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Tierra de abundancia

abril 19, 2007

La transformación del mundo es una empresa titánica no tanto por su magnitud, por el conjunto de cosas que han de hacerse o resultan útiles, como por la valentía que exige enfrentar la cotidianidad con las personas en el centro de la vida. Ese cebador necesario prende difícilmente en nuestras sociedades, presas de la falta de confianza y de la angustia, más propia del arrojado a un mundo extraño, que pretende ser acallada con la acumulación, con el ensalzamiento de la cosa. Pero de consumidores pasamos así a ser consumidos. Por supuesto, la utopía merece la pena ser vivida, pero pasa por una transformación personal realmente valiente donde el miedo sea acallado por la confianza. La tarea tiene lugar en cada uno, esa es la dimensión verdaderamente importante, pues movilizados por el miedo no encontraremos más que su justificación a nuestro alrededor. El mundo es entonces visto a través de las gafas para visión térmica del militar. Veríamos con los ojos de la víctima. Todo encajaría a la perfección con nuestros temores. Le ocurre esto al veterano de guerra o a todo un país con un potencial humano descomunal. Ambos están sufriendo por el maltrato. Por eso, lo que es realmente difícil es escuchar las voces de los que se fueron y ahogar con ellas los gritos de venganza de los que quedan. Porque aquellas son ahora valientes en su sueño y las nuestras hablan todavía por la oscura boca del miedo. (***)

Comentario romoniano de la película de Wim Wenders adaptado para luciérnagas

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