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Contrastes unidos

marzo 23, 2007

Los Estados unidos de América es un país de profundas diferencias. En ciertos aspectos es terrible, maravilloso en otros. La visión que tenemos en Europa de aquel país está claramente sesgada en favor de esta faceta oscura, que se ha ganado a pulso con una política internacional cruel, profundamente egoísta y al servicio de un capitalismo exacerbado, un monstruo tan voraz como insaciable que gusta de absorber la libertad allí donde se encuentre. La cacareada democracia no es sino la dictadura del dólar. Sólo hay que haber vivido allí un par de años para sentir el tremendo empuje al consumo que causa la decadente transformación del espíritu, la cosificación de la persona; para sentir la tierra cubierta de cemento, el alma de ceniza, la mirada de tristeza, el corazón aprisionado con el dogma y el miedo materializando armas modernas en las mismas manos que labran la tierra… Hace falta respirar aire puro para escapar de esa fría corriente y, paradójicamente, eso es algo que en pocos sitios se logra como en ese país. Es una tierra extraordinariamente interesante, no sólo por sus espacios naturales, muchos de ellos todavía vírgenes, a pesar de quienes afirman reconocerlos, sino, especialmente, por su diversidad. Sí, por su gente también. Es como una naranja pelada inmersa en un cubo de auténtica libertad. El líquido va empapando la fruta poco a poco, estando el centro casi seco. Las costas brillan de intelectualidad, auténtico amor por el país y no sólo esa manipulación patriótica que pretende asfixiarte por todas las esquinas. No, sincera autocrítica, pensamiento honesto y transparente, noble ingenuidad. La costa del Pacífico, por ejemplo, es extraordinariamente diversa en sus gentes y ha sido muy permeable a otras culturas, particularmente orientales. Casi somos incapaces de imaginar desde este país nuestro, apretado por una vigorosa tradición católica, la pureza detrás de los vientos que azotan a una tierra tan joven. Es un jardín exuberante, una selva tropical, un bullir incesante, un auténtico tesoro. En el norte de California puse mi mano sobre un árbol milenario rodeado de otros muchos. Por un instante me saludó ese ser sabio como antes hizo incontables veces con otros granos de polen bailando confusos con el aire. Me acogió en arrugas profundas que sirven de puerta a otros universos y me suplicó respeto por todos nosotros.

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From → 06. Seísmos

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