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¿Cómo se originó la vida?

enero 11, 2008

Esencialmente lo ignoramos. Sin embargo, desde la publicación en 1953 del clásico experimento de Stanley L. Miller y Harold C. Urey, y de las hipótesis de Alexander I. Oparin a principios del siglo XX, la ciencia ha avanzado en este asunto de manera considerable. Con todo, puede decirse que las dos grandes líneas de investigación que existen en la actualidad hunden sus raíces en tales logros. Algunos científicos abogan por la aparición de un replicador primigenio, una macromolécula que albergase el software de la vida capaz de reproducirse. Hay evidencias que indican que el ARN surgió con anterioridad a las proteínas y al ADN, por lo que científicos como Walter Gilbert sostienen la tesis de que dicho replicador podría ser una molécula de ARN constituida a partir de una sopa de nucleótidos inertes. Un replicador que luego evolucionaría mediante selección natural. Sin embargo, su ensamblaje aleatorio es muy improbable (la probabilidad es inferior a la que tienes de ganar el premio gordo de Navidad cada año durante un milenio, en caso de que pudieras vivir un milenio), incluso la formación de un único ribonucleótido sería una proeza sin otra ayuda que el puro azar. Que yo sepa, no hay un solo experimento, tratando de reproducir las condiciones de la Tierra primitiva, que haya logrado la síntesis espontánea de nucleótidos, aunque es cierto que se han obtenido algunas bases nitrogenadas y que la mezcla de borato con compuestos orgánicos hallados en meteoritos, una vez calentada con descargas eléctricas, permite la síntesis de ribosa a partir del formaldehído. Sin embargo, autores como Robert Shapiro piensan que el origen de la vida se encuentra en una suerte de protometabolismo, para lo cual son precisas varias condiciones fundamentales. En primer lugar, una barrera física, a través de la cual exista un intercambio de energía que permita una inversión local del segundo principio de la Termodinámica. Es decir, que el interior del compartimento pueda organizarse progresivamente a la vez que incrementa la entropía de su entorno. Compartimentos y formas de energía pueden ser variadas, tal vez membranas, arcillas o aerosoles, en el primer caso y descargas eléctricas o radioactividad en el segundo. Además de estas dos condiciones, la energía debe ser capaz de desatar una cadena de reacciones en el interior del compartimento que sea susceptible de adaptación a circunstancias variables. Eventualmente, la pequeña red metabólica debe crecer y reproducirse. Basándose en simulaciones por ordenador, investigadores como Stuart Kauffman sostienen que la evolución de este tipo de redes podría ser mucho más probable de lo que pensamos. Así, tal y como ha destacado el profesor Shapiro, estamos ante dos paradigmas distintos que podrían tener consecuencias muy diferentes sobre nuestras expectativas del lugar de la vida en el universo.

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