Vive como quieras

La película de Frank Capra tiene momentos espléndidos y un final algo estúpido. Ciertamente, no puede decirse que sea un gran admirador de este director. Lo encuentro blando, ingenuo, sensiblero y empalagoso, y exhibe un americanismo que alcanza cotas que me resultan desagradables. Comparto, sin embargo, su preocupación por los valores, como su ataque al materialismo, básicamente entendido como el culto al dinero, aunque no siempre me parezca convincente. Crítica semejante está presente en varias de sus obras, en algunas de ellas, como la aquí reseñada o en “El secreto de vivir”, de manera explícita. Pero sobre todo, admiro la afirmación que en “Vive como quieras” hace de la libertad individual, en detrimento del “pensamiento” colectivo. La percibo como una defensa de la espontaneidad, de la creatividad y de la peculiaridad individual. En una escena memorable, el abuelo expresa su desconcierto ante la marea de –ismos que nos inunda. Señala cómo las gentes habiendo perdido su valor o su identidad rápidamente se buscan uno disponible. Cuando se renuncia a ser uno mismo, no hay como un –ismo, aunque pueda haber comunismo. Creo que fue Thoreau quien dijo una vez que si nos observamos a nosotros mismos sistemáticamente haciendo lo mismo que los demás, entonces habrá llegado el momento de detenerse a pensar. Recientemente, en una comida entre compañeros, una mujer expresó su convencimiento de que yo exageraba mi excentricidad con la intención de llamar la atención. La escena resultó tan ausente de educación como se pueda imaginar, si bien fui consciente de que el movimiento no era malintencionado. Dejando al margen la cuestión de la vanidad, me temo que nadie está libre de ella, el ataque fue en realidad a lo diferente, a lo que no estamos dispuestos a comprender porque nos enfrenta íntimamente con nosotros mismos. Si bajo el microscopio pusiésemos a todo individuo observaríamos que no hay nadie normal, que la normalidad es una abstracción o una imposición, que lo concreto es diferente en la medida en que sea honesto. No hay raritos, querida mía, sino personas que no temen expresarse tal y como son, y personas que viven bajo la omnipresente mirada del Gran Hermano. Es decir, siendo tal y cómo los otros han decidido que debes ser. Por supuesto, es esta una manera de ser irreal, pues las gentes se comportan como autómatas, esclavas, exhibiendo emociones y comportamientos ajenos, acordes con algún rol socialmente aceptable. La verdadera diversidad constituye para ellas una amenaza. Lo dramático del asunto es que tal alienación es tan sutil que de ella se suele permanecer inconsciente, pero es profundamente nociva, ya que se pierde de vista el ser, quien sabe si para siempre. La renuncia a la libertad suele reflejar una huída del ser porque en realidad es frágil y desvalido. Se sacrifica la libertad a cambio de la aparente firmeza que ofrece la multitud, el –ismo, o el personaje. Entregamos nuestro nombre a cambio de un número. En lugar de atesorar y cultivar nuestro espíritu, un extracto puro y original, lo vertemos afuera, como el agua sucia (de hecho, el asunto no me parece desligado de la autoestima), y lo sustituimos con objetos e ideología. Pues bien, vive como quieras, pero antes de saber cómo quieres vivir debes saber que eres tú quien lo quiere.

Cine español, ¡puaj!

Me encanta el cine y muchas veces siento que el que menos me interesa es el cine español, lo cual no significa que no desee otra cosa que las aceitosas palomitas venidas del otro lado del charco. Sin embargo, buena parte del cine clásico americano lo encuentro soberbio y lo disfruto como ningún otro. Todavía dejan caer un par de joyas al año que robo obsesionado. ¿Por qué me interesa menos el cine de mi propio país? Desde luego, aborrezco las estúpidas comedias de siempre. Si el yankee nos atiborra una y otra vez con las mismas tonterías, debo añadir que mis paisanos hacen lo propio, aunque con menos efectos especiales. Opino que el buen cine es como la buena literatura, conecta íntimamente con el espectador/lector, independientemente del lugar donde haya nacido. Sin embargo, al menos en el cine, hay un componente estético estrechamente ligado a la tierra, que es de crucial importancia, y creo que explica mi predilección por las películas de otros tiempos y lugares. Lo que despierta mi curiosidad es observar cómo viven otras gentes, y cómo tras apariencias tan encantadoramente ajenas sienten apasionadamente como tú y como yo. Por esta razón me interesan esas historias, por las apariencias, supongo, y cuanto más diferentes mejor. Tal vez sea por eso que me atraen los clásicos americanos y japoneses, y manifiesto debilidad hacia el cine oriental contemporáneo. Particularmente, el cine japonés, chino y coreano me seduce sin remedio, y es tan diferente… ¡delicioso! Pero cada año debo hacer el mismo ejercicio de limpieza y separar lo brillante de la ingente ganga venida de Estados unidos y de este país desunido. Con todo, apenas extraigo un puñado de títulos y casi ninguno traído con el Sol. Supongo que me pasa como con la política, quiero más diversidad y menos nacionalidad, más mundo y menos lugar. Pero no seré yo quien confunda política y cultura, una vez más, porque allende de las apariencias está el hogar.

Los crímenes de Oxford

Se abre el telón con la sentencia de muerte de la Filosofía en nombre de Wittgenstein. Sin embargo, uno no está seguro de si se le utiliza en un alegato a favor del escepticismo, del relativismo, del positivismo, o de algún otro –ismo. ¿Cómo podríamos estarlo? Parece ser que el Tractatus, ciertamente, fue escrito durante la primera guerra mundial. Dicen que en las mismas trincheras, cosa que presumo muy distinta a presentar al autor acuclillado en la línea de fuego. Completamente absorto, ignorante de las bombas que caían a su alrededor, tal vez, pero no bajo ellas como un pequeño Buda en posición de loto. Este primer detalle, aparentemente sin importancia, anticipa la falsa coherencia intelectual de toda la obra como si de un fractal se tratase, pues es la primera de una serie de pequeñas exageraciones que, en conjunto, llegan a ser tan deformes que incurren en la propia contradicción. Otra cosa son los aspectos más técnicos de la película, que hallé entretenida, de los que nada diré más por ignorancia que por otra cosa. Es cierto que el Tractatus influyó sobremanera en la filosofía del siglo XX, particularmente en la filosofía analítica, pero supuso un ataque demoledor a la Metafísica y no pretendía la extinción de la Filosofía, si bien es cierto que, esencialmente, parecía quedar reducida al análisis del lenguaje. En la caricatura filosófica con la que se viste un guión, en mi opinión vulgar, surgen muchos tópicos habitualmente manejados a diestro y siniestro por el que se cree listo, que pretenden encontrar coherencia en un cocktail difícil de tragar. Así, no faltan el Teorema de Gödel, o el principio de indeterminación de Heisenberg, incluso la paradoja del mentiroso, para enfatizar la ausencia de certidumbres. Pero también, el efecto mariposa, emblema del caos determinista, que no puede estar más alejado del azar inherente a la realidad que representa la física cuántica, incluido dicho principio. El problema está en que todo se mezcla caprichosamente, e ingenuamente se llevan unas supuestas implicaciones de tales logros mucho más allá del ámbito en el que fueron demostrados, sin embargo, de manera poco inteligente. Me temo que una vez más se utilizaron para justificar los propios prejuicios que, paradójicamente, implican un posicionamiento metafísico. Como se trata de una película, y por consiguiente de un ejercicio artístico, no sorprende que una vez cocinados todos esos desafíos a la razón al calor de una jugosa pedantería, la cinta casi libere un tufo a irracionalidad o, al menos, deje abierta la puerta al misterio. De hecho, la metafísica pitagórica forma parte de los ingredientes y la verdad, contrariamente a las arengas del principio que la limitaban al ámbito matemático, termina por presentarse “sucia”, ambigua, poliédrica, y en todo caso fuera del alcance de quien se aproxima a ella sin otras armas que la lógica. Entonces hubiera sido interesante reconocer desde el principio que Wittgenstein escribió otra obra con el segundo conflicto mundial, tal vez igual de influyente, pero en muchos sentidos antitética al Tractatus. Mas supongo que un misterio de pacotilla merece una filosofía de pacotilla. (**)

Reseña crítica de la última película de Alex de la Iglesia

“Zelig”

Esta película dirigida, escrita y protagonizada por Woody Allen es un falso documental sobre el camaleónico Leonard Zelig. Se trata de una de las obras más divertidas de este cineasta genial, pero, al mismo tiempo, extraordinariamente crítica. Una historia sobre la falta de identidad del ser humano y de cómo el hombre de nuestro tiempo ha renunciado a ser uno mismo para buscar el reconocimiento de los demás. Como ha dicho el señor Allen, “la gente tiene una terrible tendencia a decir cosas que agraden a sus amigos”, pero el problema no queda ahí. Las personas suelen inventar un yo para satisfacer las expectativas del grupo y así establecen una relación muy particular consigo mismas. Es común que las personas se confundan con las gentes. Asumiendo pensamientos, emociones, aspecto y comportamientos que no le son propios pretenden conseguir el reconocimiento ajeno. Reducen su propia identidad a ser una mercancía que venderán a terceros para conseguir otros fines que juzgan más importantes. Al no comprender la realización de su propia persona como un fin en sí mismo, sino como un medio para obtener cosas, quedan reducidas a ser un objeto entre objetos. Estas personas sólo podrán relacionarse con los demás de la misma manera que se tratan a sí mismas, por lo que suelen ser manipuladoras. Por supuesto son desgraciadas, pues han renunciado a sus posibilidades de libertad no siendo ellas mismas, sino lo que otros esperan de ellas. Lo dramático del asunto es que semejante alienación suele ser inconsciente y, probablemente, tiene mucho que ver con una autoestima maltratada. Afirmar la propia singularidad supone asumir riesgos, pues no gustará a todo el mundo, y servirá como espejo del ridículo mimetismo del que se asusta ante el abismo de su propio interior. Sospecho que “Zelig” está muy influenciada por las tesis de los principales freudomarxistas, especialmente Fromm. En cualquier caso, me parece que pone el dedo en una de las llagas más profundas de nuestra sociedad capitalista, que ensalza el valor de las cosas, que a todo pone un precio, donde todo ha de ser útil, y donde lo que más importa es el producto. Una herida que, en mi opinión, podría desangrar nuestro futuro. (***)

El “Top 10″ americano

Según el American Film Institute, las 10 mejores películas americanas de la historia del cine son: 1. Ciudadano Kane de Orson Welles 2. El Padrino de Francis Ford Coppola 3. Casablanca de Michael Curtiz 4. Toro salvaje de Martin Scorsese 5. Cantando bajo la lluvia de Stanley Donen 6. Lo que el viento se llevó de Victor Fleming 7. Lawrence de Arabia de David Lean 8. La lista de Schindler de Steven Spielberg 9. Vértigo de Alfred Hitchcock 10. El mago de Oz de Victor Fleming.

Las 10 más románticas son: 1. Casablanca 2. Lo que el viento se llevó 3. West Side Story de Robert Wise y Jerome Robbins 4. Vacaciones en Roma de William Wyler 5. Tú y yo de Leo McCarey 6. Tal como éramos de Sydney Pollack 7. Doctor Zhivago de David Lean 8. Qué bello es vivir de Frank Capra 9. Love story de Arthur Hiller 10. Luces de la ciudad de Charles Chaplin.

Las 10 que causan una mayor tensión en el espectador son: 1. Psicosis de Alfred Hitchcock 2. Tiburón de Steven Spielberg 3. El exorcista de William Friedkin 4. Con la muerte en los talones de Alfred Hitchcock 5. El silencio de los corderos de Jonathan Demme 6. Alien de Ridley Scott 7. Los pájaros de Alfred Hitchcock 8. The French connection de William Friedkin 9. La semilla del diablo de Roman Polanski 10. En busca del arca perdida de Steven Spielberg.

Las 10 mejores comedias son: 1. Con faldas y a lo loco de Billy Wilder 2. Tootsie de Sydney Pollack 3. Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? De Stanley Kubrick 4. Annie Hall de Woody Allen 5. Sopa de ganso de Leo McCarey 6. Sillas de montar calientes de Mel Brooks 7. MASH de Robert Altman 8. Sucedió una noche de Frank Capra 9. El graduado de Mike Nichols 10. Aterriza como puedas de J. Abrahams, D. Zucker y J. Zucker.

Las 10 mejores bandas sonoras son: 1. La guerra de las galaxias de John Williams 2. Lo que el viento se llevó de Max Steiner 3. Lawrence de Arabia de Maurice Jarre 4. Psicosis de Bernard Herrmann 5. El Padrino de Nino Rota 6. Tiburón de John Williams 7. Laura de David Raksin 8. Los siete magníficos de Elmer Bernstein 9. Chinatown de Jerry Goldsmith 10. Sólo ante el peligro de Dimitri Tiomkin.

Baste por el momento o moriré en el intento del rubor que siento.

Los premios Romo

Los prestigiosos premios de cine se otorgan, desde su surgimiento en 1972, a la mejor película del año. Aunque no están exentos de polémica, es evidente que muestran una maliciosa predilección por el cine americano, constituyen una alternativa a los premios Oscar y pueden servir como principio de una excelente videoteca moderna. Es cierto que algunas de estas obras ganaron el Oscar a la mejor película, pero en tales casos nos referimos a obras maestras cuya falta de reconocimiento resultaría casi pecaminosa, viniese de donde viniese. Es el caso de películas como El Padrino, Annie Hall y El cazador (tanto la de Cimino como la de Kurosawa ganaron el Oscar y el Romo), si bien la concesión de ambos premios de 1999 a American Beauty puede parecer discutible, y hay que reconocer que el premio de 1981 es uno de los más pobres que se hayan concedido. Sin más preámbulos, publico a continuación los ganadores del premio Romo desde 1972 hasta el 2006 (todavía queda por otorgar el galardón correspondiente al año que acabamos de dejar atrás).

1972, El Padrino de Francis Ford Coppola; 1973, Malas tierras de Terrence Malick; 1974, El Padrino II de F. F. Coppola; 1975, Dersu Uzala (El cazador) de Akira Kurosawa; 1976, Taxi driver de Martin Scorsese; 1977, Annie Hall de Woody Allen; 1978, El cazador de Michael Cimino; 1979, Manhattan de W. Allen; 1980, Toro salvaje de Martin Scorsese; 1981, El ojo de la aguja de Richard Marquand; 1982, Blade Runner de Ridley Scott; 1983, Sangre fácil de Joel Coen; 1984, Érase una vez en América de Sergio Leone; 1985, Ran de A. Kurosawa; 1986, El nombre de la rosa de Jean-Jacques Annaud; 1987, La chaqueta metálica de Stanley Kubrick; 1988, Bird de Clint Eastwood; 1989, Monsieur Hire de Patrice Leconte; 1990, Uno de los nuestros de M. Scorsese; 1991, Barton Fink de J. Coen; 1992, Reservoir dogs de Quentin Tarantino; 1993, Atrapado por su pasado de Brian de Palma; 1994, Pulp Fiction de Q. Tarantino; 1995, Fargo de J. Coen; 1996, Lone Star de John Sayles; 1997, Funny games de Michael Haneke; 1998, Following de Christopher Nolan; 1999, American Beauty de Sam Mendes; 2000, Memento de C. Nolan; 2001, Mulholland drive de David Lynch; 2002, El pianista de Roman Polanski; 2003, 21 gramos de Alejandro González Iñárritu; 2004, Hierro 3 de Kim Ki-Duk; 2005, Una vida agridulce de Kim Ji-Woon; 2006, La vida de los otros de Florian Henckel-Donnersmarck.

Las 100 mejores películas

A finales de los 80 algunos de los mejores críticos de cine de todo el mundo se pusieron de acuerdo en determinar las 100 mejores películas de la historia del cine realizadas hasta 1987. Me he permitido introducir dos modificaciones de la lista original. La primera fue sustituir el “remake” de El ladrón de Bagdag, por la versión original muda de Raoul Walsh. La segunda fue la inclusión de las dos primeras partes de El padrino de Francis Ford Coppola, que los cabezas cuadradas no habían considerado. He aquí el listado:

Ciudadano Kane de Welles; La regla del juego de Renoir; El acorazado Potemkin de Einseinstein; Fellini, ocho y medio de Fellini; Cantando bajo la lluvia de Donen; Tiempos modernos de Chaplin; Fresas salvajes de Bergman; La quimera del oro de Chaplin; Casablanca de Curtiz; Rashomon de Kurosawa; El ladrón de bicicletas de De Sica; Luces de la ciudad de Chaplin; Amanecer de Murnau; Madame de… de Ophuls; La gran ilusión de Renoir; Centauros del desierto de Ford; 2001 odisea del espacio de Kubrick; Con faldas y a lo loco de Wilder; Iván el terrible I y II de Einseinstein; Jules y Jim de Truffaut, La diligencia de Ford, De entre los muertos de Hitchcock; Los siete samuráis de Kurosawa; Cuentos de Tokio de Ozu; Andrei Rublev de Tarkovsky; Fanny y Alexander de Bergman; L`Atalante de Vigo; Viridiana de Buñuel; Ocho sentencias de muerte de Hamer; El tercer hombre de Reed; Cuentos de la luna pálida de agosto de Mizoguchi; Cero en conducta de Vigo; Vivir de Kurosawa; La trilogía de Apu de Ray; Melodías de Brodway de Minelli; Lo que el viento se llevó de Fleming; El halcón maltés de Houston; La dolce vita de Fellini; Hiroshima mi amor de Resnais; Roma, ciudad abierta de Rossellini; Sed de mal de Welles; La edad de oro de Buñuel; La pasión de Juana de Arco de Dreyer; El séptimo sello de Bergman; Amacord de Fellini; El intendente Sansho de Mizoguchi; La aventura de Antonioni; El maquinista de la general de Keaton; La vida de O-Haru, mujer galante de Mizoguchi, El discreto encanto de la burguesía de Buñuel; Napoleón de Gauce; Sacrificio de Tarkovski; Las noches de Caviria de Fellini; El ladrón de Bagdag de Walsh; Alexander Nevski de Einseinstein; Al este del Edén de Kazan; Alarma en el expreso de Hitchcock; El navegante de Keaton; La palabra de Dreyer; Alguien voló sobre el nido del cuco de Forman; Cenizas y diamantes de Wajda; Senso de Visconti; El espejo de Tarkovsky; Los mejores años de nuestra vida de Wyler; La rodilla de Claire de Rohmer; La tierra de Dovjenko; La tierra trema de Visconti; El gabinete del doctor Caligari de Wiene; Paisá de Rossellini; París bajos fondos de Becker; El ángel exterminador de Buñuel; Manhattan de Allen; El año pasado en Marienbad de Resnais; Pasión de los fuertes de Ford; Capricho imperial de von Sternberg; Avaricia de von Stroheim; A vida o muerte de Powell y Pressburger; El mago de Oz de Fleming; La novia de Frankenstein de Whale; La fiera de mi niña de Hawks; Si… de Anderson; La strada de Fellini; El imperio de los sentidos de Oshima; La reina de África de Houston; El gran dictador de Chaplin; Heimat de Reitz; Lawrence de Arabia de Lean; Signos de vida de Herzog; Ser o no ser de Lubitsch; Cita en San Luis de Minnelli; Monsieur Verdoux de Chaplin; Breve encuentro de Lean; Tierras lejanas de Mann; La parada de los monstruos de Browning; Moofleet de Lang; La noche de los muertos vivientes de Romero; Psicosis de Hitchcock; Rebeca de Hitchcock; Te querré siempre de Rossellini; El padrino I y II de Coppola.

Delicatessen from USA

Pronto llegará a nuestros cines “una manita de pelis con buena pinta”. Compartir este interés quizás resulte estimulante, así que aquí os dejo algunos de los títulos que más me seducen de entre todo lo que llegará a las salas españolas. Me temo que las cinco son delicias americanas. Que os aproveche, a pesar de todo.

  • “Redacted” de Brian de Palma. Estreno previsto para el 16 de Noviembre.
  • “Lust, caution” de Ang Lee. El 14 de Diciembre.
  • “American ganster” de Ridley Scott. El 28 de Diciembre.
  • “Sweeney Todd” de Tim Burton. El 8 de Febrero de 2008.
  • “No es país para viejos” de los hermanos Coen”. El 7 de Marzo de 2008.

Promesas del este

La última película de David Cronenberg, autor de un clásico como “Videodrome”, es para mí su mejor trabajo. Una historia dentro del contexto de las mafias rusas en el Londres de nuestro tiempo, que casi sería vulgar, aunque magistralmente protagonizada por Viggo Mortensen, sino tuviese la inconfundible impronta de su director. Este autor tiene un talento especial, una agudeza psicológica poco común que lo hace tan inquietante como reconocible. Es una película explícita, oscura, sin embargo más cerca del “El padrino” que de “Uno de los nuestros”, aun siendo inferior a cualquiera de los dos. Una obra con rostros reveladores de una tensión que les deforma la sonrisa. Durante buena parte de la historia asistes a la exhibición de un interior cruel y atormentado por su propia conciencia, como lo fue el de William Munny, decidido a proceder “Sin perdón”. Luego se produce un punto de inflexión que te hará replantearte lo que hayas visto hasta entonces. Con todo, no logras sacudirte de encima la incertidumbre moral que acompaña a Nikolai. Tal y como ya hiciera en “Una historia de violencia”, Cronenberg pone de manifiesto una naturaleza humana contradictoria cuya tersura es la de la piel cenicienta adherida al cadáver. Ambigüedad que llevará hasta las últimas consecuencias y hasta las últimas secuencias, una vez destronado el rey. (***)

Los 10 mejores directores de cine 2

En un post anterior presenté tres listados de los mejores directores de la historia del cine que fueron publicados en diferentes revistas especializadas. Las tres me parecieron tan miopes como mezquinas, así que me puse a elaborar mi propia lista. Por supuesto, la mía se trata de una ordenación igualmente subjetiva y soy consciente de que escoger tan sólo 10, de entre los muchos directores geniales que han dejado obras maestras para la historia, es injusto y no satisfará a casi nadie. Por este motivo, aspiro a que las mayores críticas se referirán a las ausencias y que, no obstante, todos estemos de acuerdo en que los que he escogido son indiscutiblemente geniales. Sin embargo, debo hacer algunas advertencias. En primer lugar, no he pretendido juzgar la calidad del director como director, no habría sido capaz, sino como creador de grandes películas. Es evidente que lo que convierte a un trabajo en una obra maestra no es sólo un ejercicio magistral de dirección. En segundo lugar, no siento especial simpatía por las comedias, por lo que no he incluido a autores como Lubitsch, Wilder o Cukor. Tampoco me considero un Fordiano ni siento predilección por los Western. Finalmente, algunos genios como Mizoguchi, Ozu, Murnau, Einseinstein… no figuran entre los 10 primeros simplemente porque no he visto suficiente. Insisto, soy consciente de que hacer algo tan atrevido como esto es muy ingenuo y roza lo infantil, pero honestamente pienso que, a pesar de las limitaciones, mi selección es un poco menos escandalosa que cualquiera de las tres a las que me he referido con anterioridad:

1. Akira Kurosawa, 2. Stanley Kubrick, 3. Fritz Lang, 4. Orson Welles, 5. Ingmar Bergman, 6. Martin Scorsese, 7. Alfred Hitchcock, 8. Luis Buñuel, 9. Charlie Chaplin. El número 10 lo reservo a una “bolsa” particularmente caprichosa en la que se encuentran entre otros, el binomio Coen, Terrence Malick o Roman Polanski.

« Artículos anteriores