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La vida como obra de arte

noviembre 15, 2007

Es tan cierto que existen ejemplos de cultura entre muchos animales como que la cultura del ser humano no tiene parangón en la naturaleza. Es en virtud de esta cultura que puede hablarse en el hombre de un sentido moral y, por consiguiente, está al alcance del hombre participar de un altruismo verdadero, gratuito, que no busca contrapartidas. Un altruismo cuya dinámica no es mecánica, sino creativa. El resto de los animales reaccionan de manera instintiva y su condicionamiento biológico es notable. Es evidente que también el hombre se encuentra condicionado en este sentido, pero es precisamente gracias a su evolución cultural que puede reconocer tales condicionamientos y, al mismo tiempo, permanecer fiel a una jerarquía de valores que él mismo se impone. En esto consiste la libertad. Al contrario de lo que pueda parecer, la libertad no es la ausencia de los condicionamientos, pues sólo en presencia de ellos tiene sentido afirmar nuestra capacidad de elección. Por supuesto, la libertad no consiste en abandonarse a ellos, ignorarlos, y entregarnos a una vida instintiva, puramente hedonista, eligiendo no adueñarnos de nuestras elecciones. Una vida en la que delegamos nuestra capacidad de elección en otros. Domados por nuestra sociedad, por ejemplo. La renuncia a la libertad, me temo, es una actitud común y fácil, al menos en nuestros días, porque a la libertad se la teme y se la teme porque sólo siendo libres somos moralmente responsables. Una forma sutil de renunciar a la libertad es abrazar un materialismo ciego a través de la negación de la propia experiencia subjetiva del libre albedrío o la afirmación de un puro determinismo biológico acorde con nuestra ciencia, pretendidamente objetiva. Incluso si la libertad fuese una ilusión, sólo quien vive el sueño podría ser libre. A diferencia del resto de animales, el hombre se ve llamado a introducir distinciones en lo que le rodea. Demostrando con la vida propia que no todo da lo mismo, el hombre se adueña de su vida y el futuro se le presenta abierto. Entonces introduce el color, apasionadamente crea sobre el lienzo de la vida, modifica la forma del universo en su interior, desde su corazón. Un prisionero puede así ser libre. Y es que está en nuestra mano el hacer de nuestras vidas una pequeña obra de arte en armonía con la belleza que no te has negado distinguir.

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