 comensales inflados de esteroides y, vanidosamente, me avergonzaba de mí mismo.
La Europa virgen
Abril 1, 2008 a 10:47 am (08. La octava maravilla)
El último reducto de bosque virgen en Europa se encuentra en la frontera entre Polonia y Bielorrusia. Se trata del bosque de Białowieża, una región de unas 200.000 hectáreas que se ha mantenido prácticamente inalterada por el hombre gracias a la miseria del hombre. Y es que cuando más amenazado estuvo el edén europeo fue cuando su destino estuvo más influenciado por la voluntad popular. Mientras reyes y dictadores se apropiaron caprichosamente de este bosque maravilloso, se mantuvo protegido. En la descripción que Alan Weisman hace de él, se destacan fresnos y tilos de más de cuarenta metros de altura cubriendo un monte bajo húmedo caracterizado por abundantes criptógamas, incluyendo a miles de especies de setas, algunas de ellas enormes. Muchos de los robles rondan el medio milenio de edad y exhiben una corteza de 10 centímetros de espesor. Cada hectárea de suelo contiene unos 80 metros cúbicos de ramas y troncos en putrefacción que sirven de alimento a una vida bulliciosa que se abre camino en cada rincón. Hubo un tiempo en que este bosque se extendía por toda Europa, desde Irlanda a Siberia, y era cruzado por manadas de bisontes acosados por lobos. En la actualidad, prácticamente constituye el último reducto de los 600 bisontes europeos que quedan en este sufrido planeta. En realidad, el tamaño de la población es todavía menor desde el punto de vista evolutivo debido a una verja de miedo y acero que cruza el bosque para separar la Comunidad Europea de la antigua Unión Soviética. Este telón de acero, que parecen desgarrar los lobos por debajo y por encima los corzos y los alces, secciona por la yugular el acervo génico del bisonte aumentando con ello la endogamia que lo desangrará definitivamente. Cuando el hombre se retire del camino dejando su rastro de sangre, la belleza volverá a él porque la belleza se abre camino ineluctablemente. De hecho, el bosque está creciendo, tanto en Polonia como en Bielorrusia, debido al despoblamiento rural. Así, lo que fueron campos cultivados se ven progresivamente invadidos por abedules y álamos que dejarán paso a los arces, robles, piceas, tilos y olmos. Se estima que en 500 años, la edad de uno de esos robles, los espíritus del bosque volverán a los campos abandonados revelando la magia de la foresta de antaño.

