Descubrimiento dos
No causes deliberadamente ningún mal a otros. Sin duda, terminarás causando daño a tu paso, pero entonces que sea debido a tu ignorancia y no a tu inteligencia. Porque la inteligencia al servicio del dolor es ignorante, y el dolor causado por ignorancia tiene la fertilidad del error. Pero el acierto en el dolor ajeno te encierra permanentemente en el propio. Así pues, olvida todo afán de venganza, destierra de tu interior todo rencor. Que el malvado no se lleve tu belleza para poder verse al espejo como uno más. Él es un extraño para sí mismo, es incapaz de reconocer su propio rostro, por lo que intenta difuminar el fondo acabando con los contrastes, emborronando las figuras, destruyendo en un patético intento de creación. Él busca inutilmente una senda perdida que sólo podrá recuperar integrando a los demás en el centro de su vida. No le imites desdibujando una obra genial. Que tus ojos permanezcan limpios después del encuentro, y sigue el camino que lleva tu nombre sin abandonarlo jamás.