Hace un año…

Explicaba cierta clarividencia, y con ello una suerte de conocimiento intuitivo, como una forma semiinconsciente de procesamiento racional. Destacaba el papel de la pareja en la relación sexual desmitificando al amante tipo Casanova o Don Juan. A fin de cuentas, lo que hay son parejas sexuales que funcionan bien y otras que juntas necesitan mejorar, punto y pelota. Aprovechaba el club de la lucha para criticar, una vez más, el sistema capitalista, pero también cualquier forma de procedimiento fascista. Dejaba de ver las rocas rompiendo las olas para no ser testigo de la bondad maltratada. En su lugar, me maravillaba de saber que rocas y mar somos polvo de estrellas. Encontraba fascinante observar cómo el alma que son las arañas llega a mover miembros mecánicos. Que la clarividencia, el amor, la empatía con el que menos tiene, con el que sufre; la admiración por lo que nos rodea, por la ciencia y el mito, tienen que ver con una inexistente inteligencia general. La misma que se demuestra cuando se la utiliza como instrumento de dominio.