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El camino del samurái

diciembre 3, 2007

De todas las que he visto, que no son todas las que hizo, creo que la película que más me gusta del excéntrico director americano Jim Jarmusch es “Ghost Dog: el camino del samurái”. En ella se relata parte de la vida de un asesino profesional que se rige por un antiguo código de conducta samurái. Por encima de cualquier otra cosa, se trata de una filosofía de vida que no implica necesariamente, al menos a mi parecer, un culto a la violencia, por mucho que el combate fuese un aspecto central en la vida de los samuráis. Recuerdo que durante la película se leían pasajes de un libro que entonces me pareció enigmático. No estoy seguro de esto, pero aquel podría haber sido el Libro de los cinco anillos de Miyamoto Musashi o quizás el Hagakure de Yamamoto Tsunetomo. En cualquier caso, traigo a colación un relato escrito por Musashi en la primavera de 1645 poco antes de su muerte, porque, independientemente de las referencias a la lucha por la espada, ilustra lo que puede llegar a significar la extinción del ego.

Este es el camino que camino en solitario. No me opongo a los caminos de los diversos mundos. No trabajo el ingenio para la búsqueda de mi propio placer. No busco el placer para mí mismo. No me aferro obstinadamente a nada. Pienso en mí con ligereza y pienso en el mundo con profundidad. No soy presa del deseo. No me arrepiento jamás de ninguno de mis actos. No tengo un espíritu que envidie a los demás, ni en lo bueno ni en lo malo. No me apeno por las separaciones. No tengo un espíritu rencoroso ni me quejo de las cosas, ni hacia mí mismo ni hacia los demás. No me arrimo a los caminos del amor. No tengo especiales preferencias ni gustos por las cosas. No tengo un espíritu que desee cosas para mi casa. No disfruto de la gastronomía por el placer de mí mismo. No poseo objetos antiguos que puedan convertirse en objetos preciados. No necesito hacer actos de purificación a causa de mis propios asuntos. No tengo especial interés por ningún tipo de objeto, exceptuando las armas. Pienso en la muerte sin temerla ni evitarla. No me atormentan las riquezas o los bienes inmuebles. Respeto al Buda y a los dioses, pero no dependo de ellos. No abandono mi honor aunque esté dispuesto a abandonar mi cuerpo. No me separo nunca del camino del arte del combate.

Por supuesto, Ghost Dog no era su verdadero nombre. Aquel samurái de Nueva York había abandonado su nombre hacía mucho tiempo y con él dejaba atrás su sufrimiento.

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