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Flora fantástica

septiembre 26, 2007

Chesterton se refiere a un árbol que una vez devoró a los pájaros que en él anidaban y que, llegada la primavera, dio plumas en lugar de hojas. Debido a que muy pocos llegaron a ver a esta rara especie, no me consta que haya sido convenientemente descrita y, por consiguiente, le fuera asignado un taxón dentro de la jerarquía linneana. Con todo, propongo nombrarla como Aviphagus chestertoni, en honor del genial escritor, su verdadero descubridor. El polipodio chino, Polypodium borametz, es más común. Suele tener cuatro raíces que elevan la planta del suelo dándole un aspecto cuadrúpedo. Se han conocido ejemplares de cinco raíces, aunque todos ellos se caracterizan por tener un aspecto de cordero dorado, debido a la pelusilla que lo cubre, similar al agutí de muchos mamíferos. El ojo inexperto podría llegar a confundirlo con el vellocino de oro. Es sabido que los lobos devoran la planta, en particular el líquido sanguinolento que guarda en su interior. No es el polipodio una planta fácil de cultivar, pues manifiesta una acusada alelopatía en relación con fenómenos de competencia ecológica, como el eucalipto o el tojo, por ejemplo, así impidiendo la germinación de otras especies a su alrededor. Entre las más célebres del imaginario colectivo, sin duda se encuentra la mandrágora, que grita cuando es arrancada. El botánico aficionado podrá reconocer fácilmente el marcado dimorfismo sexual de esta especie de forma humana, ya que, tal y como había destacado Plinio, la planta macho es blanca y la hembra negra. El estudioso Discórides observa, sin embargo, que, si bien la raíz es negra, la flor es como la leche, sugiriendo la sinonimia entre la hierba de Circe, presente en la Odisea, y la mandrágora. No obstante, el agricultor aficionado deberá tomar precauciones, pues si el polipodio sólo atraía a los lobos, el grito de la mandrágora, dice Shakespeare, puede enloquecer a quienes lo escuchan. Además, son numerosos los testimonios independientes que se refieren a los muchos riesgos que conlleva el extraerla. En opinión de Plinio, la protección sólo es posible realizando tres círculos con la espada a su alrededor, mientras se mira al poniente. En cambio, Flavio Josefo sugiere utilizar a un perro a sabiendas de que morirá. En cualquier caso, una vez que se posea, no deben de cesar las precauciones, pues el olor de las hojas puede hacer enmudecer y el extracto es un poderoso laxante. Esto significa que, si un nuevo espacio fuera encontrado, quien muere por la mandrágora podría llegar a presentarse callado y cagado.

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From → 10. Diezmito

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