El roble

Siempre he sentido una predilección especial por los árboles, siendo el roble mi preferido. El roble llamado fuerte, Quercus robur, mucho más bonito que el roble americano. De niño me gustaba abrazarlos, casi respirarlos. Más tarde, disfruté examinando la pequeña fauna que alberga su hojarasca. Uno de mis profesores de Zoología me permitía hacer uso de un sencillo material de laboratorio fuera de las horas de clase. Recolectaba muestras de hojarasca provenientes de distintas arboledas, que disponía en una especie de embudo que a su vez desembocaba en una placa con alcohol. Al cabo de cierto tiempo examinaba lo que había caído en ella. Coleópteros, pseudoescorpiones, colémbolos, hemípteros…, toda clase de maravillas invertebradas ahogaban sus penas para mi estudio, y encontraba fascinante observar las diferencias asociadas a los distintos tipos de árbol. De entre todos los árboles de nuestro entorno que pude estudiar, la diversidad biológica que alberga el roble, el “carballo” de mis amores, no tiene parangón. Ningún otro daba lugar a un suelo tan generoso. Así es como la visión del niño, que es la visión del poeta, dio paso al joven y su impaciente análisis científico. A los 35 años, su mirada de aquel extraordinario ser vuelve a cambiar. El roble es sagrado para muchos pueblos, incluyendo a rusos y escandinavos, para los que es símbolo de fuerza tanto física como moral, esto es, sabiduría. La cruz del calvario es de roble. Para los celtas simbolizaba además la hospitalidad, genial intuición de aquellos modestos hallazgos científicos. La corona de hojas de roble se concedía por la victoria en los juegos Píticos, pero también por salvar la vida. De nuevo, el roble es la fuerza que sostiene la vida y quien salva la vida es extensión de su follaje y ejemplo de fortaleza. La debilidad invade a quien no respeta la vida. Me pregunto si aquel niño habrá olvidado su aspiración de convertirse algún día en un hombre de roble, como los druidas que siempre fueron viejos. Si habrá dejado de observar la danza de las dríadas, y de sufrir sus celos. Me pregunto si llegará a enamorarse bajo su sombra. Si finalmente un día será el árbol quien abrace al anciano.

El manuscrito Voynich

Siendo niño inventé un alfabeto. Supongo que muchos críos hacen este tipo de cosas, pues permite gozar con los secretos inconfesables que tanto abundan en la infancia. Me fascinaban los símbolos, así que, simplemente, discurrí nuevas letras. Luego el lenguaje era el español; el alfabeto, el más exquisito romoniano. Aunque no había que ser muy inteligente para descifrar aquellos mensajes, lo cierto es que los adultos no destacan por la paciencia que dedican a las ocurrencias infantiles, lo cual es una lástima, pues el niño casi siempre nos invita a cruzar puertas de entrada a mundos de fantasía cuyas llaves olvidamos en rincones oscuros con el paso del tiempo. En 1912, un archivero llamado Wilfrid Michael Voynich compró en secreto a unos jesuitas italianos, ávidos del vil metal, un manuscrito de más de 200 páginas supuestamente redactado hace más de cuatro siglos por un autor anónimo. El alfabeto y el lenguaje son desconocidos, y expertos de todo el mundo, dedicados a múltiples disciplinas, desde matemáticos a medievalistas, pasando por todo tipo de lingüistas, no han logrado desentrañar el enigmático texto. Durante algún tiempo, incluso se creyó que se trataba de un fraude del propio Voynich hasta que se descubrió una carta fechada en 1639 en la que un alquimista pedía ayuda a un jesuita para descifrarlo. También se sabe que hacia 1600 el emperador Rodolfo II pagó por lo que podría haber sido el producto de una travesura la fortuna de 600 ducados de oro. Siglos más tarde, en 1961, el anticuario Hans P. Kraus pretendió venderlo por 25.000 dólares, pero no encontró comprador y decidió donarlo a la Universidad de Yale, su morada actual. Por lo visto, y nunca mejor dicho, pues mucho de lo poco que creemos saber del texto procede de las ilustraciones que lo acompañan, incluye la descripción de algunas plantas desconocidas, así como una suerte de información astronómica. Se cree que se trata de un texto alquímico, pero nadie lo sabe con certeza. Muestra varias mujeres desnudas cuyo corte de pelo se corresponde con la moda imperante en la segunda mitad del siglo XV, así que bien podría tratarse del estimulante material bajo el lecho de un adolescente de la época. Se ha dicho que su autor es Roger Bacon, otros aseguran que fueron los cátaros, que sus vocales contienen un antiguo sistema taquigráfico griego, que está escrito en ucraniano sin vocales, en hebreo ligeramente cifrado, en una lengua asiática pero con alfabeto inventado, que es una absurda falsificación para sacar dinero, que se trata de un texto manchú…. Supongo que sobran las ideas cuando nadie tiene ni idea, y cuando nadie tiene ni idea se encuentran las llaves olvidadas. Es mi deseo que los que hayan perdido el conocimiento que nunca tuvieron jamás te golpeen en la cabeza con una de esas llaves rescatadas. Son llaves para ganar el corazón y no para perder la cabeza.

Arco iris mitológico

El rojo es el color de la vida, que si es derramado significa la muerte. Es el color de la pasión y del deseo. Es también el color de la fuerza y del guerrero. El arcano XI del Tarot, La Fuerza, exhibe una capa roja sobre un vestido azul simbolizando una pasión ciega, la justicia eclipsada por la fuerza. Sin embargo, el VIII, La Justicia, esconde un vestido rojo bajo el manto azul. Rojo y blanco son los colores de Jehová e ilustran su amor y pureza, pero también su fuerza. En oposición al calor del rojo está el más frío de los colores, el azul. Es el color del cielo, de lo divino, de lo más alejado de la tierra y del hombre. Es el color de la sabiduría. Para los egipcios era el color de la verdad. El azul y el blanco son los colores de la Virgen María, y expresan el ascenso al cielo de la pureza en la tierra, luego también simboliza la virginidad. Todavía hoy en algunos pueblos polacos se pintan de azul las casas que albergan a una mujer preparada para casarse. El azul se opone al rojo, pues supone la renuncia al deseo. Color de la renuncia, del vacío y de la sabiduría. Pero cuando la fuerza impetuosa del rojo se mezcla en idéntica proporción con la sabia carencia del azul, se obtiene el violeta, el color de la templanza, que es la pasión equilibrada con la sabiduría. El arcano XIV del Tarot, llamado La Templanza, representa a un ángel que tiene en las manos dos vasos, uno azul y otro rojo cuyos contenidos son mezclados. En la Grecia clásica, el acto de verter de un vaso a otro simbolizaba la reencarnación. El violeta es también símbolo del renacimiento. Equidistante entre el rojo y el azul, se halla el verde. Entre el calor y el frío extremos habita un color refrescante, tranquilizador, muy humano, pues se aleja tanto del sentimiento descontrolado como de la insensibilidad. Entre el invierno azul que todo lo hiela y el tiempo estival que todo lo seca, surge la primavera de prados verdes, y con ella una nueva esperanza de fertilidad. Verde es así el despertar de la vida, el color de la esperanza y de la longevidad. Para los musulmanes es el color de la salvación y del conocimiento. El verde esperanza que inspira el conocimiento estaba en las togas de los médicos de la Edad Media, es el color de los boticarios que fabrican el medicamento, y su efecto calmante se impone en nuestros quirófanos, de los que esperamos salir a salvo. Si el verde simboliza una larga vida, el amarillo es el color de la eternidad, el color de los dioses. Reyes y emperadores lo adoptan para afirmar el origen divino de su poder. Pero con frecuencia su orgulloso amarillo es pálido, que en el Islam simboliza la decepción, y en el teatro chino indica cinismo y crueldad, enfrentándose al rojo que es sinceridad y lealtad. La lealtad decepcionada es el naranja, que a veces representa a la lujuria. En Japón, el rojo es símbolo de fidelidad y de dicha. Aunque los soldados llevan a veces un cinturón rojo como muestra de lealtad al país, los hombres japoneses casi no usan este color, lo que se me antoja sospechoso.

Ornitología fantástica

Los pájaros feng-huang se dejan ver en lugares donde reina la paz y la armonía. A quien tiene la fortuna de avistarlos se le auguran todo tipo de bondades. Se trata, sin embargo, de un ave seriamente amenazada, ya que su hábitat está desapareciendo rápidamente. Aunque todavía hay quien lo hace, no debe confundirse con la golondrina, para muchos el ave negra, que, a diferencia del feng-huang, es frecuente y de amplia distribución geográfica. En China se cuenta que el ave negra dio origen a la dinastía Shang, también conocida como dinastía Yin, pero en realidad de ella se ignora hasta el color. El jingwei o ave protectora, también llamada ave de la promesa, es un córvido de notable belleza. De color negro, tiene listada la cabeza, blanco el pico y rojas las patas. Es muy trabajador y se dice que un solo ejemplar, el espíritu de Nüwa, llenó el mar de Oriente con ramas y piedras traídas de los montes occidentales. Las aves bifang son probablemente zancudas, pero sólo tienen una pata, y se engendran a partir de la madera. Además, se han citado ciertos ejemplares chinos que mostraban cara humana. El ave dos, también llamada biyi, es una anátida muy peculiar que se distribuye por buena parte de Asia. Este pato de plumas coloreadas de verde y rojo es, al igual que el bifang monópoda, pero además, tiene sólo un ojo y un ala, lo que hace que no pueda volar sino es emparejado. Gusta de tierras muy húmedas y verlas significa la llegada de grandes inundaciones. El ave fénix es una zancuda originaria de Etiopía. Probablemente se trate del pájaro más longevo que se conoce. De gran belleza, es de un rojo deslumbrante, que según los árabes sólo se posa en el centro del mundo. Este pájaro es famoso por tener la extraordinaria facultad de renacer de sus cenizas cuando es consumido por el fuego. Una extraña característica que seguramente desconcertó a más de un cocinero olvidadizo. La subespecie egipcia se denomina Bennu y se la relaciona con el ciclo anual de las crecidas del Nilo. La subespecie china tiene la peculiaridad de ser andrógina y simboliza la felicidad conyugal. En general, el fénix simboliza el principio que hay en todo final. Es el pollo de la vida. Entre las rapaces destacan las harpías, que suelen venir en número de tres (Aelo, Ocípete y Celeno), y a las que sólo el hijo del viento logra expulsar. Esta actividad resulta de la mayor importancia, teniendo en cuenta que estas aves de olor infecto y cabeza de mujer (lo siento), traen los tormentos obsesivos del deseo y la culpa que sigue a la satisfacción del vicio. También en occidente disfrutamos de aves que ya son todo un mito. Hasta no hace mucho, sin ir más lejos, no había cama en España bajo la cual no anidase el ave cenilla, que tantos disgustos habrá evitado…

Gatos

Una noche no hace mucho, pero muchas hacen ciento. ¡Vaya!, se me ha ido la chaveta. Esto va sobre gatos, así que comenzaré de nuevo, espero que con más fortuna. Una noche no hace mucho, soñé que un gato saltaba a los pies de mi cama. Fue un sueño extraordinariamente vívido, el cual había tenido mi madre antes que yo. El gato avanzaba sigilosamente hacia mi cara y, por algún extraño motivo yo no debía permitir que eso ocurriera. Cuando casi se encontraba sobre mi pecho me sentía paralizado de terror, abrí los ojos y era incapaz de moverme. Incluso despierto fui presa del encanto de mi sueño, al menos por unos segundos que me parecieron horribles. A pesar de mis temores, cabe decir que los gatos son considerados animales benefactores en culturas muy diferentes. Es sabido que los egipcios los veneraban a través de la diosa Bastet, protectora del hombre, muchas veces representada en la forma de un gato con un cuchillo en una pata cortando la cabeza de Apofis, la serpiente que simboliza a los enemigos de Ra. Es interesante destacar que otras culturas también asocian gatos y serpientes. Así, tanto en la cábala como en el budismo, el gato y la serpiente se asocian para simbolizar el pecado. Los budistas reprochan a ambos animales ser los únicos que no se conmovieron con la muerte del Buda. Sin embargo, este desapego emocional a veces es interpretado como un gesto de sabiduría. También en la tradición china al gato se le atribuye un papel benefactor. Para los musulmanes son animales que favorecen al hombre siempre que el gato no sea completamente negro. Los gatos negros tienen siete vidas y cualidades mágicas, y a menudo simbolizan la oscuridad y la muerte. La sangre de un gato negro se utiliza en la escritura de encantamientos poderosos y quien maltrata a uno de ellos se perjudica a sí mismo, según los persas. Los gatos salvajes eran considerados animales sagrados por algunos indios americanos como los pawnee, así como por ciertos pueblos africanos, que además le atribuyen alguna capacidad clarividente. Tengo un amigo que da cobijo a varios de estos felinos. Este hombre cultiva una huerta y cuando mira al cielo suelen invadirle preocupaciones de las que yo carezco. Con frecuencia se queja de la falta de lluvias, especialmente durante este invierno que estamos viviendo, uno de los más secos que recuerdo en Galicia. Quizás debería recomendarle hacer lo que todavía hacen muchos camboyanos. En Camboya, los gatos se pasan de casa en casa en el interior de una jaula, luego cada vecino riega el gato con la finalidad de despertar sus maullidos, pues se cree que conmueven a Indra, la voluntad que traerá el agua que fecunda la tierra.

Un duelo en el infierno

Un famoso personaje del no menos célebre guionista Neil Gaiman, bajó una vez a los infiernos para desafiar a un demonio. Tal y como es sabido, en ese lugar acostumbran a someter al condenado a un sin fin de martirios, pero si estás de paso es posible que te veas abocado a protagonizar uno de esos duelos de la imaginación en los que sólo el que vacila es derrotado. No hace falta añadir que quien pierde con un demonio suele pagarlo caro y, generalmente, es una deuda para la eternidad. Para salvaguardar la intimidad de los implicados en esta historia llamaré al desafiante S y al desafiado, el demonio, D. El intercambio de golpes comenzó con D diciendo: “soy un lobo aterrador, un depredador letal, que a las presas acecha”, a lo que S respondió: “soy un cazador montado a caballo, que al lobo lancea”. Ante esto, el demonio dijo ser “un tábano que derriba al cazador picando a la yegua”, a lo que rápidamente S dió respuesta: “soy una araña que a los tábanos en su telaraña enreda”. “Soy una serpiente que devora arañas”, rugió el demonio; S: “soy un buey que aplasta a la serpiente con sus pesadas patas“. Entonces, el demonio añadió con sus dos bocas plagadas de colmillos: “soy el ántrax, una bacteria asesina que la vida destruye, y así acaba con el buey”. Consciente de una trampa del demonio, lo que es lo mismo que decir “una trampa de cojones”, S dio un giro radical a su estrategia: “soy un mundo que flota en el espacio en el que la vida fluye”. D: “soy una nova que explota incinerando planetas”; S: “soy el universo, que toda la vida abarca, que todas las cosas alberga”; D: “soy la muerte, la bestia del juicio final. Soy las tinieblas que quedarán cuando los universos, los dioses y los mundos bailen su última danza”. Seguro de su victoria, el demonio preguntó con su voz duplicada, desafiante “y ahora, S, ¿qué serás tú?”. Y con un aplomo insufrible, S le respondió: “la esperanza”. De esta manera ganó S aquel duelo, pues la esperanza no es lo último que se pierde, sino lo primero con que se gana.

El lugar en ninguna parte

Existe una isla que no es posible ubicar geográficamente. No quiero decir que todo el mundo desconozca su paradero sino que es imposible precisarlo. Por esta razón se la llama Utopía. El canciller de Enrique VIII, Tomás Moro, escribe sobre ella a raíz de un testimonio fidedigno. Por eso sabemos que está gobernada por un consejo de ancianos cuyos miembros son elegidos democráticamente. Sus habitantes carecen de moneda y todos ellos, sin excepción, dedican una parte de su tiempo al cultivo de la tierra y el cuidado de los animales, a las obras públicas y, en fin, a todo aquello que es necesario para la vida en comunidad. El trabajo es obligatorio y la mendicidad no está permitida. El resto del tiempo se dedica al ocio. El tiempo que no se reserva al cultivo de la tierra se dedica a cultivar el alma, a través de la cultura, las artes, las relaciones interpersonales…. Los bienes son compartidos, por lo que sus gentes no se preocupan de otro enriquecimiento que no sea el personal. El oro se destina a cosas como la elaboración de grilletes para los presos o la fabricación de urinarios públicos. Los habitantes de Utopía cuidan el cuerpo al tiempo que sus mentes, sin excesos ni obsesiones, gozan de total libertad de cultos, aprecian los placeres de la vida y protegen a los discapacitados. Se dice que no hay otro lugar en el mundo donde las personas vivan tan felices. Existen ejemplos de sociedades que han pretendido llevar a la práctica los ideales comunistas de Utopía. Por ejemplo, durante el siglo XIX, Étienne Cabet y otros muchos que se llamaban a sí mismos icarianos, compraron gran cantidad de tierras en los Estados Unidos para fundar Icaria, una sociedad regida por una ley fundamental, la fraternidad. Tenían el trabajo como el primer deber y el vivir como el primer derecho. Aunque el proyecto fracasó, encuentro meritoria la búsqueda de su propio lugar. Una vez conocí a una chica que soñaba con poder disponer de los medios materiales que le permitiesen contribuir a crear una sociedad libre y justa, en la que vivir en comunidad. Era un sueño que tenía presente casi a diario. Era como si viviese una contradicción, ya que, para ella, en muchos sentidos aquel mundo imaginario era más real. Para Ernst Bloch, vivimos un mundo inauténtico, ya que la realidad no es, la hacemos. Hombres y mujeres se realizan a través de la esperanza, que es el verdadero fundamento de la historia, en lugar del pasado. La Historia avanzaría gracias a que esas islas sin lugar son realidades íntimas y no meros deseos, forman parte de nuestro ser. Una Humanidad sin esperanza es como un papel que se quema en un cenicero. Ese lugar en ninguna parte tiene un sitio natural que es el corazón humano. Liberarse de este único apego sería hacerse cenizas.

Flora fantástica

Chesterton se refiere a un árbol que una vez devoró a los pájaros que en él anidaban y que, llegada la primavera, dio plumas en lugar de hojas. Debido a que muy pocos llegaron a ver a esta rara especie, no me consta que haya sido convenientemente descrita y, por consiguiente, le fuera asignado un taxón dentro de la jerarquía linneana. Con todo, propongo nombrarla como Aviphagus chestertoni, en honor del genial escritor, su verdadero descubridor. El polipodio chino, Polypodium borametz, es más común. Suele tener cuatro raíces que elevan la planta del suelo dándole un aspecto cuadrúpedo. Se han conocido ejemplares de cinco raíces, aunque todos ellos se caracterizan por tener un aspecto de cordero dorado, debido a la pelusilla que lo cubre, similar al agutí de muchos mamíferos. El ojo inexperto podría llegar a confundirlo con el vellocino de oro. Es sabido que los lobos devoran la planta, en particular el líquido sanguinolento que guarda en su interior. No es el polipodio una planta fácil de cultivar, pues manifiesta una acusada alelopatía en relación con fenómenos de competencia ecológica, como el eucalipto o el tojo, por ejemplo, así impidiendo la germinación de otras especies a su alrededor. Entre las más célebres del imaginario colectivo, sin duda se encuentra la mandrágora, que grita cuando es arrancada. El botánico aficionado podrá reconocer fácilmente el marcado dimorfismo sexual de esta especie de forma humana, ya que, tal y como había destacado Plinio, la planta macho es blanca y la hembra negra. El estudioso Discórides observa, sin embargo, que, si bien la raíz es negra, la flor es como la leche, sugiriendo la sinonimia entre la hierba de Circe, presente en la Odisea, y la mandrágora. No obstante, el agricultor aficionado deberá tomar precauciones, pues si el polipodio sólo atraía a los lobos, el grito de la mandrágora, dice Shakespeare, puede enloquecer a quienes lo escuchan. Además, son numerosos los testimonios independientes que se refieren a los muchos riesgos que conlleva el extraerla. En opinión de Plinio, la protección sólo es posible realizando tres círculos con la espada a su alrededor, mientras se mira al poniente. En cambio, Flavio Josefo sugiere utilizar a un perro a sabiendas de que morirá. En cualquier caso, una vez que se posea, no deben de cesar las precauciones, pues el olor de las hojas puede hacer enmudecer y el extracto es un poderoso laxante. Esto significa que, si un nuevo espacio fuera encontrado, quien muere por la mandrágora podría llegar a presentarse callado y cagado.

Arañas

Para ciertos pueblos vietnamitas el alma del hombre ordinario se manifiesta como una araña. Las gentes se cuidan de no matarlas, pues eso podría causarle la muerte a personas anónimas que en ese momento están sumidas en el sueño. En Siberia y otros pueblos de Asia central la araña también representa el alma liberada del cuerpo. Una araña teje el barco que lleva las almas de los muertos al infierno, según los muisca colombianos. Para los aztecas, la araña era el signo del dios del infierno. En esas películas de terror en las que se observa que una araña sale de la boca de una calavera, es el alma del muerto quien abandona el lugar para hilvanar la venganza en un oscuro rincón. Diferentes pueblos del mundo, desde el África occidental hasta Oceanía, pasando por la India, tienen a la araña por un demiurgo originario, el primer ser de cuya sustancia a surgido todo lo que existe para el hombre, a modo de tela, con urdimbre y trama. La araña tejedora de la frágil realidad. Para los griegos, sin embargo, la araña es el demiurgo castigado por compararse a lo dioses. Los musulmanes identifican a las arañas negras como algo negativo, a veces con el mal de ojo. Sin embargo, tienen prohibido por el Corán matar a las arañas blancas. Además de como alma libre, la araña como símbolo de la adivinación es una constante en la mitología de muchos pueblos tan diferentes. En el Camerún, un adivino coloca ciertos objetos en la entrada de la cueva de una araña enorme. Durante la noche, la araña saldrá para alimentarse y revolverá los objetos dejando tras de sí un código que el adivino descifrará de acuerdo con las inquietudes del poblado. Los Incas tenían por un mal augurio que las patas de una araña adivinadora, que guardaban en una vasija oculta, se encontrasen completamente estiradas cuando era descubierta. Para los bambara de Mali, la araña denota un estado intuitivo especial sólo alcanzado por algunos iniciados. Según el Corán, la araña simboliza a quienes se alejan de Dios guardándose entonces en la casa más frágil. También en la Biblia el malvado se construye una casa de araña. Para aquellos pueblos vietnamitas el alma del hombre excepcional se manifiesta no como una araña, sino como una luciérnaga.

Culebrón de planetas

La Tierra (Gea) cayó embarazada sin colaboración ajena y engendró a Urano (el cielo), el mar y las montañas. Urano yació más tarde con su propia madre y de su unión nacerían varios titanes, entre los que se encontraba Saturno (Crono). Más tarde, la Madre Tierra también generaría a tres cíclopes y a los tres hecatonquires, cada uno de los cuales tenía cien brazos y cincuenta cabezas. Sin embargo, Urano, que odiaba a todos los hijos de su madre, la obligó a retenerlos en su seno. Esto causaba a la Tierra graves dolores de vientre, por lo que pidió ayuda a sus hijos. Sólo Saturno la escuchó y cuando su madre le proporcionó una hoz afilada, se decidió a usarla. Esperó hasta que Urano se acostase con la Tierra, siendo entonces cuando le cortó los genitales y los arrojó al mar. Pene y testículos fueron arrollados por las olas dando lugar a una espuma lechosa, un tanto asquerosilla, de la que nacería, sin embargo, Venus (Afrodita, el bollazo). Después, Saturno liberó a sus hermanos y sustituyó al rey castrado. Traería a su pueblo la agricultura y la civilización, y su reinado supuso una época de prosperidad para todos. Su fiesta anual eran las Saturnales coincidiendo, aproximadamente, con el solsticio de invierno. Mucho más tarde, esta celebración sería sustituida por las Navidades. Se dice que alguien es de carácter saturnino cuando resulta taciturno y se expresa con parsimonia. Saturno fue un buen rey, pero con el tiempo se volvió un tirano y, desconfiando de sus hermanos, los encerró en el tártaro, un tétrico lugar de las profundidades terrestres. Además, la Tierra le había vaticinado que sería derrocado por uno de sus vástagos. Saturno, que se había casado con su hermana, la célebre aficionada del Real Madrid, Cibeles (Rea), haría todo lo posible para impedirlo. Para evitar el cumplimiento de la profecía, al muy bruto no se le ocurrió otra cosa que irse comiendo a sus hijos a medida que nacían. Primero tuvo a cinco, entre los que se encuentran Neptuno (Posidón) y Plutón (Hades), alias “el Rico”. El sexto hijo de la Cibeles fue Júpiter (Zeus), al que mamá protegió enviándolo a Creta poco después de su nacimiento. A la hora de la comida la madridista dio a su esposo una piedra en lugar del recién nacido, y aquel, que no tenía un paladar sibarita, no notó la diferencia. Júpiter creció y terminó destronando a su padre. Además, obligó a Saturno a vomitar entre bilis a sus hermanos, que, una vez convenientemente aseados, se repartirían el botín. Júpiter se quedaría con el cielo; Neptuno llegará a ser el dios del mar y las aguas, y su fiesta, el 23 de Julio, coincidirá con la época más seca del año; Plutón reinaría sobre el infierno, lugar ciertamente interesante. De la unión de Júpiter con Juno nacería Marte (Ares), dios de la guerra, que se convertirá en el padre de los fundadores de Roma. Del affaire que Júpiter mantuvo con la Pléyade Maya nacería Mercurio (Hermes), travieso mensajero de los dioses e inventor de la lira, ejemplo divino para ladrones y mercaderes. Al contrario que el saturnino (recuerda que no se trata de un pájaro ni del dueño de una tienda de ultramarinos, sino de una manera de ser), el carácter mercurial es vivaz y ocurrente. Mercurio no se casó, pero tuvo muchos hijos de múltiples amantes, entre los que destaca su hijo Hermafrodito, el machote.

« Artículos anteriores