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Con escudo o sobre él

mayo 14, 2007

Estas palabras cantaban las madres y esposas de los soldados espartanos que se encaminaban a la batalla. El escudo del hoplita era redondo y terriblemente pesado, de manera que no se podía llevar durante la huída y resultaba adecuado como ataúd. Esparta tenía dos reyes con el fin de que uno pudiese vigilar al otro y el Senado aprovechar sus discrepancias. Sólo uno de estos reyes participaba en las empresas militares. El senado estaba formado por antiguos soldados, mayores de 60 años. Las proposiciones que salían adelante eran las que se proponían con la voz más fuerte y los senadores eran escogidos de entre los candidatos por la sonoridad del aplauso que despertaban. Así decidía Esparta. Por debajo del Senado estaba la Asamblea, integrada por ciudadanos mayores de 30 años. No conocieron el oro ni la plata, sus monedas eran de hierro y todo lujo estaba prohibido. Conseguir permiso para viajar al extranjero era sumamente difícil. El Gobierno examinaba a los recién nacidos y en caso de ser cortos de talla o tener alguna tara física o psíquica eran arrojados desde un precipicio en el monte Taigeto. El celibato estaba prohibido y aquellos que se casaban con una mujer poco fértil eran castigados. El marido estaba obligado a permitir la infidelidad de su mujer si ésta escogía a un hombre más fuerte que él. Los niños eran libres hasta los 6 años, después serían entregados al Estado. Hasta los 11 años al niño se le llamaba lobezno. Los lobeznos andaban en tropas dirigidas por Irenes, que ya tienen 16 años. Se escogían para ello los más resistentes y crueles con sus compañeros. Se les enseñaba a leer y a escribir, pero la única evasión que tenían era el canto colectivo, pues servía para aumentar la disciplina. Por lo demás, eran constantemente instruidos en la lucha. Les afeitaban la cabeza, generalmente jugaban desnudos y dormían a la intemperie. Eran azotados a la menor falta y a penas se les daba comida para que pudiesen discurrir cómo obtenerla. Habitualmente se alimentaban robando. Se les azotaba si eran sorprendidos, pero no por robar sino por permitir ser descubiertos. A los 20 años formaban parte de una prueba, la critia, que consistía en perseguir campo a través a un grupo de esclavos. Sólo los que consigan cazar y matar a un esclavo serán aceptados como soldados y se les permitirá portar armas. No obstante, el soldado carecerá de vivienda hasta los 30 años cuando puede tomar esposa. De ser preciso, tendrá que luchar hasta los 60 y durante este tiempo sólo podrá comer en mesas públicas, pero cuidándose de no engordar demasiado o será hecho prisionero. Se dice que el legislador Licurgo, entronizado como un semidiós, consiguió el compromiso del pueblo de aceptar semejantes leyes únicamente hasta un día después de su regreso. A la mañana siguiente de lograrlo, Licurgo fue a Delfos, se encerró en el templo, y se dejó morir de hambre. Esparta aceptó para siempre su constitución y se convirtió en un ejército temible.

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