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Crítica de la teología natural

octubre 30, 2007

Son presupuestos básicos de la teología natural que Dios es la causa primera de todo lo que existe y que interviene en el mundo a través de las leyes naturales. Presupuestos racionalmente inexpugnables, por estar fuera del alcance de la ciencia, aunque probablemente innecesarios. Resulta sorprendente, sin embargo, que algunos teólogos acusen a la ciencia de dogmática cuando se instala en un prejuicio materialista. Entonces hacen hincapié en un componente ideológico que a veces acompaña a las afirmaciones científicas. Pero esta ideología resulta del hecho de que la ciencia, al igual que la religión, no es cosa de máquinas. Es más, tales prejuicios con frecuencia juegan un papel positivo en la elaboración de hipótesis y contribuyen al progreso científico. Sin embargo, es justo recordar una diferencia sustancial con la religión, repleta de ideología, y es que la ciencia demuestra humildad intelectual al reconocer en el corazón de su método la provisionalidad de las teorías científicas, así como el sometimiento a la evidencia empírica. La ciencia se encuentra en continua revisión, sometiendo a juicio experimental sus asertos más osados, no así me lo parecen las explicaciones teológicas, generalmente aferradas a una tradición con empeño irracional. Estos teólogos afirman la teología natural insistiendo en aquellos aspectos que la ciencia no puede explicar todavía, o quizás nunca lo haga, para dar una suerte de soporte científico a lo que en realidad son afirmaciones basadas en la fe. Mi crítica no es a la intuición a través de una fe personal (que puede ser compartida), ni siquiera a la reflexión filosófica encaminada a hacer racionalmente comprensible la propia fe, sino al vestido pseudocientífico con que se pretende su justificación. No es a su legítima defensa frente a los abusos de la ciencia, sino a su utilización para apuntalar los propios prejuicios. Por ejemplo, a veces se afirma la existencia de Dios porque la ciencia no puede explicar el origen del universo a partir de la nada, pero esto es un abuso, pues entonces se ignoran cosas como que no hay motivo para pensar que ha debido de ser así. La nada podría no ser más que un absurdo, una trampa del lenguaje, de manera análoga al hecho de que el cero no es verdaderamente una cifra, aunque sirva a la expresión matemática. Otro ejemplo, frente al principio cosmológico antrópico se tildan de meras especulaciones a las hipótesis físicas que se refieren a múltiples universos, lo cual está justificado, pero no se aplica el mismo rigor intelectual a una explicación teleológica, que es la que se pretende defender con la falta de evidencia empírica de las primeras. Curiosamente, hay quien afirma la existencia de Dios porque la realidad es racionalmente inteligible, ya que debe existir una inteligencia responsable del orden natural. Pero de nuevo se comete un abuso, pues la realidad podría aparecer ordenada precisamente porque se analiza a través de la razón, de la misma manera que calificaríamos de pedregosa a una playa después de hacer pasar toda la arena a través de un determinado tamiz. Paradójicamente, hay quienes proceden de manera contraria a la teología natural para defender la misma conclusión, cuando sostienen que es en lo que se ha perdido durante la aprehensión racional, y no en el orden impuesto por el tamiz, donde reside el misterio.

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6 comentarios
  1. Jocelyn permalink

    Lo que me encanta de tus post es que la mayoría siempre terminan con ese “paradójicamente”(…) tan enigmático 😛 mmmm… en cuanto a las hipótesis.. todo surge de las suposiciones, las que se van transformando hasta llegar a ellas o, por qué no? a las teorías. Pero claro, también existe ese riesgo de que la suposición principal esté mal… porque.. al fin y al cabo, sólo es una suposición. Aunque si se llegó a una hipótesis es porque ya se han logrado experimentos convincentes, igualmente con las teorías. Pero eso no quita el hecho de que puedan estar equivocados, así como puede que no lo estén.

  2. luciernagas permalink

    Tal vez con oscura palabrería, lo que quise decir en ese final al que te refieres es que, si bien la teología natural ve en el orden natural un reflejo de Dios, muchos creyentes sienten que deben apartar la razón confiadamente para tener evidencia de Dios. En cuanto al proceso de conocimiento, estoy de acuerdo en que no hay hipótesis sin prejuicios, lo cual puede constreñir las posibilidades de descubrimiento, pero pocas veces se reconoce que todas esas ideas preconcebidas con frecuencia juegan un papel positivo en la elaboración de hipótesis. También yo creo que podemos estar seguros de pocas cosas aunque, paradójicamente 🙂 algunas de las escasas seguridades que tenemos en la vida, no son razonadas sino sentidas, como, por ejemplo, el amor de un ser querido.

  3. Razón y fe (entendidas ambas del modo más global posible) son cada una de ellas por separado caminos totalmente legítimos y válidos si se practican con honestidad. Puede que el objetivo que persigamos haga más adecuado un camino u otro pero como punto de partida los dos son perfectamente aplicables.

    En mi opinión, el problema aparece cuando queremos dotar a cada uno de los caminos con propiedades que pertenecen de manera exclusiva al otro. Estamos hablando de dos esferas de actuación mutuamente excluyentes y la existencia de cualquiera de ellas supone necesariamente, por definición, la ausencia de la otra. Dicho de otro modo, no existen puntos comunes, no existen zonas de intersección.

    Poderosas influencias (Marx, Hegel, Kant…) nos invitan a pensar que ante un problema de estas características basta con hallar una especie de media aritmética para situarnos en una posición intermedia que nos acerque más a una situación ideal. Esto, como es lógico, no siempre es así.

    En este caso, una vez más, la equidistancia no es a mejor opción.

  4. luciernagas permalink

    Un físico como Frank Tipler está convencido de que si Dios existe, entonces es posible obtener evidencia científica de ello. Particularmente, creo que la razón sólo puede negar (¿evitar?) la pregunta, pero no resolverla. Por ejemplo, explicando la religión de manera natural, ya sea desde un punto de vista psicológico, biológico etc. La razón puede reducir la experiencia religiosa a una explicación materialista, pero entonces se establece un tipo de identificación entre la explicación y la experiencia, cuando es obvio que son cosas distintas. Así, con razón puede decirse que una experiencia se conoce cuando se vive y no por hablar de ella (algo diferente es referirse a la interpretación del mundo que se hace a raíz de la experiencia, lo que es susceptible de error señalable con independencia de la experiencia), luego el cristiano vive la experiencia de Dios y esto, como mínimo, es respetable. En mi opinión, el teólogo hace bien en afirmar la importancia de la subjetividad, lo que critico es que se aproveche de la limitación de la ciencia para afirmar objetivamente lo que en realidad es algo de lo que uno sólo puede tener evidencia irracional, personal. En el fondo, mi crítica es una tímida defensa de otras formas de conocimiento además de la razón. Estoy de acuerdo contigo en que esta “afirmación objetiva” constituye una mezcla interesada de razón y fe, una mezcla contaminada de ideología. El teólogo natural incurre aquí en la misma miseria que pretende denunciar.

  5. Al hilo de lo que habláis recuerdo, por desgracia, a un profesor de Biología que además era cura. En aquellos tiempos, hablo de 1986, el diseño inteligente todavía no tenía la fuerza que tiene hoy en día, pero sin duda aquel profesor sería hoy en día un gran seguidor.
    En la primera clase nos habló de la Historia, con mayúsculas, e hizo un recorrido desde la gran explosión hasta nuestros días. Recuerdo su esquema en el encerado y tres anotaciones que salían cual rayos en tres ocasiones: antes del big bang, el origen de la vida y la aparición del hombre. En estos tres puntos clave, la anotación era: INTERVENCION DIVINA. Como la ciencia, en aquellos momentos, no era capaz de explicarlos, su solución era obvia, sólo dios había podido dar el empujoncito necesario para que se produjese tal evento.
    Tal profesor se autodefinía como creacionista-evolucionista y por supuesto, no logró, que este que escribe, dejara el interés por la biología y la ciencia en general.

  6. luciernagas permalink

    Cualquier teólogo con dos dedos de frente admitiría la fragilidad de una fe en un dios tapa-agujeros. En relación a esto, sólo hay que observar la historia de la humanidad para ser consciente de al menos dos cosas: (1) cómo la religión ha ido reculando en favor de la ciencia a la hora de explicar el mundo y (2) cómo existe una religiosidad, sentido de lo espiritual o como se lo prefiera llamar, que es inherente al hombre independientemente de las épocas. Un sentido que emerge cada vez para dar sentido a la vida, algo que no ha logrado el progreso científico más admirable.

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