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Culebrón de planetas

junio 19, 2007

La Tierra (Gea) cayó embarazada sin colaboración ajena y engendró a Urano (el cielo), el mar y las montañas. Urano yació más tarde con su propia madre y de su unión nacerían varios titanes, entre los que se encontraba Saturno (Crono). Más tarde, la Madre Tierra también generaría a tres cíclopes y a los tres hecatonquires, cada uno de los cuales tenía cien brazos y cincuenta cabezas. Sin embargo, Urano, que odiaba a todos los hijos de su madre, la obligó a retenerlos en su seno. Esto causaba a la Tierra graves dolores de vientre, por lo que pidió ayuda a sus hijos. Sólo Saturno la escuchó y cuando su madre le proporcionó una hoz afilada, se decidió a usarla. Esperó hasta que Urano se acostase con la Tierra, siendo entonces cuando le cortó los genitales y los arrojó al mar. Pene y testículos fueron arrollados por las olas dando lugar a una espuma lechosa, un tanto asquerosilla, de la que nacería, sin embargo, Venus (Afrodita, el bollazo). Después, Saturno liberó a sus hermanos y sustituyó al rey castrado. Traería a su pueblo la agricultura y la civilización, y su reinado supuso una época de prosperidad para todos. Su fiesta anual eran las Saturnales coincidiendo, aproximadamente, con el solsticio de invierno. Mucho más tarde, esta celebración sería sustituida por las Navidades. Se dice que alguien es de carácter saturnino cuando resulta taciturno y se expresa con parsimonia. Saturno fue un buen rey, pero con el tiempo se volvió un tirano y, desconfiando de sus hermanos, los encerró en el tártaro, un tétrico lugar de las profundidades terrestres. Además, la Tierra le había vaticinado que sería derrocado por uno de sus vástagos. Saturno, que se había casado con su hermana, la célebre aficionada del Real Madrid, Cibeles (Rea), haría todo lo posible para impedirlo. Para evitar el cumplimiento de la profecía, al muy bruto no se le ocurrió otra cosa que irse comiendo a sus hijos a medida que nacían. Primero tuvo a cinco, entre los que se encuentran Neptuno (Posidón) y Plutón (Hades), alias “el Rico”. El sexto hijo de la Cibeles fue Júpiter (Zeus), al que mamá protegió enviándolo a Creta poco después de su nacimiento. A la hora de la comida la madridista dio a su esposo una piedra en lugar del recién nacido, y aquel, que no tenía un paladar sibarita, no notó la diferencia. Júpiter creció y terminó destronando a su padre. Además, obligó a Saturno a vomitar entre bilis a sus hermanos, que, una vez convenientemente aseados, se repartirían el botín. Júpiter se quedaría con el cielo; Neptuno llegará a ser el dios del mar y las aguas, y su fiesta, el 23 de Julio, coincidirá con la época más seca del año; Plutón reinaría sobre el infierno, lugar ciertamente interesante. De la unión de Júpiter con Juno nacería Marte (Ares), dios de la guerra, que se convertirá en el padre de los fundadores de Roma. Del affaire que Júpiter mantuvo con la Pléyade Maya nacería Mercurio (Hermes), travieso mensajero de los dioses e inventor de la lira, ejemplo divino para ladrones y mercaderes. Al contrario que el saturnino (recuerda que no se trata de un pájaro ni del dueño de una tienda de ultramarinos, sino de una manera de ser), el carácter mercurial es vivaz y ocurrente. Mercurio no se casó, pero tuvo muchos hijos de múltiples amantes, entre los que destaca su hijo Hermafrodito, el machote.

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From → 10. Diezmito

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