Skip to content

Eva

Si no evadimos la evangélica evaluación,

nos dio a Eva la evacuación de la primera evaginación.

Y hoy evagamos por el mundo evanecidos,

porque ni se evaporó ni se evanesció,

como las orejas de Evander e Van Gogh.

Con motivo del 35º aniversario de Eva

Anuncios

Los héroes intelectuales

Nunca he sido un mitómano, ni vestido la bufanda de mi equipo favorito, ni adoptado un “look que imprimiese carácter”, ya sea de una clase de personaje, de un determinado grupo de música, de una tribu urbana, etc. No ilustré mi carpeta con fotos “guais” ni empapelé mi habitación con rostros maquillados (aunque recuerdo las páginas de mi archivador plagadas de aforismos). Nunca me llevé la mano al corazón con solemnidad envuelto por acordes venidos del cielo, ni besé símbolo alguno encomiándome a la buena ventura. Nunca berreé un estribillo, un gol, o una sentencia, ya sea desde un rebaño, un estadio, o una manifestación. Ni siquiera oraba al unísono en la iglesia, sino para mí. Si en el pasado padecí explosiones de espontánea irracionalidad, me cuidaba de que fueran a solas, en la intimidad, allí donde nadie me viese llevado por la estupidez placentera. Siempre tuve ese pudor. Por alguna extraña razón siempre me repelió la imitación automática, y la fuerza la encontraba menos en la conjunción masiva que en la reflexión compartida, pero individual. Así me recuerdo incluso desde niño. Probablemente, esto es algo que debo a mi padre, ya que en mi vida el modelo por excelencia lo representó la ausencia. Sin embargo, hoy haré del texto, una vez más, la nevera en la que se adhieren cosas para que otros las vean, los mensajes “que nos molan” pegados a la parte de atrás del coche, la camiseta con la leyenda “guai”, y la pancarta que exhibimos con artificiosa seguridad. Empezaré a escribir los nombres de mis héroes: Bertrand Russell, Erich Fromm, Noah Chomsky, Richard Lewontin, Stephen J. Gould, Hermann Hesse, Martin Gardner…, sí, para ejercitar la vanidad, pero también para homenajear humildemente a otro de ellos, a José Saramago.

Descubrimiento tres

Se tu mismo, pues no puedes ser verdaderamente nadie más. Acepta tus limitaciones e inseguridades. No dejes que manos ajenas dibujen sobre un rostro maravilloso. Y es maravilloso porque no hay nadie como tu, nadie lleva tu nombre. Celebra pues tu singularidad. Reconoce tu rostro y el de los demás como lo único importante. El artista genial siente que detallando el fondo de un retrato convierte al retratado en un extraño para el espectador, porque la mirada se distrae con los objetos. Pero si presenta al personaje suspendido entre sombras, emergiendo de la bruma, materializándose en la nada, nuestros ojos no pueden escapar a los suyos. Es entonces cuando su mirada nos revela el enigma interior y nos habla de nosotros mismos. Es entonces cuando se vuelve bello, sincero, cuando todo lo demás está eclipsado por su presencia. Procede de esta manera en el encuentro, que nada importe más que esa impronta única que te acompaña, y que entregas. Cuando muestres tu rostro a los demás despreocúpate de detallar el fondo del cuadro y tomará forma tu fondo. No importa la ropa que llevas, las ideas que dices defender, el grupo de música que te guste, tus logros profesionales… Cuanto más hagas de estas cosas tu tarjeta de visita, más vulgar será la obra que muestras.

Descubrimiento dos

No causes deliberadamente ningún mal a otros. Sin duda, terminarás causando daño a tu paso, pero entonces que sea debido a tu ignorancia y no a tu inteligencia. Porque la inteligencia al servicio del dolor es ignorante, y el dolor causado por ignorancia tiene la fertilidad del error. Pero el acierto en el dolor ajeno te encierra permanentemente en el propio. Así pues, olvida todo afán de venganza, destierra de tu interior todo rencor. Que el malvado no se lleve tu belleza para poder verse al espejo como uno más. Él es un extraño para sí mismo, es incapaz de reconocer su propio rostro, por lo que intenta difuminar el fondo acabando con los contrastes, emborronando las figuras, destruyendo en un patético intento de creación. Él busca inutilmente una senda perdida que sólo podrá recuperar integrando a los demás en el centro de su vida. No le imites desdibujando una obra genial. Que tus ojos permanezcan limpios después del encuentro, y sigue el camino que lleva tu nombre sin abandonarlo jamás.

Descubrimiento uno

No te anticipes a la realidad por llegar, pues es un espejismo. No visualices futuribles que no puedes controlar. Obra según lo que esté en tu mano. Lo que está lejos no existe, no lo vas a acercar con tu lamento, no lo vas a controlar desde la distancia. Deja que las cosas se acerquen a ti con su propio movimiento, alejando el ansia de control. Hacer esto es respetar a los demás porque si algo está lejos de ti es porque está cerca de otro. Las cosas llegarán a ti agitadas por los demás y cuando eso ocurra habrá llegado tu tiempo. La acción es siempre inmediata. No darse cuenta de esto es causa de angustia. Espacio y tiempo son aquí lo mismo. Sin embargo, anticípate a lo irreal, visualiza escenarios imposibles. Sueña. Porque los sueños se alimentan de confianza serena, engordan, y maduros se desprenden de tu cuerpo como la realidad por llegar, el espejismo liberado que un día, tal vez, arribará a tu vera.

Scorsese el mago

Me transformó en un ratón recorriendo un magnífico laberinto construido de materia oscura, la materia de Lehane. Mientras correteaba por circunvoluciones cerebrales esperaba hallar una salida a través del nervio óptico. Pero el espectador en que me había convertido, mágicamente transmutado en roedor, habría de quedar atrapado en una red entretejida por una mente enferma de genialidad. En aquella prisión arrastraba la cola mórbida por la senda retorcida como se arrastra una duda, y mis ojillos escarlata observaron con ansiedad cada encrucijada buscando la cura. Buscaba la luz que iluminase la verdad, el faro que guiase mi conciencia por las turbias aguas de Kafka. Pero me absorbieron la realidad y el sueño mezclando su textura, y tocado por hilos impregnados de ponzoña no encontraría la salida sino el centro. Allí aguardaba la araña blanca de la locura, y la omnipresente voz del mago: “no miento”.

Personal reseña de la película de Martin Scorsese “Shutter Island” (****)

Garzón tirado del olmo

No se nada de leyes. Oigo las voces de quienes afirman que hay que dejar al Tribunal Supremo trabajar con independencia, que hemos de confiar en la justicia, que le corresponde a la institución decidir si el juez se equivocó o no, y me suenan razonables. Los jueces se equivocan como lo hacen los médicos o cualquier otro profesional. El juez Tirado se equivocó con consecuencias nefastas, y le impusieron una multa de 1500€. El juez Del Olmo se equivocó cuando hizo desaparecer injustamente a todo un periódico, ¿el único en euskera?, y acusó a las personas que lo dirigían. Quizás Garzón se haya excedido en sus funciones, no lo se, pero de lo que se acusa a este hombre es de tomar resoluciones a sabiendas de que son injustas, de un claro abuso de poder. Esto significa que Garzón no habría cometido un error de interpretación de la ley, sino que se habría erigido por encima de la misma con pleno conocimiento. Para expresarlo con cierta brutalidad, una cosa es que un cirujano haya olvidado una gasa en tu vientre durante una operación para salvarte la vida, y otra diferente es que te abra en canal con la sola intención de introducirte un cuerpo extraño. Pero no entiendo que ocurra lo que está ocurriendo después de la falta de unanimidad en la decisión de que el Supremo juzgue a Garzón por semejante delito de prevaricación. Este simple hecho me indica que Garzón no pudo haber prevaricado, pues en esa votación miembros competentes hubieron de haber vislumbrado la lógica interpretativa dentro de la legalidad que siguió el juez. Es decir, la actuación de Garzón sería legal, aunque potencialmente errónea, según los magistrados que votaron a su favor por pocos que fueran. En mi opinión, esta votación debe considerarse de forma cualitativa, ya que tales magistrados interpretando la ausencia de delito podrían haber actuado siguiendo la ley de igual manera en una situación análoga. Dicho de otro modo, si Garzón hubiera prevaricado, pienso que la decisión sobre su acusación habría de ser necesariamente unánime en ausencia de prevaricación. Por otro lado, no puedo entender que el único encausado en relación con los crímenes del franquismo sea el juez Baltasar Garzón, pero ya he dicho que yo no se nada de leyes.