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Aprender a soltar

octubre 1, 2007

El recién nacido humano es uno de los más desvalidos de la naturaleza. La evolución biológica ha favorecido la ralentización del desarrollo embrionario de los mamíferos, característica que se conoce como neotenia, concepto que, literalmente, significa aferrarse a la juventud. Esto hace que la criatura que ve la luz por primera vez deberá pasar mucho tiempo junto a sus padres o, sin duda, morirá. El contacto prolongado con la familia hace posible un aprendizaje más complejo, por lo que dicha dependencia inicial juega un papel muy importante en la evolución humana. Tal es su fragilidad, su estado desvalido, que lo primero que aprende el bebé es aferrarse a su madre, aferrarse a las cosas, asirlo todo con fuerza. Una amiga me presentó una vez a su retoño al que saludé con un sólo dedo, que agarró con aparente desesperación. Más tarde, nuestra vida seguirá marcada por los apegos. El afán de tener, acumular, el aferrarnos a las cosas es algo instintivo. Buscamos seguridad en un mundo en el que fuimos arrojados y que no proporciona respuestas fáciles. Por semejante afán terminamos transformados y llegamos a relacionarnos con los demás como si fueran objetos. Llegamos a valorar al otro por las cosas que posee. Incluso nos valoramos a nosotros mismos por las cosas que logramos. Si no salgo con una camiseta de mi diseñador preferido, o tengo el pelo demasiado largo… me siento inseguro, no soy yo mismo. Y, ciertamente, no estás siendo tú, sino un producto social, una imagen, un yo, al que te has aferrado y que poco tiene que ver con lo que eres en realidad; tal y como diría Oscar Wilde, una pose, nada más. Entonces habrás renunciado a ti mismo aceptando con sumisión el quedar reducido a un engranaje más de una monstruosa maquinaria. Un maniquí en un escaparate. Porque este tipo de relación nos transforma en una cosa, petrifica nuestro interior cuando por naturaleza se resiste a toda definición, es libre e infinito, dinámico. La acumulación y exhibición de lo poseído no muestra nuestra riqueza sino la misma fragilidad de la que nunca quisimos liberarnos. No denuncia nuestra capacidad sino nuestro miedo, el mismo que nace al ignorar de donde venimos, qué hacemos aquí y hacia dónde vamos. El bebé aun no supo formular estas preguntas que llevará para siempre en el corazón. La primera lección que debiéramos aprender es la paz. Dicho así parece una tontería, pero se trata de una vivencia interior, una condición calmada para identificar la angustia que subyace al deseo. Esto no significa la muerte del mismo, lo que probablemente supone negar la propia vida, sino comprenderlo y dirigirlo en sentido inverso para buscar un interior equilibrado, es decir, aprender a soltar. Liberarnos del lastre que nos impone una sociedad construida desde el miedo servirá para observar y respetar lo que somos en esencia. Servirá para identificar una singularidad irreducible abierta a los demás. Como dijo un clásico griego, “ojalá llegues a ser el que eres”, sólo así llegarás a ser todo lo que se puede ser.

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From → 13. Lo último

One Comment
  1. Jocelyn permalink

    Debemos dejar salir nuestro interior sin dejarnos llevar por un mundo modelado, como es en el que estamos. Que nuestra esencia se vea reflejada en nuestro exterior, y así estaremos completos y sin máscaras ridículas sin función.

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