Scorsese el mago
Me transformó en un ratón recorriendo un magnífico laberinto construido de materia oscura, la materia de Lehane. Mientras correteaba por circunvoluciones cerebrales esperaba hallar una salida a través del nervio óptico. Pero el espectador en que me había convertido, mágicamente transmutado en roedor, habría de quedar atrapado en una red entretejida por una mente enferma de genialidad. En aquella prisión arrastraba la cola mórbida por la senda retorcida como se arrastra una duda, y mis ojillos escarlata observaron con ansiedad cada encrucijada buscando la cura. Buscaba la luz que iluminase la verdad, el faro que guiase mi conciencia por las turbias aguas de Kafka. Pero me absorbieron la realidad y el sueño mezclando su textura, y tocado por hilos impregnados de ponzoña no encontraría la salida sino el centro. Allí aguardaba la araña blanca de la locura, y la omnipresente voz del mago: “no miento”.
Personal reseña de la película de Martin Scorsese “Shutter Island” (****)