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La naturaleza humana

julio 24, 2007

El otro día vi parte de un documental dedicado al trato animal, añadiría yo anormal por desproporcionado y, en cierto modo, también cruel por dedicado. Los había obsesionados con la idea de ganar estúpidos concursos de belleza, reflejando, en mi opinión, una clara proyección psicológica del dueño sobre su mascota. Pero es evidente que el déficit personal es del animal tan adinerado y no del pobre animal. Había un perro pendiente de una resonancia magnética nuclear, debido a que la melancolía parecía aquejar al chucho, que tanto había ayudado a su dueña cuando ella precisó de resonancias en el pasado. Algún otro siguió las indicaciones de una avispada psicóloga canina dispuesta también a educar al amo, aunque no en aspectos esenciales, me temo, pues el negocio es el negocio. Pude observar una variedad de comportamientos que serían sólo ridículos si no fuesen inmorales en el mundo que nos toca vivir, porque aquel hombre estaba en lo cierto cuando establecía la distinción entre el dedicar al animal un trato humanitario y el considerarlo como si fuera una persona. Está claro que en estos casos no se quiere al animal realmente, pues no es tratado de acuerdo con su naturaleza. En su lugar, los amos son esclavos de su propio reflejo, al igual que Narciso. En el documental, el filósofo Jesús Mosterín destacaba que, esencialmente, la naturaleza del perro es la del lobo, ya que ambos pertenecen a la misma especie, y así por ejemplo, debiera “andar libre” y husmear en los mismos árboles en que orine. Aún no he tenido el placer de leer su último libro “Sobre la naturaleza humana” pero, cuando lo escuchaba, sentí por un instante que reducía la naturaleza de una especie a su genoma. Entonces recordé que, hace algún un tiempo, asistí a una conferencia impartida por el genetista Jaume Bertranpetit de la que saqué una impresión similar, después de escuchar algunas afirmaciones que me parecieron provocadoras, más que razonablemente meditadas. A riesgo de ser injusto con ellos, diré que el genoma no me parece más que información que no puede desplegarse de espaldas al ambiente. Ni siquiera estamos en disposición de afirmar en qué medida el genoma determina la conciencia humana, por ejemplo. Probablemente, el establecer esta misma distinción entre lo que responde a una determinación ambiental o genética es equívoco en sí mismo. Aún admitiendo lo que es obvio, que los genes tienen algo que ver, lo cual es decir bien poco, afirmar que la naturaleza humana está en su genoma es una simplificación innecesaria. Un caso peculiar de falacia genética, nunca mejor dicho, donde una cosa es confundida con sus orígenes. La capacidad de asombro se me antoja inherentemente humana. Forma parte de nuestra naturaleza el husmear en el cosmos entero y el tratar de averiguar si alguien “ahí afuera” se ha meado en él. De acuerdo con nuestra naturaleza buscaremos un sentido en el genoma hasta secuenciar nucleótidos, tal y como hicimos de niños cuando destrozábamos juguetes para mirar en su interior, pero intuyo que esto sólo será el principio del círculo.

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From → 06. Seísmos

One Comment
  1. HASLEY NATALIA GARCIA T. permalink

    QUISIERA SABER MAS SOBRE LUCIÉRNAGAS PORFAVOR ENVIENLO A MÍ CORREO PORFAVOR GRACIAS LES AGRADEZCO

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