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Breve elogio de lo negativo

abril 18, 2007

Habían puesto los positivistas su fe en un criterio de verificación basado en la experiencia o en la lógica, de tal manera que sólo serían considerados enunciados con sentido aquellos respetuosos con la lógica y la matemática, por un lado, y los susceptibles de confirmación empírica, por otro. Todo lo demás carecería de sentido alguno, muchas veces no se trataría más que de meras patrañas, siendo poesía de conceptos en el mejor de los casos. Lo que no es positivo es practicamente todo, sin embargo. Una vez usada la espada de lo positivo, la filosofía quedaría reducida al análisis lingüístico; la religión relegada al “opio del pueblo”; la metafísica, tan sólo lírica dirigida a despertar emociones; ¿cómo podría fundamentarse empíricamente la historia?; la sociología, la antropología, la psicología…, todas ellas bajo sospecha. Y entonces, caímos en la cuenta de que los enunciados científicos quizás no puedan ser verificados mediante la observación sino únicamente refutados (Popper), que esencialmente sólo pueden ser provisionales; que la matemática no puede ser reducida a la lógica (Russell), que contiene una limitación inherente que le impide ser completamente coherente (Gödel); y que el mismo criterio de verificación basado en lo que tiene sentido y lo que no, es un enunciado no matemático y no contrastable empíricamente y, por consiguiente, sin sentido. Recibimos así una bofetada de humildad de la que muchos científicos parecen no haber despertado y es que la ciencia se ocupa de la explicación de los fenómenos y sus logros son extraordinarios, mas no estará de más reconocer que sus fundamentos no pueden ser sino metafísicos. La realidad probablemente es más compleja de lo que podemos concebir. A través de distintas maneras de conocer abordamos diferentes segmentos de una realidad abrumadora, aproximaciones diferentes que merecen nuestro respeto y siguen sus propios métodos. La propia ciencia que sigue una metodología admirable y rigurosa, aunque por suerte no exenta de subjetividad, vislumbra límites vertiginosos en los que casi se alumbra el misterio. Esto, pienso yo, habría sido reconocido por Einstein, por ejemplo. Y, aportando tanto, de pronto se calla, la puñetera. Nos dice el cómo y guarda silencio respecto al por qué. Me parece que fue Pasteur quien dijo una vez que un poco de ciencia te aleja de Dios, pero que mucha te devuelve a él. En cierto modo, este aserto me parece socrático. Y como a estas alturas ya habré quedado como un pedante, aprovecho para rematar con una de esas exquisiteces de Voltaire, pues se dice que dijo una vez de un afamado doctor: “este hombre debe ser un gran ignorante, pues a todo lo que se le pregunta da una respuesta”.

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From → 13. Lo último

One Comment
  1. La ciencia no puede reducir a números o ecuaciones todo lo existe, por que como apuntas bastantes disciplinas se quedarían fuera del juego positivista, pero peor aún, que hay de la belleza, del amor, de los sentimientos, ¿cómo se puede reducir a ciencia el espasmo catatónico de Stendhal ante la visión de la Capilla Sixtina?

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