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Canes viles

abril 27, 2007

Creíamos que estábamos en nuestro derecho. Qué grave injusticia se cometía con nosotros porque habíamos sacrificado tanto, tan grande era nuestro amor. Dadas las circunstancias, resultaba terriblemente irrespetuoso el no ser adecuadamente correspondido. Dogville es el nombre de un pueblo universal. Es también un análisis psicológico pesimista, mas certero y transparente como lo son sus muros, a pesar de su agresiva ironía. Revela con brutalidad miserias que son vulgares y cotidianas en las relaciones interpersonales. Casi no somos conscientes de cuantas veces exigimos al otro cuando afirmamos acogerle con un abrazo, cómo nos aprovechamos de su fragilidad y lo manipulamos. Casi no percibimos la fuerza con la que le sujetamos cuando le decimos “te quiero”, cómo pesa el lastre con el que le hacemos vagar por las inmediaciones. Esta dañina ignorancia es realmente dramática. Dogville no fue lo suficientemente valiente como para enfrentar su propia mezquindad, la misma que lo consumió. Con el hipócrita intuimos que las gentes de este pueblo de perros tienen un problema con recibir. Lo que permanece oscuro a su entendimiento es que tal déficit a menudo viene acompañado de un problema con dar. De manera furtiva les fue dado el regalo que haría del pueblo un lugar libre de pobreza. Aquel que, orgullosos, no supieron aceptar. (***)

Comentario romoniano de la película “Dogville” de Lars von Trier, previamente publicado en Filmaffinity

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