Negocios arcanos

La política es la más noble de las artes, exponente notable de servicio público, actividad desinteresada o, mejor dicho, que no persigue otro interés que el bien común. Pero una cosa es la política y otra muy distinta los políticos. Ni siquiera la política me parece necesariamente la actividad que realizan los políticos como políticos. Y es que algunos parecen entender la política como un medio para obtener poder, que luego utilizarán en su propio beneficio. Y la actividad que llevan a cabo merecería calificarse de otras maneras, a veces, simple y llanamente, de robo. Como el más rijoso individuo pretendiendo alcanzar con sus dedos largos lo púbico, no dudan en meter mano a lo público, mientras babean de ansia y consumen los últimos rastrojos de lo púdico. Pero quienes protegen políticamente al corrupto nos roban algo mucho más importante que dinero. Quienes no dudan en acusar al propio sistema democrático para proteger a ese ladrón de traje y corbata, en el que no pueden dejar de verse identificados, son los mismos que nunca aceptaron un sistema que pretende la igualdad de todos en derechos y obligaciones. Son aquellos que para preservar su posición de privilegio no dudan en acusar públicamente a fiscales y policías, persiguen a jueces y corrompen a otros, sobornan abogados y reclaman favores a viejos amigos tan faltos de ética democrática como ellos. Son los que se creen exonerados por las urnas, justa recompensa después de haberse ejercitado con éxito en el más vulgar populismo, despreciando una y otra vez la separación de poderes y con ello el fruto de tanto esfuerzo común que no dejan de manosear. El sistema es para ellos una estructura vulnerable pero, a la vez, convenientemente saludable, a pesar de su parasitismo. Una estructura cuyo profundo conocimiento revelará los entresijos por los que deslizarse alevosamente, como un veneno que se filtra con sigilo. Esos individuos que se llaman políticos nos hurtan la confianza en la política. Sólo así me explico que, con lo que está cayendo, el Partido Popular haya aumentado sus cifras en intención de voto en la Comunidad Valenciana, tal y como, a día de hoy, denuncia alguna encuesta. De otra manera resulta para mí un misterio, un negocio muy reservado, según la Real Academia, pero de negocios arcanos los hay que saben mucho más que yo.

Me duele ser humano

El brazo de una niña albina vale tres mil dólares, y tiene dos, y dos piernas. Sus vísceras también serán rentables mientras permanezcan adheridas a su hermosa piel. ¡Enterrad el resto! Los hombres oscuros derribaron la puerta a golpes, portaban machetes, minuciosamente afilados durante la noche, con los que cortarían los gritos de la pequeña y todo lo demás. Se llamaba Cizany y fue salvajemente mutilada para fabricar amuletos y pociones, objetos y brebajes mágicos dadores de suerte en la búsqueda de diamantes, que un día lucirán dedos pálidos de largas uñas pintadas de sangre. Sólo en los dos últimos años más de 50 albinos han sido asesinados en Tanzania con semejante finalidad. Un país que ya alberga a unos 270.000, pues la discriminación a la que se ven sometidos les obliga a casarse entre ellos y así  se incrementa la frecuencia del albinismo. Crece la cosecha para los asesinos, que no cejan en la siega de vidas humanas para que la fortuna les sonría. Pero será un payaso de lengua putrefacta el que selle con besos inertes su negro destino: también ellos serán desmembrados por los buitres. Entonces será la muerte quien se lleve su ignorancia letal, sus cuerpos mórbidos y flatulentos terminarán de pudrirse, y no dejarán otro rastro que un soplo de aire fétido que ni los perros querrán seguir. La más cruel sinrazón nos arrebató la magia verdadera cuando los ojos de Cizany se apagaron, pero esa magia permanecerá cuando llegue la tormenta y el viento se lleve el aire de mierda.