Tengo una espina clavada con mi responsabilidad al volante. El domingo tuve un reventón, y no me refiero a la purulenta liberación de la espinilla en cuestión, sino al destrozo involuntario de una rueda mientras conducía. Una pareja de la Guardia Civil, inesperadamente amable, me sorprendió manos a la obra. Pretendía sustituirla por una de esas de bicicleta que suelen adjuntar a un coche demasiado caro. Ellos me dijeron lo que ya sabía, que podía haberme matado si me hubiese ocurrido en la autopista, y yo pensé en lo que ellos no sabían, que horas antes ya me agasajaran con un primer plano por exceder el límite de velocidad permitido en la misma. Paradójicamente, este mes está suponiendo para mí un tiempo de infortunio. La rueda que se rompió representa a la perfección esta paradoja. Por un lado, representa la perfección del círculo, la redondez del mensaje: “amigo, tienes otra oportunidad, pero si sigues conduciendo tan rápido como acostumbras terminarás teniendo un accidente mortal o algo peor”. Así que tendré que aburrirme por mi bien y responsabilizarme por el de los demás. Por otro lado, quisiera que la rueda que se rompió no signifique el eterno retorno, el ciclo de repeticiones, la tarea de Sísifo empujando indefinidamente la piedra, tal vez la misma en la que reiteradamente tropieza el hombre. Así es como la rueda conlleva la ambivalencia de lo perfecto y lo imperfecto. En cuanto es círculo simboliza la homogeneidad, la ausencia de división; pero también el devenir, lo contingente, en cuanto es rueda que abre camino. Aunque mi accidente parece encajar menos con el azar que con la necesidad, a tenor del estado lamentable en el que tenía las dos ruedas delanteras. Debido a que es radiada, la rueda es también un símbolo solar en la mayoría de las tradiciones. Cuando contiene el mismo número de radios que pétalos luce la flor del loto la rueda significa una renovación, la generación de algo nuevo: ¿quizás un hombre prudente? Un hombre prudente es un hombre sabio, como pronto advirtieron los clásicos griegos, y yo sólo se que no se nada. La rueda que se rompió no tenía ocho radios sino seis, así que tal vez no sufra de una conversión paulina después de todo; pero seis radios tiene la rueda de la fortuna, el décimo arcano mayor del Tarot, simbolizando las alternancias de la dicha y la desdicha. Y como me habla a veces el amor: esto sólo puede mejorar.


Lughnasad dijo:
Noviembre 26, 2008 a 2:46 pm
La rueda que dejaste romper. Has tenido suerte, mucha suerte, otros al primer incidente no reinciden…
Josemi dijo:
Noviembre 28, 2008 a 3:00 pm
Ya sabes. Casi todo se empieza con una bolsa llena de suerte y otra vacía de experiencia. Hay que procurar llenar la segunda antes de vaciar la primera.
millamigos dijo:
Diciembre 2, 2008 a 12:57 am
A modiño luciernaga!!!
luciernagas dijo:
Diciembre 2, 2008 a 12:07 pm
Sip! millamigos, Josemi, Lughnasad, qué razón tenéis!! gracias.