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La talla normal

agosto 13, 2007

Tomábamos unas cervezas y me contó cómo bromeaba con su orgullosa mujer burlándose de su altura. La mujer es de talla menuda, pero ¡menudo carácter! En alguna ocasión he sido testigo de ello, pues puedo presumir de la amistad de este matrimonio. ¿Sabes que por muy poco serías considerada prácticamente una enana en ciertas sociedades? Aparentemente, esta provocación, basada en hechos reales, la enrabietaba lo suficiente como para divertir a su compañero. Ella mide aproximadamente 152 centímetros, mientras que la consideración de talla anormalmente baja a la que se refería su marido estaba definida por la frontera del metro y medio. ¿Pero qué significa que alguien tiene una estatura fuera de lo normal? La normalidad se pretende definir de manera objetiva, sin prejuicios, sobre una base estadística, es decir, lo anormal sería lo que es poco frecuente. Generalmente, se considera anormal toda desviación de la media superior a dos desviaciones estándar. Esto significa que si asumimos que la talla sigue una distribución de frecuencias binomial, aproximadamente un 5% de la misma definiría los valores anormales. Dicho de otro modo, aproximadamente el 95% de las medidas en una muestra representativa de la población caerán dentro de los valores correspondientes al doble de la desviación estándar de la media y serán considerados normales. Así pues, hay dos referencias fundamentales a la hora de establecer lo normal desde un punto de vista estadístico, por un lado, se asume que la población sigue la distribución que dibuja la famosa campana de Gauss; por otro, se define arbitrariamente la normalidad en función de su alejamiento del valor promedio, un valor que, evidentemente, puede cambiar. Gracias a la tecnología del DNA recombinante hoy en día se puede producir a gran escala la hormona del crecimiento. Con anterioridad se extraía de cerebros humanos, por lo que era muy escasa y sólo se utilizaba para tratar casos de niños cuyo crecimiento era extraordinariamente lento. Pero con la posibilidad de producir grandes cantidades de la hormona se abrieron nuevas perspectivas de negocio para las compañías farmacéuticas. ¿Por qué limitar el mercado a unos pocos casos definidos por una tasa de mutación tan pequeña? Así que presionaron a los gobiernos para que se inventaran una nueva enfermedad, el ser bajo. La sociedad en general resultó ser muy receptiva a la “anormalidad” que suponía no alcanzar la media, una media que estaba cambiando a marchas forzadas con la comercialización generalizada de la hormona. Me parece de justicia reconocer a las grandes compañías farmacéuticas su noble esfuerzo por hacernos crecer en sociedad.

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