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Crash

mayo 4, 2007

Un puzzle de pocas piezas que es atrapado dentro de un círculo con el diámetro de un día. Es interesante observar cómo la violencia impregna esa red fragmentaria de la que personajes muy distintos no logran escapar. La fuente última de esta pegajosa sustancia es el miedo. Aunque se centra en un miedo que muchas veces brota del “crash” entre personas de diferentes culturas y grados de melanina en piel y ojos, la agresividad como consecuencia de una actitud cobarde ante lo diferente es un asunto mayor. Por ejemplo, podría ser protagonizado por un pálido universitario al que se le empañan las gafas cuando entra en un bar country de un pueblucho de Kentucky. Aquí se trata sobre el irrespirable ambiente de violencia que flota en una urbe como L. A., así como de la responsabilidad de cada cual en la transmisión de esa peste. Sin embargo, hay algo que no me sabe bien con respecto a su tratamiento de los prejuicios raciales. Se trata de un equilibrio dinámico que nace de una cierta neutralidad o equivalencia en las causas éticas del problema, que pienso complacerá a la tribu blanca, machista y protestante americana. (***)

Comentario romoniano de la película de Paul Higgis ganadora del Oscar en 2006

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