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Yin-yang físico

junio 4, 2007

Es interesante descubrir los paralelismos existentes entre los postulados básicos de ciertas filosofías orientales y las implicaciones de algunas de las teorías físicas más modernas y mejor apoyadas por la evidencia. Así por ejemplo, es sabido que la tradición budista, a pesar de su heterogeneidad, propone la interconexión de todo lo real, y varias escuelas convergen con el taoísmo en el planteamiento de un dinamismo subyacente a todo lo que existe, una corriente que despliega estructuras tenidas por lo fenoménico, lo racionalmente analizable. Por utilizar una terminología kantiana, podría interpretarse de estas intuiciones que el fenómeno está plegado en un noúmeno incognoscible para la razón, o, por usar una metáfora conocida, el ser constituiría un mar agitado en el que se forman y disuelven olas que serán reconocibles como lo heterogéneo, mas la ola no es otra cosa que una manifestación de lo mismo, el mar. Así, la diversidad de lo real sería efímera y no esencial, tal y como también postula el hinduismo, mientras que el principio de lo existente sería uno en un movimiento incesante. Según la teoría cuántica de campos, el espacio vacío no lo está realmente, sino que contiene una energía mínima. No obstante, la energía contenida en un centímetro cúbico vacío es mucho mayor que la que procedería de la aniquilación de toda la materia conocida del Universo. Este espacio es en realidad un burbujear energético cuyas fluctuaciones cuánticas causan la formación de ondas. Las ondas (olas) están formándose y disolviéndose continua e imprevisiblemente desde el fondo (mar), de tal manera que ninguna partícula puede considerarse permanente en modo alguno, pues todo lo que existe es un campo de energía que determinará las ondas-partículas que se formarán. Paradójicamente, se da una coincidencia entre la física y lo que está más allá de la misma, esto es, la metafísica. También se da una coincidencia etimológica, que probablemente responde a la intuición humana, pues ondas son las elevaciones que resultan de la perturbación de un fluido como el mar. Estas coincidencias entre lo racional-reduccionista y lo intuitivo-holista pueden ser tenidas no tanto por casualidades, como por la convergencia en lo verdadero desde modos de conocimiento radicalmente opuestos. Todo esto admite, al menos, una lectura positiva y otra negativa. Según la primera, uno puede concluir que es posible un conocimiento intuitivo al margen de la evidencia empírica o lleva implícita una extensión de la experiencia objetiva hasta abarcar un ámbito puramente subjetivo. Desde un punto de vista negativo, no sería posible trascender ciertos límites epistemológicos, y la reducción matemática de la realidad reflejaría finalmente las propias intuiciones. En otras palabras, los extremos opuestos terminarían por reunirse en su propio déficit.

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