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El experimento de Milgram

agosto 13, 2007

Stanley Migram se proponía estudiar cómo las personas reaccionaban ante la autoridad, para lo cual estableció una comparación con macacos a los que torturaba sometiéndolos a electrochoques. Quería averiguar si los humanos serían capaces de administrar la tortura a otros humanos, simplemente por respeto a una autoridad que se lo exigía. La respuesta era obvia. Sólo había que dirigir la mirada a los ejércitos, el gran experimento etológico. Sin embargo, observo interesante el comportamiento que tuvieron los monos frente a la crueldad humana. En uno de los experimentos, un macaco fue adiestrado para tirar de una palanca para obtener su alimento diario. Una vez aprendida la tarea, se decidió que cada vez que el mono tirase de la palanca se le aplicaría un electrochoque a otro macaco, que tenía en la celda de enfrente y al cual podía ver perfectamente. Esto implicaba que cada vez que el mono se alimentase vería los gestos de dolor en su vecino. El resultado fue que el animal empezó a dejar de comer durante días. Llegó a estar famélico, por no ser testigo o, tal vez, por no sentir que era causa del dolor del otro mono. Su abstinencia era especialmente acusada si el macaco que estaba siendo torturado era un antiguo compañero de jaula. No obstante, la aparente capacidad de empatía de los monos se manifestaba incluso si el animal de la celda contigua, al que se sometía a descargas eléctricas, pertenecía a otra especie, por ejemplo, si era un conejo. La abstinencia también era mayor en los monos que habían sufrido electrochoques alguna vez. Milgram realizó los mismos experimentos con humanos, si bien aquel individuo que en apariencia sufría los electrochoques, era un actor. Los resultados que obtuvo fueron totalmente diferentes a los observados en macacos. Las personas no dudaban en accionar la palanca cuando les era ordenado por un “médico”, vestido con una digna bata blanca, o “se veían obligados” por las circunstancias, a pesar de los evidentes gestos de dolor del que actuaba. Los científicos pudieron postular que el comportamiento de los macacos no era sinceramente altruista o una verdadera empatía, sino el propio interés. Quizás la visión del dolor les causaba aversión o quizás les preocupaban las represalias que podían ejercer los monos que eran torturados, una vez que intercambiasen los papeles. Sea como fuere, manifestaron una piedad que no tuvieron los humanos, así como una emocionalidad que sirvió de guía a sus acciones. En mi opinión, la comparativa con los humanos fue innecesaria, pues habría bastado con una mirada a lo que los propios investigadores estaban haciendo.

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One Comment
  1. Qué buen ejemplo de la maldad humana, quiero ser mono otra vez…

    Por cierto que creo que se han hecho varios experimentos de este tipo. Uno de los más famosos fue el “Stanford Prison Experiment” donde los voluntarios eran divididos en dos categorías: presos y guardianes. A los 6 días tuvieron que suspender el experimento por que se les empezaba a ir de las manos. La película alemana “El experimento” se basa en este hecho, aunque sólo inicialmente. En el siguiente enlace hay una interesante comparación entre el experimento real y la película

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