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La muerte nada más

agosto 17, 2007

La muerte es lo inimaginable por excelencia. No obstante, me pregunto si puede decirse que es algo malo, aun asumiendo que sólo es lo que aparenta, un final. Si no nos angustiamos por el abismo que nos precedió, ¿por qué íbamos a temer el que nos quedará por delante? La respuesta parece obvia: la diferencia fundamental estriba en que la muerte arrebata la vida y si ésta es considerada como algo bueno en sí misma, incluso por encima de las circunstancias tan variables que definen toda vida, entonces, la muerte debe ser algo malo. Pero ¿tiene algún sentido afirmar que la muerte es algo malo porque es nada? Se teme a la muerte porque conlleva la pérdida de lo deseable y la vida es deseo en buena medida porque se teme a la muerte. Como ha dicho el filósofo Fernando Savater, quien teme a la nada lo desea todo. Y donde hay deseo hay sufrimiento, y donde hay sufrimiento se pretende imaginar la muerte, porque la muerte es ausencia del deseo. Así, Faulkner afirmaba la vida cuando decía que “entre el dolor y la nada escojo el dolor”. Vida y muerte constituyen una extraña mezcolanza, como la que protagonizan esos líquidos inmiscibles en un mismo recipiente mantenidos en continuo movimiento. Son la extraña pareja danzando sin parar, incansables. Cuando se define a la una, queda definida la otra, y nuestros razonamientos al respecto se tornan circulares. Debido a esta interrelación podría pensarse que eliminando el deseo se vence a la muerte, pero supongo que con ello también se vence a la vida. Tal vez podríamos poner nuestra voluntad en la consecución de un equilibrio que permita celebrar la vida sin la angustia manifestada con la acumulación, ¿será esto posible?. De la muerte sólo sabemos que llegará y que con ella perderemos todo lo que podríamos conseguir, pero con ella se termina no sólo lo deseable, sino también, como hemos dicho, el mismo deseo. Esto quiere decir que no tenemos más motivo para temer a la muerte que el hecho de privarnos de seguir teniendo. Aceptando esto, de la misma forma que no podemos señalar a nadie que es desgraciado por no haber nacido, tampoco tiene mucho sentido el afirmar que quien acaba de morir es desgraciado. Por consiguiente, si lográsemos desplazar del centro de nuestras vidas el afán por tener, ¿podríamos vencer a la muerte una segunda vez? Si perdiésemos la identificación de nuestro ser con las cosas que poseemos y ansiamos, y adquiriésemos una manera de ser no determinada por el efímero objeto, una que fuese más verdadera, en el sentido de más acorde con nuestra propia naturaleza, ¿podría la muerte igualmente sernos presentada como una manera diferente de ser? Desde luego es absurdo referirse a la muerte como una manera de ser.

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3 comentarios
  1. Asimov decía: “La vida está bien, la muerte también está bien… lo malo es la transición.”

  2. Quizás, lo malo de la muerte es lo que dejas atrás. Personalmente lo que no me gusta de la muerte es que me impediría disfrutar de mis amigos y a ellos de mí. y eso me parece una putada.

  3. luciernagas permalink

    Es cierto que no he prestado suficiente atención al amor.

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