Lo auténtico es singular

En el mundo hay gente bruta y astuta, hay vírgenes y prostitutas, ricos, pobres, clase media, cosas bonitas y un par de tragedias, hay personas gordas, medianas y flacas, caballos, gallinas, ovejas y vacas, hay muchos animales con mucha gente, personas cuerdas y locos dementes. En el mundo hay mentiras y falsedades, hechos, verdades y casualidades, hay mentalidades horizontales, verticales y diagonales, derrotas y fracasos accidentales, medallas, trofeos y copas mundiales. En el mundo hay vitaminas y proteínas, marihuana, éxtasis y cocaína, hay árboles, ramas, hojas y flores, hay muchas montañas de colores. En el mundo hay decisiones divididas, entradas, salidas, debut, despedidas, hay inocentes, hay homicidas, hay muchas bocas y poca comida, hay gobernantes y presidentes, hay agua fría y agua caliente. En el mundo hay micrófonos y parlantes, hay seis mil millones de habitantes, hay gente ordinaria y gente elegante, pero no hay nadie como tu, mi amor, no hay nadie como tú…

En el mundo siempre se mueve La Tierra, hay tanques de oxígeno, hay tanques de guerra. El Sol y La Luna nos dan energía, se duerme de noche y se vive de día, hay gente que rectifica lo que dice, hay mucha gente que se contradice, hay algarrobas y algas marinas, hay vegetarianos y carnicerías, hay tragos amargos y golosinas, hay enfermedades y medicinas, hay bolsillos llenos, carteras vacías, hay mas ladrones que policías, hay religiones, hay ateismo, hay capitalismo y comunismo, y aunque nos parecemos no somos los mismos, porque no hay nadie como tu, mi amor, no hay nadie como tú…

En el mundo existen muy buenas ideas, hay Don Quijotes y Dulcineas, hay sexo en el baño, sexo en la cama, sexo sin ropa, sexo en pijama, hay cosas reales y melodramas, hay laberintos y crucigramas. Existen llamadas que nadie contesta, hay muchas preguntas y pocas respuestas, hay gente valiente, gente con miedo, gente que el mundo no le importa un bledo, gente parada, gente sentada, gente soñando, gente despertando, hay gente que nace, gente que muere, hay gente que odia, gente que quiere. En este mundo hay mucha gente, pero no hay nadie como tú, mi amor, no hay nadie como tú…

Texto apenas modificado de una letra de Calle 13

La brújula

Esta mañana debo escribir con mucha urgencia una carta “importante”, de la que depende el éxito de cierto negocio, pero yo escribo en su lugar una carta de amor, que no envío. Abandono gozosamente tareas monótonas, escrúpulos razonables, conductas reactivas, impuestas por el mundo, en provecho de una tarea inútil, surgida de un Deber resplandeciente: el Deber amoroso. Hago discretamente cosas locas; soy el único testigo de mi locura. Lo que el amor desnuda en mí es la energía. Todo lo que hago tiene un sentido (puedo pues vivir sin quejarme), pero ese sentido es una finalidad inasequible: no es más que el sentido de mi fuerza.

En mi opinión, estas palabras de Roland Barthes hacen referencia a un momento en el que se recurre, quizás ingenuamente, a observar la brújula a través del lenguaje; porque el andar es libremente orientado, sólo tiene sentido, si la energía que anima el movimiento procede del amor.

La desintegración racional

Alfred Whitehead dijo una vez que toda la filosofía europea no es más que una nota al pie a la filosofía de Platón. Recordemos su epistemología para tirar del hilo, quizás sirva para desenredar un ovillo metafísico. Si el conocimiento es posible, argumenta el genio griego, se debe a que todo lo cognoscible puede referirse a formas ideales que existen independientemente del tiempo y el espacio, realmente fuera del mundo físico, y a las que únicamente podemos acceder a través de la razón. El mundo de los fenómenos, que evidentemente estará circunscrito por lo perceptible a través de los sentidos, será necesariamente efímero e imperfecto, y si resulta inteligible se debe a que puede referirse a una forma ideal. Dicho de otro modo, aquellos universales creados por el intelecto tendrían una referencia objetiva. Por ejemplo, si podemos reconocer un triángulo en la naturaleza es porque observamos su parecido con un triángulo ideal que vislumbramos mediante el intelecto y que, según Platón, existe verdaderamente. Desde un punto de vista platónico las matemáticas no serían una mera construcción intelectual sino que existirían a priori. No serían meras idealizaciones que emergen de la observación de la naturaleza, sino que, al contrario, la propia naturaleza de alguna manera derivaría de un mundo platónico de matemáticas. Es decir, las matemáticas estarían ahí “afuera” aunque no existiese el hombre o el hombre no las inventa, sino que, en cierto modo, las desvela. Siguiendo a Kronecker digamos que “Dios creó los números y el hombre todo lo demás”. Genios científicos como Galileo, Bacon o Leonardo, pronto se percataron de que la naturaleza está escrita en lenguaje matemático y sesudos científicos contemporáneos pretenden confirmar con alambicadas especulaciones la intuición pitagórica de que la esencia de lo real es matemática (véase la teoría de cuerdas, por ejemplo). Luego, llevando la razón al extremo llegamos a desintegrar la realidad, desaparece como por arte de magia irracional, no restando otra cosa que el frío mundo de perfección platónica. En palabras de Roger Penrose: “Cuanto mejor entendemos el mundo físico y más profundamente sondeamos en las leyes de la naturaleza, más nos parece que la realidad física se evapora hasta que nos quedamos sólo con las matemáticas” Y yo me pregunto: ¿podría considerarse esto una suerte de demostración racional del espíritu?, pues si todo lo racional fuese real y todo lo real racional, como decía Hegel, todo se volvería nada. Por otro lado, haciendo el camino inverso, místicos y gurús nos dicen que se derriban los límites de lo finito, que experimentan la desintegración del mundo físico, o lo que es lo mismo, la integración con todo lo real, mediante la meditación. Como si el mundo físico estuviera constituido de razón y espíritu en un equilibrio tan frágil como exquisito.

“Australia”

Australia” está filmada con originalidad y osadía, también de manera sensible buscando la belleza en cada plano. Su respeto por una magia olvidada que vinculaba al hombre con sus orígenes, las mágicas canciones, las historias, en definitiva, los mitos integrando una cosmovisión dadora de sentido, sin duda le otorga un interés adicional. Hoy recordamos esa magia a través de la poesía y el arte, aunque cada vez menos personas la perciben en este mundo impecablemente vestido de tecnociencia. Sin embargo, el guión es blando, resulta previsible, y por momentos, progresivamente más frecuentes, no puede evitar caer en el sentimentalismo más almibarado. No es una gran película, lo cual no sería un defecto grave si no pretendiese serlo, tal y como tuve la impresión de ser el caso, pero resulta entretenida a pesar de una duración algo excesiva. Lo mejor de ver “Australia” ni siquiera fueron sus tímidos mensajes en contra del imperialismo cultural, que, paradójicamente, se me antoja una manifestación nacionalista, tampoco sus hermosísimos paisajes o una dirección deliciosamente caprichosa, sino el sabor de unas lágrimas cayendo menudas sobre un rostro suave cuya alegría quisieras preservar para siempre. Por eso, a la hora de ver una película como esta, lo mejor que puedo decirte es que acudas al cine acompañado de alguien a quien desees coger de la mano durante 165 minutos y todo lo demás importe mucho menos que eso, lo cual  me hace recordar una bonita frase de Agustín de Hipona. Este hombre dijo cosas muy duras, en mi opinión, relacionadas con la gracia cristiana, por ejemplo, pero su extraordinaria agudeza psicológica le condujo a exponer algunos de los pensamientos más sabios. De todos sus aforismos mi favorito es “ama y haz lo que quieras”, lo cual incluye ver con placer una película mediocre. (**)

Biblioteca del año 2008

Regreso después de unas largas vacaciones por las que me dejé sorprender y enamorar. El año pasado llamé la atención sobre una variedad de libros, casi todos ensayos. Desde que inicié esta costumbre prácticamente recomendaba uno cada semana, he aquí los correspondientes títulos y autores dispuestos según su orden de aparición en Luciérnagas:

“Armas, gérmenes y acero” de Jared Diamond; “El arte de amar” de Erich Fromm; “Historia de los griegos” de Indro Montanelli; “¿Está ud. de broma sr. Feynman? de Richard P. Feynman; “El principito” de Antoine de Saint-Exupéry; “¿Tenían ombligo Adán y Eva?” de Martin Gardner; “El mundo sin nosotros” de Alan Weisman; “Pequeñas alegrías” de Hermann Hesse; “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano; “On bullshit” de Harry G. Frankfurt; “El pulgar del panda” de Stephen J. Gould; “La tabla rasa” de Steven Pinker; “El mundo y sus demonios” de Carl Sagan; “El universo en una cáscara de nuez” de Stephen Hawking; “El azar y la necesidad” de Jacques Monod; “Imposturas intelectuales” de Alan sokal y Jean Bricmont; “Cuestiones cuánticas” editado por Ken Wilber; “Ensayos” de Michel de Montaigne; “Gödel, Escher, Bach” de Douglas Hofstadter; “Captando genomas” de Lynn Margulis y Dorion Sagan; “El camino a la realidad” de Roger Penrose; “Filosofía moderna” de Roger Scruton; “Una izquierda darwinista” de Peter Singer; “Lecturas para minutos” de Hermann Hesse; “Meditaciones” de Marco Aurelio.