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Ateísmo razonable

septiembre 18, 2007

Con cierta frecuencia se acusa injustamente al ateo de dogmático. Sin embargo, su rechazo a una serie de creencias religiosas, incluida la misma existencia de Dios, pudo ser el resultado de una decisión personal razonada. También el ateo puede ser sensible al misterio, en el sentido de que es consciente de que la ciencia no lo explica todo y de que, muy probablemente, no puede explicarlo todo. De acuerdo con Hamlet, “hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que sueña tu filosofía, Horacio” pero eso no significa que Dios sea una de ellas. Una vez leí de un autor cuyo nombre no recuerdo, aunque supongo que podría ser Richard Dawkins o, tal vez, Steven Pinker, que respondía en nombre de los científicos a la afirmación de Shakespeare con algo como esto: “sí, pero estamos trabajando en ello”. En mi opinión, esta es una afirmación con un claro aire cientificista, dogmático, pero que no se debe identificar con la actitud general del ateo. Así, reconocer el misterio debido a la existencia de limitaciones insuperables de carácter epistemológico, no es lo mismo que admitir que un Dios personal radica en dicho ámbito, no reducible a la experiencia científica o a la expresión matemática. En este sentido, el misterio no pertenece al creyente. Digamos que el misterio es la pregunta y Dios es la respuesta que se dan los creyentes, no así el ateo, aunque también se sienta interpelado de manera similar. Supongo que el agnóstico deja entre paréntesis la respuesta por hallarla fuera de sus capacidades, mas el ateo puede observar que Dios probablemente no exista, precisamente porque resulta tan deseable. Entonces, pone su voluntad en la creencia de que, en cierto modo, se trata de una invención humana que pretende dar respuesta a su más íntimo anhelo. No obstante, semejante ateísmo no puede dejar de reconocer que el mero hecho de que la idea de Dios satisfaga necesidades vitales para mucha gente, no significa necesariamente que Dios no exista. Es muy conocida la respuesta que se dice que proporcionó Laplace a Napoleón cuando éste le preguntó qué lugar ocupaba Dios en su detallada explicación newtoniana del cielo: “no precisé de dicha hipótesis”. Pienso que todo lo más que puede afirmar el ateo razonable es que la existencia de Dios es una hipótesis que no necesita, otra cosa será determinar si algo así puede ser considerado como una refutación de la misma. Por supuesto, la respuesta del creyente se encontraría en la gracia y, por consiguiente, en el dogma de fe.

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2 comentarios
  1. Jocelyn permalink

    Si bueno, obviamente el creyente no cuestiona absolutamente nada que tenga que ver con Dios. Aun así hay personas que sí lo hacen y eso no significa que estén dejando de creer en él. Personalmente, pienso que Dios es algo así como una energía, como un impulso que ayuda a la gente a seguir, porque depositan todas sus esperanzas en que Dios les solucione las cosas, cuando precisamente esas ganas de avanzar son las que hacen que continúe y salga todo bien. Igual creo que uno mismo puede hacer lo que se proponga sin esperar que nadie más, ni “ente celestial” ni “energía” ni nada, nos den una mano.

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