Con la victoria de Barack Hussein Obama se abre un período de esperanza para todo el mundo. Hace años, recuerdo haber escuchado una opinión del director de cine Lars von Trier que parecía algo radical: “todos deberíamos votar en las elecciones americanas”. Sin embargo, opino que tiene razón. Dada la enorme influencia que ese país ejerce en todo el mundo, a todos nos va mucho en las elecciones de ayer. Afortunadamente, los norteamericanos escogieron una opción de centro frente al conservadurismo más recalcitrante representado por John McCain. En realidad, del nuevo presidente poco sabemos, pero todo lo que he visto hasta ahora me gusta. Me gusta el estilo, casi poético, que imprime a sus mensajes. Me gustan sus gestos amables y su andar humilde al tiempo que cargado de determinación. Me gustan sus palabras y movimientos, ¿me gustarán sus hechos? Al menos este hombre parece mirar al mismo viento que agitaba el espíritu de los 60 para otro poeta como es Bob Dylan.
¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre para que lo consideren un hombre? ¿Y cuántos mares debe una paloma blanca surcar antes de dormir en la arena? ¿Y cuántas veces deben las balas de cañón volar antes de que las prohíban para siempre? La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, la respuesta está flotando en el viento. ¿Cuántas veces debe un hombre mirar hacia arriba antes de poder ver el cielo? ¿Y cuantas orejas debe un hombre tener antes de poder oír a la gente llorar? ¿Y cuántas muertes más serán necesarias para que se sepa que ya murió demasiada gente? La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, la respuesta está flotando en el viento. ¿Cuántos años puede una montaña existir antes de que la borre el mar? ¿Y cuántas veces más puede un hombre volver la cabeza fingiendo que no ve? La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, la respuesta está flotando en el viento.

