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Por qué no soy nacionalista

diciembre 18, 2007

Soy gallego de nacimiento y celebro la cultura gallega como un exponente más de la extraordinaria diversidad cultural del género humano. Me siento con el deber y el derecho a exigir la protección debida al patrimonio cultural de mi país, que fue tan maltratado en el pasado precisamente por un dictador nacido en el norte de Galicia. Sin embargo, no me tengo por un nacionalista político. Considerar la diversidad como uno de los valores fundamentales de la humanidad y, al mismo tiempo, abogar por la unión de los pueblos y el mestizaje, son actitudes que compatibilizo sin problema. Por eso encuentro maliciosa la identificación que a menudo se hace de la cultura con el nacionalismo político. La verdad es que uno puede defender su cultura desde un proyecto político común que integre a todo un mosaico de tradiciones culturales. Lo importante no es el lugar de origen de uno, sino hasta qué punto está dispuesto a comprometerse con los demás. Como ha dicho un personaje cinematográfico que recuerdo: “mi patria no es un lugar, son las personas”. Cuando uno comprende esto, rápidamente observa que hay algo desagradable en el nacionalismo, al menos, eso es lo que me ocurre a mí. Consiste en una afirmación de las gentes que habitan un territorio particular que únicamente puede ser definida mediante la exclusión del otro. Exclusión que se realiza sobre la base de una supuesta identidad étnica que en realidad no existe. Además de gallego, soy un biólogo especializado en genética de poblaciones, y por lo tanto muy consciente de la escasa diferencia genética entre grupos humanos cuando es comparada con la variación dentro de grupos. Desde el punto de vista biológico ser gallego, vasco o catalán no significa nada. Los gallegos no somos genéticamente singulares, aunque sí lo seamos culturalmente. Pero esto quiere decir que será gallego aquel que participe de la cultura gallega, venga de donde venga, por lo que en democracia no tiene razón de ser levantar una frontera alrededor de cualquier territorio. En mi opinión, el nacionalismo es una forma de pensamiento conservadora porque se aferra a unos ideales anacrónicos y sin fundamento real. Además de conservador es potencialmente nocivo porque al identificar cultura y política se apropia ilegítimamente de la cultura, y con ello menosprecia al gallego, vasco, catalán o español que no es nacionalista. Luego, resulta intrigante que todavía haya quien se defina como nacionalista de izquierdas. Sospecho que la razón de este malentendido reside en el estentóreo eco que ha dejado en nuestra memoria colectiva un pasado reciente caracterizado por un nacionalismo de extrema derecha. No deseo finalizar este escrito con una mirada atrás y menos aún con una referencia al fascismo, así que añadiré para terminar que, como gallego, biólogo y políticamente de izquierdas, no puedo dejar de simpatizar con el inmigrante al que espero con ilusión y curiosidad.

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From → 06. Seísmos

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