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Autocrítica del post

octubre 31, 2007

Un amigo me envía consejos para escribir posts, previamente publicados en un blog que lleva por subtítulo “consejos para blogs”. De la docena de consejos recibidos sólo creo cumplir aquellos relacionados con el cuidado que dedico a los posts antes de “lanzarlos”. Ciertamente, procuro leerlos varias veces antes de su publicación, y, aunque alguna vez he presumido de no cometer faltas de ortografía desde antes de cumplir los catorce, soy consciente de que alguna de estas malas hierbas habrá luchado por germinar, luego el repaso que dedico a cada uno de mis engendros atiende a este asunto también, que puede resultar tan embarazoso. Con el post casi siempre expreso mi opinión, aunque quizás con más frecuencia exprese la de otros. La presencia permanente de ese inquietante espacio lechoso que se abre a continuación de cada uno de esos muros de ladrillo, busca ávidamente la tuya. Pero de los seis primeros consejos, quizás los más relevantes, no sigo ninguno. No escribo pensando en el lector, sino en mí, lo cual no quiere decir que no encuentre estimulante el hecho de que las cosas que deseo expresar puedan ser interesantes para otros. No suelo escribir para ti, pero supongo que siempre escribo para ser leído. Escribo para mí porque me sirve de memoria, de block de notas, me ayuda a conocer lo que me rodea, a través de la reflexión, y a conocerme mejor, a través de la meditación. Sí, has “oído” bien. La escritura supone a veces para mí una suerte de vía de escape que me libera de los humos de una combustión interna que no puedo evitar. Soy presa de un ansia por saber cuyo subproducto fatal quizás sean textos oscuros que aspiran a ser contaminantes. Te entrego las cenizas con la esperanza de que las encuentres útiles como abono de ideas propias, mientras me regocijo en explorar mi propia naturaleza y, con ello, la tuya. Dice un consejo: “evita las palabras innecesarias, la retórica aburre”. Las palabras, jodidas palabras. Muchas veces, mi preocupación es menos estética que la búsqueda de la precisión. Me preocupa no resultar vacío y, si a menudo recurro a metáforas es para explorar diferentes posibilidades del sentido, siendo víctima de una obsesión enfermiza por fijar la idea, incluso el sentimiento. Sin embargo, soy consciente de que el texto te pertenece. Como tú lo interpretes es algo que está fuera de mi control. Desde luego, no escribo frases cortas que vayan al grano, sino párrafos densos que levantarán alergias. Como cualquier otro, este no es un blog exento de vanidad, pero no será igual a ninguno. Es indisciplinado, adrede no se deja aconsejar ni dominar, y es que no montarás este purasangre sino es comprometiéndote con él.

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From → 06. Seísmos

3 comentarios
  1. Jocelyn permalink

    Estoy de acuerdo contigo en que la escritura es una vía de escape, cada persona tiene su propio método para expresarse y liberar un poco eso que lleva por dentro, y la escritura es uno de esos métodos. “La lectura libera mentes, la opinión crea personas”, este post me recordó a esa frase, propia de mi amigo Daniel Álvarez.

  2. luciernagas permalink

    Incluso desde antes de ser consciente de ello, intuí que el conocimiento es liberador. No quiero decir con esto que uno sea más libre con la mera acumulación de datos, pues esto, muy al contrario, suele ser sintomático de otro tipo de ataduras; sino que hallamos la libertad a través de la búsqueda de la verdad. La persona es un rostro que cada cual esculpe de acuerdo con su percepción de la belleza, y en el despertar de los sentidos que ella exige no puede ignorarse el pensamiento (aunque su hipertrofia impide un equilibrio necesario en nuestro interior). Así, el pensamiento contribuye a dibujar el boceto, pero la forma final se logrará esencialmente a través de la acción (o de la no acción). Interpreto la frase que diría tu amigo Daniel como un elogio al pensamiento crítico, y estoy de acuerdo, pero deseo destacar además la importancia del hacer (o del dejar hacer), y es que en muchos sentidos somos lo que hacemos, así como nuestros proyectos, hacia donde queremos ir, es algo que forma parte de nosotros. Creo que fue Bergson quien recomendaba pensar como un hombre de acción y actuar como un hombre de pensamiento.

  3. Quizá no cumplas las premisas de la lista (por cierto, si eliminamos lo evidente y lo arbitrario esa lista se queda en muy poquita cosa) pero tus escritos tienen algo que no se consigue siguiendo directrices y es un claro estilo personal. En ocasiones eso es mucho más importante.

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