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Más falacias

octubre 3, 2007

La falacia ad hominem me parece uno de los recursos retóricos más ruines. Se trata de desacreditar un argumento mediante el ataque al argumentador, un signo evidente de que lo que interesa del intercambio dialéctico no es cooperar para descubrir la verdad, sino el lograr imponerse al otro. Los telefilmes de abogados están repletos de ejemplos al respecto, cada cual más repugnante. Sin embargo, hasta la personalidad más repulsiva puede sostener argumentos verídicos. Ignorar la propia ignorancia es fuente inagotable de dogmatismo, y muchas veces se incurre en la falacia “booleana” sin llegar a ser plenamente consciente de ello. Las gentes particularmente dogmáticas tienen una grave tendencia a ver el mundo en blanco y negro, cuando es tan rico en matices. Parece que tienen el símbolo del yin-yang grabado a fuego en el cerebro, pero ignoran que la línea que los divide es sinuosa, así como el hecho de que el yin está en el seno del yang, y viceversa. La falacia “booleana” reside en presentar el asunto sobre el que se discrepa como un dilema donde no hay términos medios, “o estás dentro, o estás fuera”, ignorando que casi siempre existen diferentes grados de implicación. Esta clase de ultimátum a menudo pone de manifiesto la ansiedad de un razonar impotente o una manipulación evidente, que se carga de un plumazo muchas de las opciones posibles, aunque no deseables por una de las partes. Ilustrar un argumento contradictorio con una imagen sugerente, sin duda sirve para desviar la atención. Podríamos denominarla como la falacia reclamo o, ¿por qué no?, la falacia Viceroy: “no es lo que tengo, es lo que soy”. Pero lo que observas es un artista de éxito exhibiendo una personalidad segura de sí misma, al tiempo que el reloj y el colgante que, según el eslogan, debes comprar para ser tú mismo (y no alguien parecido a él o a ella, lo que sólo le preocuparía a la persona insegura). La falacia del jugador consiste en creer que cuantas más veces consecutivas hayas perdido en un juego de azar, mayor es tu probabilidad de obtener un resultado positivo la próxima vez. En relación con esta falacia existe la creencia generalizada de que sólo por tener 50 años se está más cerca de la muerte que un adolescente; mas de la muerte, en más de un sentido, solemos estar equidistantes. Como reconocí en los comentarios a un post anterior sobre falacias, la imputación de falacia puede presentarse como una falacia más. Especialmente si se tiene en cuenta que el término falacia a veces se emplea como sinónimo de falsedad o simple desacuerdo, en lugar de referirse a un argumento inválido, ya sea porque su estructura lógica no garantiza la veracidad de la conclusión, tal y como se pretende (falacia formal), o porque, aun teniendo una estructura lógica válida, el argumento es inválido por falta de fiabilidad.

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