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Falacias

agosto 3, 2007

Una falacia es un argumento inválido debido a una estructura lógica defectuosa o porque es frágil por poco fiable. Por ejemplo, la falacia non causa pro causa consiste en el error de considerar una correlación como evidencia de relación causal. Una variante de esta falacia es el razonamiento post hoc ergo propter hoc, típico del supersticioso que lleva consigo un amuleto en un examen porque cuando lo llevó en el pasado le fue bien. Sin embargo, el hecho de que una cosa siga a la otra no significa necesariamente que la primera tenga algo que ver en la aparición de la segunda. Todo esto, entiéndase bien, no quiere decir que las correlaciones no sean útiles en la investigación de las causas. La falacia por causa falsa es el error de suponer que una cosa es falsa porque las razones que se esgrimen en su favor son de hecho falsas. Así por ejemplo, alguien puede no dar más que falsas razones para justificar su creencia en Dios, pero esto no quiere decir que Dios no exista. La falacia ad ignorantiam es el error de considerar verdad una cosa por el mero hecho de que no hay evidencia en contra. Por ejemplo, concluir que Dios existe porque no hay evidencias en contra de la existencia de Dios. La falacia genética consiste en pensar que porque una cosa procede de otra, la descendiente ha de mantener necesariamente cosas en común con la que le dio origen. La falacia democrática es el error de razonar que una cosa es verdadera o falsa porque la mayoría lo considera así. La falacia de las buenas y malas compañías consiste en pensar que una cosa es falsa simplemente porque es sostenida por gente estúpida y, al revés, pensar que es verdadera porque es sostenida por gente admirable. La falacia socrática consiste en creer que porque la definición no es suficientemente precisa, no se pueda utilizar un concepto de manera eficaz en muchos casos. Por ejemplo, no existe una definición satisfactoria de la especie biológica, pero eso no quiere decir que no podamos distinguir especies en la mayoría de los casos. Recuerda que las premisas de un razonamiento lógico pueden ser verdaderas sin que lo sea necesariamente la conclusión. Por ejemplo, “todos los perros tienen corazón; mi vecino tiene corazón; luego mi vecino es un perro”, y tu vecino puede ser un desgraciado que suelte espuma por la boca en las reuniones vecinales, pero eso es otra cosa.

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2 comentarios
  1. anonimo permalink

    Me parece que te quedó en el tintero la famosa falacia “conformatio paradoxum” que suele ser del estilo “este frase es falsa”

  2. luciernagas permalink

    Uy! En el tintero me quedan varias, algunas de las cuales sacaré en el futuro. No estoy seguro de a qué te refieres, pero es verdad que la imputación de falacia puede ser un recurso retórico mezquino, pues es la persona que acusa de razonamiento falaz quien debe argumentar razones de por qué es así. El que alguien me diga que estoy incurriendo en una falacia no quiere decir que tenga razón, por supuesto.

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